Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Mientras muchos intentan protegerse hasta con el monitor que tienen al frente, él desafía los grados bajo cero de pie mientras su mirada se dirige al infinito y la mano izquierda sostiene con firmeza el micrófono, compañero inseparable durante casi medio siglo de ejercicio profesional.
Vitalidad pura es la que irradia, digna de admirar, como también el rigor y el prestigio que identifican cada uno de sus comentarios, los cuales dejaron de ser hace tiempo argentinos o, en su defecto, suramericanos, para tener literalmente, alcance Mundial.
Y como no, si ningún periodista en actividad ha cubierto tantas copas del mundo. La de Sudáfrica es la decimocuarta para este argentino y, casualmente, lo hace para la radio, como cuando fue el enviado especial de la de Belgrano de Buenos Aires para Suecia 58.
Para ese entonces lejos estaba de imaginarse que necesitaría de muchos pasaportes, ya que apenas “estaba soñando con el milagro de haberse producido mi primera presencia, no podía creer que estuviese allí, así que cómo iba a pensar siquiera en otra o en 12 mundiales más”.
Confiesa haber tenido, aparte de muchos nervios en aquel debut orbital, “una lección porque los argentinos nos creíamos los mejores del mundo no sólo en el fútbol sino en muchas cosas más y en ese campeonato la selección se fue en primera ronda y goleada 6-1 por Checoslovaquia”, todo un golpe que “resultó difícil de concebir por la forma catastrófica como se dio esa eliminación, la cual nos enseñó que no éramos el ombligo ni el centro del universo, sino que estábamos alejados del mundo, sin conocer lo que pasaba en otros lugares”.
Con el tiempo, aparte de construir un prestigio y acrecentar credibilidad, ha ido haciendo su propio ranking mundialista, el cual tiene dos variables: “En mi condición de argentino, me quedo con el del 86, el campeonato que ganó Argentina, y desde el punto de vista periodístico tengo dos: el del 70 por lo que hizo Brasil y el de cuatro años después con la aparición de Holanda, que fue algo extraordinario”.
Tampoco quisiera olvidar o prefiriera pasar por alto alguno, aunque de pronto no extrañará en absoluto “la organización de éste, sobre todo por lo que se ha progresado en ese aspecto en campeonatos del mundo”, pero definitivamente para el analista de Fox Sports Radio del Plata, todos serán inolvidables siempre y cuando le vaya “bien con el trabajo, más allá de los resultados del equipo que indirectamente pueda representarle a uno afinidad por ser de tus connacionales”.
La experiencia le indica además a sus 75 años de edad que resulta difícil desprenderse del sentimiento, muchas veces “ligado a los intereses profesionales e incluso económicos porque si se cotiza una selección, el periodismo de ese país también eleva su valor”.
Él está por encima de eso con tanto Mundial encima y que lo deja ahí no más de brasileños y alemanes, los de mayor presencia, pero lo que sí nunca se le pasó por la mente fue transmitir “uno acá en Sudáfrica, no lo creía posible porque ya había estado acá con una selección de Daniel Passarella, incluso luego de paseo y la verdad jamás vi posible presenciar una Copa aquí, aunque con el poder económico que maneja la Fifa, perfectamente puede darse una en la Luna o donde se le ocurra”.
Ésta de 2010 la siente distinta “por la sede en sí, porque está más cerca de la mediocridad que de los buenos espectáculos, no hay muchas figuras ni grandes individualidades de peso y por la misma pelota que pica y sale para cualquier parte”.
Indescifrable como el destino mismo del torneo, pero luego de ver consagrar a la albiceleste en el 78 y también ocho años después, le ve posibilidades de tricampeonato sin necesidad de entrar en comparaciones, aunque “tendrá que mejorar en defensa y dejar al lado algunas distracciones, de pronto se va de los partidos el equipo, pero por lo que se ha visto hasta el momento, no se necesita tanto para salir campeón, así que en consecuencia, por qué no…”.
Además coincide en que las ilusiones argentinas aumentan al tener a Lionel Messi, a quien considera “un gran jugador, uno de los mejores del torneo y Maradona le ha procurado un hábitat en el que no le da toda la responsabilidad para que se sienta más libre, pero que aún presenta desniveles en su rendimiento y le falta continuidad en su juego”.
Por esa razón considera imposible “hacer un paralelo entre él y Diego. Deberá seguir creciendo para ver si más adelante puede existir algún cuadro comparativo, pero con este nivel no le alcanza”.
A él, en cambio, espera que la cuerda le dé para llegar a Brasil 2014 porque la palabra “retiro” es de las pocas que su amplio léxico ignora y por eso advierte sin titubeos: “Yo no paro, me tienen que parar”.
Ni se sonroja al decirlo, como tampoco le avergüenza que muchos lo vean como el abuelo del periodismo; de hecho, en su vida misma lo es y hace tres meses subió a cinco el número de nietos.
El mayor de ellos ya cumplió 20 años y en lugar de los micrófonos o las cámaras eligió a las leyes, y Macaya fue el primero en apoyar que “se dedicara al derecho para que me saque de esto porque estoy preso hace muchos años del periodismo”.