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Luego de la travesía por Montevideo, Colombia prepara su fortín, Barranquilla, para recibir este martes a Ecuador en su último partido del año. El duelo corresponderá a la fecha 12 de las eliminatorias, una clasificación muy encaminada para las dos selecciones que ya tienen entre ceja y ceja el Mundial de 2026, en Norteamérica.
Históricamente la conexión entre ambos equipos es latente. Ecuador, sobre todo, tiene una profunda huella del fútbol colombiano, pues fueron nuestros entrenadores los que los pusieron en el panorama mundial. Luis Fernando Suárez, quien los dirigió en la Copa Mundo de 2006 —la segunda de su historia—, le explicó a El Espectador las raíces que Colombia echó en los cimientos del fútbol en el vecino país.
“Realmente la evolución del fútbol ecuatoriano no empieza con nosotros. Empieza con Dušan Draškovic en los 90. Él trajo toda una influencia desde Yugoslavia, muy enfocada en la preparación atlética y táctica, con la que empezó un nuevo Ecuador. Después, cuando ‘Pacho’ Maturana llegó en el 95, que por cierto yo estaba de asistente, él inteligentemente recogió todo lo que Draškovic había dejado de herencia. No logramos ir al Mundial, pero pulimos el talento que carecía de experiencia. Ahí llegó Hernán Darío Gómez y dio el toque que faltaba para revolucionar ese fútbol y llegar al primer Mundial, en 2002. Después llegué yo, cuando logramos la clasificación a 2006, y el último de los colombianos fue Reinaldo Rueda, que estuvo más en un período de renovación, pero que los llevó a Brasil 2014″.

No dista la historia ecuatoriana de la colombiana. La fundación de la identidad de la selección nacional, aparte de la influencia de Gabriel Ochoa Uribe o de Osvaldo Juan Zubeldía, entre otros, empezó en los 70 con la llegada a Colombia de los yugoslavos Todor Veselinovic, Vladimir Popovic y el “Pelé Blanco”, Dragoslav Šekularac. No lograron la clasificación a la Copa del Mundo, pero prepararon el terreno para que, décadas más tarde, “Pacho” Maturana y “el Bolillo” Gómez revolucionaran nuestro fútbol y nos pusieran en el mapa en los años 90, justo cuando en Ecuador empezaba a cocinarse su revolución.
La coincidencia es tremenda y revela un paralelismo entre dos procesos que se siguen encontrando. Hoy, aunque con notadas diferencias, el camino de los dos equipos a veces pareciera ser el mismo.
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Para entender el proyecto ecuatoriano sería imposible no mirar hacia su formación de juveniles y la fortaleza de clubes como Independiente del Valle o Liga Deportiva Universitaria de Quito, equipos preponderantes a nivel suramericano que exportan talento masivamente al exterior. “En mi época, los que jugaban afuera eran uno o dos. Ahora es al revés. Ecuador tiene un proceso muy serio y un gran trabajo en divisiones menores. Por eso, cuando uno analiza los procesos recientes, aunque haya mucha volatilidad en los cuerpos técnicos y hayan cambiado tanto de entrenador, siguen metidos en la pelea. Hay talento y un proyecto sólido. Hoy, si no tuvieran la sanción de tres puntos de la Conmebol, estarían peleando en puntos con Argentina y Colombia”, explica Suárez.
El talento en Colombia también brota de todas partes. Aunque la Liga colombiana no vive el buen momento de la ecuatoriana, los equipos nacionales no han parado de exportar figuras. La selección tiene hoy una de las mejores nóminas del continente y, sobre todo, muchos jugadores para el futuro. Encontró la renovación más tarde que Ecuador, pero el proceso está siendo mucho más fructífero.
Según Suárez, “en eso tiene mucho que ver Néstor Lorenzo. Si hay un responsable de toda esa situación que se está dando en la selección es él. La primera decisión inteligente fue por parte de la Federación, de llamarlo. Lo conocían, porque ya trabajaba con Pékerman, y lo defendieron cuando al principio acá, porque así somos, no creíamos. Hoy nos convenció a todos de que el trabajo que ha hecho está bien logrado. Ha conseguido unir al grupo y crear una sinergia especial. Eso es lo más difícil”.
No podríamos decir, actualmente, que Ecuador y Colombia son calcados. Los vecinos, incluso con la mano de Maturana y Bolillo, siempre se han caracterizado por un fútbol más físico y comprometido, no tan alegre como el colombiano. Son identidades similares, producto de una cocción similar, paralela, pero que agarraron por otros derroteros.
“Eso también es influencia de ‘Pacho’, que siempre entendió esa filosofía de que hay que jugar como se vive. Y somos distintos los ecuatorianos y los colombianos. Nosotros cumplimos un papel en Ecuador y contribuimos a la evolución de ese fútbol, pero no impusimos una identidad. Lo que se construyó se hizo respetando su idiosincrasia, eso fue lo que siempre defendió Maturana. Hoy no hablaría del mismo proceso”, explica el actual DT de Deportivo Pereira.
Ambos equipos ya se preparan para cerrar el año. El tiquete al Mundial está en el bolsillo. Ahora, más bien, ambas selecciones quieren consolidar el proceso que dará los frutos en años venideros. Colombia, vertiginosamente, se adelantó más en los últimos años de la mano de Lorenzo. Los ecuatorianos apenas empiezan un nuevo ciclo, con Sebastián Beccacece. Sin embargo, hay una cosa clara: ambas generaciones, con la misma raíz, trazan un futuro prometedor.
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