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Son días de otro Ecuador. El país giró a su derecha por los problemas de seguridad y corrupción. En medio de las preguntas, las esperanzas de unos y las preocupaciones de otros, el fútbol volvía a Quito. Un atardecer con una escala de amarillos que no solo hacía alusión a los colores primarios de ambas selecciones, sino a un cielo que retó a los equipos a estar a la altura de su estética.
Césped corto. Demasiado corto, quizá. Un balón rápido por el terreno y la altura. La técnica era clave. Volver a lo básico del fútbol, a saber hacer un pase y a saber recibir. Si ambas cosas se hacían bien, era posible hilvanar una jugada y generar riesgos. De lo contrario, se podían provocar varios en contra. Y así le pasó a Colombia en un mal pase de Dávinson Sánchez a Mateus Uribe, que vio cómo le robó el balón Kevin Rodríguez y aunque tenía dos opciones para terminar la jugada, decidió rematar de media distancia. El palo dijo que no por segunda vez al 24′. Trece minutos atrás le negó el gol a los locales con un cobro de tiro libre de Moisés Caicedo, que entre las manos de Álvaro Montero y el travesaño se evitó la apertura del marcador.
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Jhon Arias, el del jogo bonito del Fluminense provocó la única jugada de riesgo de Colombia en la primera parte con un remate de media distancia que fue atajado por Moisés Ramírez, guardameta ecuatoriano. Chato y cerrado. El primer tiempo no tuvo más.
Las emociones (en vano) llegaron en la segunda parte. Colombia jugó mejor, pero volvió a tener el problema de siempre: la definición. Aay, dios, pero qué karma estamos pagando. Una. Pedimos una. No se nos da. Luis Díaz, que había aguantado el balón, había mostrado su jerarquía con estampa de Liverpool, supo asistir a Jhon Arias, que fue derribado en el área y obligó a Facundo Tello, el árbitro argentino, a pitar penalti. Y lo pidió el guajiro, que se ve ansioso por anotar. Hay quienes dicen que cobrar bien es sinónimo de que es gol. Digamos entonces que no pateó mal, pero el remate cruzado fue adivinado por Ramírez, que hizo que sus compañeros y su afición gritaran la atajada como un gol.
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Y a los pocos minutos, cuando parecía que la que pedíamos se daría, porque Carlos Cuesta anotó al 63′ tras un tiro de esquina, Tello anuló el gol tras una llamada del var por un fuera de lugar de Borré, que obstruyó al guardameta ecuatoriano y se encontraba adelantado al momento del remate del central colombiano, que era uno de los mejores en la cancha.
Ecuador no pudo. Colombia dejó las imprecisiones y pudo manejar el partido. No le costó la altura. Una más tuvo James Rodríguez sobre el final, que intentó de media distancia y volvió a aparecer Moisés, que parecía resurgir de las historias de la biblia. Fue la figura sin duda. Por él Colombia no se llevó los tres puntos. Y por la misma Colombia no se llevaron los tres puntos. Un empate que sirve, pero que también sabe amargo, pues nos pudimos llevar una victoria que no cualquiera consigue en Quito. Una que entre, una… No pedimos más.
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