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Roberto Vélez Vallejo llegó a la gerencia de la Federación Nacional de Cafeteros en agosto pasado, luego de un proceso de selección que ocurrió tras la renuncia en mayo de Luis Genaro Muñoz. El anterior líder había despertado la oposición de los cinco comités responsables del 50% de la producción del grano nacional.
La elección de Vélez, quien se desempeñaba como embajador en Japón hasta su designación, fue catalogada por el gremio y el Gobierno como histórica por la unanimidad que despertó. Vélez llega en una coyuntura de contrastes: una producción récord de 13,3 millones de sacos, previa a un fenómeno de El Niño que se perfila como devastador de cerca del 30% de la cosecha.
En diálogo con este diario, habló de los temas que más han despertado la atención de los caficultores y la opinión pública, como la adopción o no de las recomendaciones del grupo de expertos que llevó a cabo la Misión Cafetera, cuyas recomendaciones, en su mayoría, no gustaron al gremio.
¿Por qué tareas empezó?
He estado acomodando el nuevo equipo de trabajo, hacia dónde queremos ir, para devolver la capacidad a la caficultura de ser un negocio, porque durante los últimos 10 o 15 años cultivar café se volvió una actividad que no es rentable. Entonces las comunidades cafeteras se han vuelto muy vulnerables a que, por ejemplo, se caiga el precio, el dólar, y que se suban los insumos.
Para eso, una de las cosas más esperadas puede ser el nuevo contrato cafetero.
Es el contrato de administración del Fondo Nacional del Café, que es una cuenta parafiscal, que está dentro de las cuentas del Gobierno, aunque son los cafeteros los que pagan los 6 centavos. El manejo de ese fondo, el funcionamiento para las aprobaciones, entre otros, es lo que está en el nuevo contrato. El que se había fijado por 10 años debe vencer en julio de 2016 y tenemos que configurar uno nuevo, dándole los rasgos del nuevo entorno, necesidades y relaciones Gobierno-federación.
¿Qué harán con esos recursos, cuáles son sus prioridades?
Las prioridades están en los servicios que presta el fondo, primero que todo, la garantía de compra. Luego están los servicios de extensión, investigación, publicidad y promoción. Todo tiene que estar visto y estudiado dentro del nuevo contrato de administración.
¿Y dentro de eso, cómo va la discusión para crear un fondo de estabilización de precios?
Hay varios conceptos y hemos estado contrastando las ideas que tienen los cafeteros. Se habla de un fondo de sustentación, que pongamos un precio y que de ahí no nos movamos. En la Misión Cafetera, Roberto Steiner hizo un trabajo muy interesante, y hay muchos otros sobre fondos de sustentación que llegan a conclusiones gordas, por ejemplo que si hay sustentación, se requieren recursos de largo plazo, y el tiempo, la teoría y la práctica han enseñado que son muy ineficientes justamente porque necesitan muchos recursos. Más que un fondo de estabilización hemos estado mirando un fondo que suavice la caída de los precios. Llevaremos las propuestas al congreso cafetero.
¿Y de dónde saldrán los recursos?
Es una buena pregunta. Hemos estado hablando con el ministro de Hacienda, con los cafeteros, de qué modelo estamos hablando y de qué monto serían los recursos.
¿De la Misión Cafetera, qué puntos ha podido empezar a analizar y están listos para ponerlos sobre la mesa?
Me ha parecido que hay recomendaciones interesantes, por ejemplo en lo que tiene que ver con la liberación de normativa de exportación de café, cambiarla para que pequeñas cantidades de café puedan ser exportadas vía DHL o courrier. La garantía de compra es inamovible porque es el mayor servicio que le presta la federación a los caficultores.
¿Le suena cambiar los estatutos?
Los estatutos son como la Constitución, es la manera como decidimos que nos queremos gobernar; hay comités departamentales que quieren cambio de estatutos. Lo que yo digo es que tenemos un nuevo entorno muy interesante, una nueva administración, recomendaciones de la Misión, Misión Rural, el censo agropecuario del DANE, que también lo tenemos que considerar, tenemos la nueva visión puesta sobre el contrato de administración del fondo. Eso puede cambiar nuestro entorno y, cuando lo tengamos asimilado, podríamos aprovechar para hacer unos cambios en los estatutos.
