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A Colombia le llegó la hora de encarar su último y más importante reto en la fase de grupos de la Copa América Femenina de Ecuador 2025. En el Estadio Banco Guayaquil, de Quito, la Tricolor se medirá a Brasil, el gigante de Suramérica.
Históricamente, la Canarinha ha sido un dolor de cabeza para el combinado nacional. Se han enfrentado 13 veces y en ninguna de ellas hubo victoria colombiana. El balance es de dos empates y once derrotas.
La primera vez que ambas selecciones se enfrentaron fue en el Campeonato Sudamericano Femenino de 1998. El marcador fue un aplastante 12-1 a favor de las brasileñas. Las distancias futbolísticas eran evidentes. Sin embargo, con el paso del tiempo, Colombia empezó a tomarse en serio el proceso de profesionalización del fútbol femenino y hoy es uno de los principales referentes de Suramérica.
Hace más de 20 años las jugadoras no tenían liga ni espacios adecuados para prepararse. Hoy, a pesar de que todavía hay falencias, el país tiene un campeonato profesional y una estructura que permite a muchas futbolistas vivir del deporte. Algunas incluso compiten en ligas de primer nivel, como la inglesa o la española, lo que ha elevado el nivel competitivo del equipo.
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— Selección Colombia (@FCFSeleccionCol) July 24, 2025
La brecha con Brasil se acortó. Aún no ha sido posible vencerlas, pero ya no hay goleadas ni partidos resueltos desde el vestuario. El primer empate llegó en la Copa América de 2014. El segundo ocurrió el año pasado, en un amistoso disputado en suelo brasileño.
Colombia ya sabe lo que es ganarle a selecciones de peso. En el Mundial Femenino de 2023 dio el golpe al vencer a Alemania, una potencia histórica. En esa misma edición, mientras la Tricolor avanzaba a los cuartos de final, la Canarinha se despidió sorpresivamente en fase de grupos. Los tiempos han cambiado.
Nunca antes ambas selecciones estuvieron tan parejas. Por eso es válido que la mentalidad ahora sea otra. Para Colombia, participar ya no se trata de “hacer un buen papel”, sino de pelear el título. En tres de las últimas cuatro ediciones, fue subcampeón y ya no se conforma con ver a otro levantar la copa.
“A Brasil no lo vemos como el coco, lo vemos como un rival más al que tenemos que vencer y vamos a estudiar la mejor manera para que cuando nos toque enfrentarlo poder hacer las cosas bien”, afirmó Catalina Usme, máxima goleadora de la selección. “Creemos en los procesos, en que hemos hecho las cosas bien, en que nos hemos preparado para ir por ese título”, agregó.
El primer objetivo de esta Copa América, llegar a semifinales, está prácticamente resuelto. Si bien la posibilidad de quedar eliminadas aún existe en términos matemáticos, tendría que darse una catástrofe: una derrota abultada ante Brasil y una goleada de Venezuela sobre Paraguay; un escenario improbable.
Colombia cuadró caja el pasado martes al golear 8-0 a Bolivia. Con ese resultado ratificó su crecimiento en el torneo, tras debutar con un empate sin goles ante Venezuela y una sólida victoria 4-1 sobre Paraguay.
La importancia de ganarle por primera vez a Brasil
Angelo Marsiglia, seleccionador nacional, se mostró tranquilo con el rendimiento de sus dirigidas. “Yo creo que hay un equipo claro, que hemos construido una columna vertebral y yo pienso que contra Brasil la vamos a mantener”, declaró el técnico.
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A la Canarinha se la respeta, pero ya no se le teme. Colombia no se deja llevar por la historia ni por los títulos del rival. Sabe que para ganar hay que competir con inteligencia y carácter, y que no hay espacio para la ingenuidad.
“Alcanzar un triunfo con Brasil creo que ya sería el detonante más grande para que Colombia fuera con mucho más ímpetu y mucha más confianza y convicción a futuras Copas del Mundo, futuros Juegos Olímpicos”, reflexionó Myriam Guerrero, exjugadora y pionera del fútbol femenino nacional, sobre la importancia simbólica de un posible triunfo esta noche.
Pero no solo a la Tricolor le conviene que se acorten las distancias. Para las brasileñas también es positivo que sus rivales en Sudamérica crezcan. Durante años, dominaron la región sin oposición real, ganando casi por inercia, pero esa falta de competencia interna le ha pasado factura en escenarios más exigentes.
En torneos como la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos, Brasil ha sufrido frente a selecciones como España, Estados Unidos e Inglaterra, que llegan con mejor ritmo y un calendario de mayor exigencia. El crecimiento de equipos como el de Colombia representa una oportunidad para que el fútbol femenino suramericano, en su conjunto, eleve el nivel competitivo.
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