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Colombia cumplió en el Mundial. Esa debe ser la primera línea del balance, incluso si la eliminación por penaltis contra Suiza volvió a dejar esa sensación amarga de oportunidad perdida.
Sí, se podía llegar más lejos. Sí, había una ilusión real de meterse en cuartos de final y volver a igualar el techo histórico de Brasil 2014. Sí, otra vez la selección se quedó afuera desde los doce pasos y otra vez no logró superar a un rival de buen nivel en una instancia decisiva. Pero nada de eso convierte su Copa del Mundo en un fracaso. Colombia compitió, pasó de ronda como líder de grupo, mostró tramos de buen fútbol, fue sólida en defensa y tuvo rendimientos individuales muy altos.
El punto de partida también debe ser honesto: Colombia no es una potencia mundial. Es una selección competitiva, con una generación importante, pero que representa a un fútbol con problemas estructurales. Una liga poco competitiva, dificultades en la formación, escasa proyección internacional desde las inferiores y un ecosistema que no siempre produce futbolistas para sostenerse en la élite. Radamel Falcao García lo dijo con claridad tras el partido: hay que mirar más allá del resultado inmediato y entender de dónde venimos. Por eso el balance, sin caer en conformismos, es positivo. Colombia estuvo a la altura de lo que hoy es.
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Paso a paso, primero los rivales de Colombia en este mundial
El camino empezó con una victoria clara contra Uzbekistán, uno de los rivales más flojos de la competición. Era un partido que había que ganar y Colombia lo ganó bien. Después llegó RD Congo, un duelo mucho más incómodo, físico y cerrado, que se abrió gracias a un Daniel Muñoz inspirado en las dos primeras fechas. Ese Congo no fue un rival menor: le empató a Portugal en el debut y más adelante complicó a Inglaterra hasta casi dejarla fuera en dieciseisavos. Fue una de las sorpresas del Mundial, y Colombia supo resolver un partido que podía enredarse.
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Contra Portugal llegó una de las mejores señales del torneo. El 0-0 no tuvo goles, pero sí dejó una certeza: Colombia podía competir contra una selección de cartel. Incluso fue más en varios tramos y con ese empate aseguró el primer lugar del grupo. Es verdad que Portugal quedó en deuda en el Mundial, que nunca terminó de convencer, que pasó con polémica ante Croacia y luego cayó contra España. Pero seguía siendo Portugal, seguía teniendo jerarquía, nombres y peso competitivo. Colombia lo hizo sufrir.

Luego vino Ghana, un rival inferior en propuesta, pero difícil en su estructura defensiva. El gol temprano de Jhon Arias abrió el partido y permitió que la selección navegara con tranquilidad. Ghana ya había complicado a selecciones como Inglaterra y Croacia, sobre todo desde el orden y la resistencia, pero contra Colombia no tuvo cómo imponer su plan. Ese día el equipo mostró jerarquía: pegó pronto, administró el trámite y no sufrió.
Suiza y el límite de Colombia: la jerarquía
La eliminación llegó contra Suiza, en el partido que más duele porque Colombia hizo méritos para ganarlo. No se trata de vivir de merecimientos, porque el fútbol se define en las áreas y en los penaltis, pero la selección fue superior en buena parte del juego.
Tuvo más intención, compitió con carácter, sostuvo bien defensivamente y generó las situaciones suficientes para evitar la lotería. El problema fue el de siempre en esta Copa: faltó gol. Cuando el partido pedía una aparición decisiva de los diferenciales ofensivos, no apareció nadie.
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Ahí está la gran deuda del Mundial colombiano: la definición y la jerarquía en el último tercio. Colombia fue un equipo serio, trabajado, competitivo, pero le faltó ese salto de calidad arriba. Contra Suiza, el partido estaba para que Luis Díaz, Luis Suárez, Jhon Córdoba, Juanfer Quintero o Jáminton Campaz rompieran la historia. No pasó. Y en los penaltis volvió a aparecer una herida conocida: Colombia otra vez se quedó corta desde los doce pasos. No fue un accidente aislado, sino otro capítulo de una deuda emocional y competitiva que viene acompañando a esta generación.