¿Y qué es lo que quieren cambiar, por qué se inclinan los comités?
Hay muchas ideas, pero eso tiene que ser un trabajo consensuado. Les hemos dicho a los comités que comiencen a estudiar y vayan enviando sus recomendaciones.
Las cifras de producción fueron muy buenas para el año cafetero. ¿En qué medida el fenómeno de El Niño puede dañar esa buena tendencia?
Hubo una recuperación de la producción que es un triunfo no sólo de la institución, sino de los cafeteros y el Gobierno, esas cifras no son otra cosa que el resultado del trabajo juicioso de renovación de 600.000 hectáreas en cinco años. El fenómeno climático ha venido afectando las cosechas y los costos de producción han venido subiendo porque la cosecha viene con mayor cantidad de pasilla. Sin embargo, no me preocupa. Hubo un daño, pero los números hablan por sí solos, ya hay un ingreso en el bolsillo cafetero. Es preocupante lo que viene, porque se dice que el fenómeno tendrá su pico fuerte entre enero y febrero, lo que puede hacer que la cosecha del próximo año esté en calzas prietas y se vuelva muy complejo en términos de volúmenes. A la madre naturaleza no la podemos predecir y hemos venido haciendo un llamado al Gobierno en lo que respecta a una situación que se nos puede volver muy complicada.
¿Y qué están haciendo para mitigar?
Hay poco que hacer. Lo único es recomendar estar pendientes de posibilidades de abono cuando caigan unas pocas gotas de agua y ser capaces de ayudarle a la planta, pero es muy complicado.
¿Qué pasó con el malestar que hubo hace unos meses con las dignidades cafeteras que salieron a protestar en Tunja, Armenia y otras ciudades?
He hablado con varios grupos de cafeteros que se encasillan en eso que denominan dignidades, pero yo no distingo entre cafeteros dignos y no dignos, para mí son simplemente cafeteros. Lo que fue un disparador de ese malestar tuvo que ver con el valor, precios de $400.000 la carga, el negocio cafetero en un nivel de pobreza y ni siquiera de subsistencia. Eso combinado con que a la federación, al gremio, le faltó un poco de oídos para entender ese fenómeno y poder dar respuesta e insistir ante las autoridades en que estábamos en una posición muy vulnerable. Hoy los precios de $750.000, con un gerente que ha estado llevando a la institucionalidad a escuchar a la base cafetera, ponen de alguna manera el bálsamo sobre esas heridas. Buena parte de estas personas que tienen inconformidad se hicieron elegir en los comités departamentales, entonces son parte de la institución, poco a poco nos hemos vuelto a juntar. Esa desunión, quiebre interno, era uno de los mayores problemas.
Este año ha habido mucha incertidumbre sobre la producción de Brasil, unos dicen que bajará, otros, que subirá. ¿Qué garantías hay para los cafeteros si el precio se cae y que no vuelvan las discrepancias por el PIC?
No puedo responder por los precios internacionales, eso reacciona a oferta y demanda. Es claro en esta coyuntura que la tasa de cambio se ha mantenido en niveles para que la actividad cafetera, que es netamente exportadora, tenga una mejor rentabilidad que cuando teníamos tipo de cambio de $1.800. Más que al mercado mismo hay que hacerle seguimiento a la tasa de cambio; uno le oye al ministro de Hacienda que el dólar, aunque ha venido bajando, ha encontrado un nivel de confort en los $3.000, lo que hace que, mientras tengamos una tasa por esos lados, el ingreso se mantenga a niveles de 700 o $750.000, que aunque no nos hace ricos, tampoco nos da una razón para protestar.
¿Qué tan viable realmente es lo que hemos escuchado sobre que Juan Valdez saldrá a la bolsa en 2018?
Esa es una aspiración y la forma como se ha movido el negocio nos hace pensar que algún día, más temprano que tarde, podamos llegar a lanzar nuestro negocio a la bolsa y que sean los inversionistas los que juzguen la conveniencia de comprar acciones de Juan Valdez.