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Los aztecas, que a pocos minutos del final le ganaban 2-1 a la Unión Soviéta, terminaron perdiendo por penaltis: 8-9. Era un buen comienzo. Tanto que, en sus siguientes 11 mundiales disputados, los mexicanos no podrían igualar esa primera participación.
Potencia de la Concacaf, el equipo dirigido por Juan Chávez llegó a la cita de Colombia tras ganar el último campeonato juvenil de la región, torneo que le era esquivo desde hacía 19 años. El saldo fue contundente: todos los partidos ganados, 18 goles anotados, dos recibidos. Y haber destronado al campeón defensor, Costa Rica, con un 3-1 en la final.
En el Mundial que se juega en nuestro país, los mexicanos sobrevivieron al complejo Grupo F, que integraban Argentina, Inglaterra y Corea del Norte. En el debut, la derrota por la mínima diferencia ante los albicelestes, fue posible ver un equipo compacto y aguerrido. A los mexicanos hay que ganarles, se podría decir: ganarles hasta el último minuto, hasta el último aliento. Después del primer tropiezo, la clasificación a octavos llegaría con una victoria ante los asiáticos y un empate frente a los ingleses.
Los manitos demostrarían de qué están hechos en octavos, cuando se cruzaron con un portentoso equipo de Camerún. Las opciones, que se produjeron de lado y lado, se concretaron poco. Chávez decidió alinear un equipo claramente ofensivo, con Alan Pulido, Ulises Dávila y Taufic Guarch como puntas. Cuando los africanos se fueron arriba, sus dirigidos supieron empatar el encuentro con el gol del volante Carlos Orrantía, otro de los jugadores a tener en cuenta.
Ese equipo llega a Bogotá a jugar de tú a tú. “Serán 40.000 personas en el estadio, pero ellos no se meten a la cancha”, dijo Chávez. El propio Orrantía entiende que, para poder aspirar a las semifinales, hay que afinar la puntería. “Vamos a buscar los espacios y dar un poco más de contundencia en el ataque para no tener que sufrir tanto por el marcador”, afirmó. “Buscaremos hacerles daño por las bandas o por el centro, la idea es anotar y avanzar”. “Nosotros tenemos la ventaja de haber mantenido posesión del balón en los anteriores partidos”, completó el defensor César Ibáñez.
Ya hay un precedente, claro: las semifinales del último Esperanzas de Toulon, cuando Colombia se llevó la victoria 2-1 y quedó campeón. En ese sentido, ganar podría ser una buena premonición para los locales. Pero México —este México— es otra historia. Una más difícil, tal vez.