También hay que valorar un detalle que no es menor: el trayecto de Colombia fue descomunal. La selección pasó por Ciudad de México, Guadalajara, Miami, Kansas City y Vancouver. Fue una de las selecciones que más se movió durante el torneo, con cambios de clima, viajes largos, adaptaciones y desgaste acumulado. No explica la eliminación, pero sí ayuda a dimensionar el esfuerzo de un equipo que sostuvo su nivel pese a un recorrido exigente.
La lupa sobre el DT: ¿Néstor Lorenzo cumplió?
Sobre Néstor Lorenzo, el balance también debe ser equilibrado. Despierta amores y odios, pero hay certezas imposibles de ignorar: le llegó al grupo, construyó un equipo competitivo y volvió a poner a Colombia en instancias importantes, como ya había pasado en la Copa América.
En el Mundial se esperaba más, sobre todo por el contexto y por la oportunidad del cruce, pero el equipo volvió a competir. Eso no es poca cosa.
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También es cierto que Lorenzo dejó dudas. Por momentos no encontró soluciones desde el banco, fue terco con algunos nombres, especialmente con James Rodríguez, y le costó probar variantes antes de que la urgencia lo obligara. Es un entrenador que se aferra mucho a ciertos futbolistas y eso le resta margen de maniobra.
Aun así, el colectivo funcionó. No fue la mejor versión de la era Lorenzo, pero sí una selección reconocible, intensa, solidaria y con vestigios de buen fútbol.
Kilo por kilo, individualmente, ¿cómo funcionó el equipo?
En la portería, Camilo Vargas respondió. Falló en el primer partido, pero después fue bastión. Si este fue el final de su ciclo mundialista, se va con una actuación seria, aunque Colombia necesita empezar a pensar en el recambio.
En defensa, la calificación es altísima: 10/10. La zaga fue de lo mejor del equipo y una de las más sólidas del Mundial. Dávinson Sánchez merece una mención especial por liderazgo, regularidad y nivel en los cinco partidos. Fue uno de los mejores centrales del torneo. Que haya fallado su penalti solo recuerda lo injusto que puede ser el fútbol.
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Daniel Muñoz también fue figura, sobre todo en el arranque del torneo. Aportó energía, profundidad y personalidad. En el medio, el gran nombre fue Gustavo Puerta, una de las joyas del Mundial colombiano. Sacó bien la pelota, leyó los espacios, basculó con inteligencia y se proyectó ofensivamente. Su sociedad con Jefferson Lerma ilusiona: ahí hay presente y futuro.
James Rodríguez quedó en deuda. No fue el Mundial que Colombia necesitaba de él. Tuvo destellos, pero no continuidad ni influencia sostenida. Por sus pocos minutos antes del torneo, se sabía que no llegaba en plenitud. Juan Fernando Quintero, en cambio, respondió cada vez que entró y fue clave desde el banco. Los dos, eso sí, parecen haber cerrado un ciclo. Richard Ríos perdió el puesto, pero fue buen revulsivo cuando tuvo minutos.
Arriba estuvo el problema. Jhon Arias fue una de las figuras del equipo, pero sobre él recayeron demasiadas responsabilidades: asociarse con el medio, generar peligro, aparecer en el área y sostener la ofensiva. Fue protagonista. Fue, en buena parte, lo que se esperaba de Luis Díaz y nunca llegó. Si Díaz hubiera tenido un Mundial a la altura de su condición de diferencial, Colombia probablemente habría avanzado. No apareció en los cinco partidos, salvo el debut, que a la luz del cierre terminó siendo insuficiente.
Luis Suárez también quedó debiendo. Llegaba con cartel de goleador, con una temporada fuerte en Europa, pero tuvo la pólvora mojada. Se le rescata la jugada del gol contra Ghana y algunos buenos minutos, pero perdió la titularidad con Jhon Córdoba, que mostró cosas interesantes sin terminar de consolidarse como el nueve que Colombia necesita. La lesión de Córdoba volvió a abrirle espacio a Suárez, pero la pregunta sigue viva: Colombia continúa buscando un delantero centro a la altura de sus ambiciones.
Cucho Hernández y Jáminton Campaz tuvieron momentos, aunque faltó más rodaje para juzgarlos con justicia. Campaz, además, falló una ocasión clarísima contra Suiza. Ahí también queda una crítica para Lorenzo: faltó probar más, abrir más el abanico, confiar antes en variantes que podían ofrecer soluciones distintas.
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En definitiva… Colombia, con la cabeza en alto
El balance final es claro: Colombia no fracasó. Cumplió. Compitió. Fue líder de grupo. Defendió muy bien. Encontró nombres para el futuro. Pero también confirmó su límite: le falta gol, le falta jerarquía en las noches grandes y le falta romper esa barrera mental que aparece cuando el partido se define en detalles.
La Copa dejó orgullo, pero también tarea. Colombia estuvo cerca. Otra vez cerca. Y el siguiente paso, el más difícil, sigue pendiente.

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