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En este caso el entrevistado fue quien hizo la primera pregunta: ¿podemos hablar afuera porque quiero fumarme un cigarrillo? La inquietud la formuló Lord Garel Jones, un inglés descomplicado, amante de los toros, que tiene una finca en España, donde pasa parte de su tiempo.
Fue político conservador en su país, formó parte del Parlamento y ocupó un cargo en el gabinete de Margaret Thatcher, como ministro de Exteriores. Y fue uno de los creadores de lo que hoy conocemos como la Unión Europea (UE).
Dejó la política y en la actualidad trabaja en el banco suizo USB como vicepresidente para América Latina, una región del mundo que le produce admiración y sobre la cual tiene un sueño.
Usted es un conocedor de América Latina y tiene inquietudes sobre la integración de los países de la región.
Como Martin Luther King, tengo un sueño. La ventaja que él tenía era que se refería a su propio país. En mi caso, soy un europeo. Mi planteamiento tiene como punto de partida hacer una distinción entre patriotismo y patrioterismo alrededor de la unión. Se nos olvida que la Nación Estado, tal como la conocemos hoy, hace 500 años apenas existía. Intelectuales como Erasmo viajaban sin pasaporte, hablaban un solo idioma, el latín, y tenían una misma religión, la católica.
Las naciones Estado comenzaron a emerger con la unificación de España e Inglaterra, y luego, en el siglo XIX, con la de Alemania e Italia. Que conste que no soy enemigo de la Nación, que tiene virtudes, generan pertenencia, cohesión social y patriotismo.
Entonces, ¿qué es lo malo?
Evitar que el patriotismo se convierta en patrioterismo, que en el caso de Europa desembocó en dos guerras mundiales por una concurrencia machista entre naciones. Y la Unión Europea se creó un poco para huir de eso. Se unieron seis países decididos a compartir su soberanía, sin perder su nacionalidad. Ha sido un camino difícil, pero ha funcionado.
¿Ve usted esa posibilidad en América Latina?
Hay que considerar algunos aspectos: juntos, su Producto Interno Bruto es mayor que el de India y similar al de China. Pero aun con el protagonismo de países como Brasil la región no tiene el peso que debería tener. Incluso, veo desde afuera luchas internas que parecen ridículas y frívolas, comparadas con el peso que podría tener una América Latina unida.
¿Cuáles pueden ser las consecuencias de esta falta de unidad?
En negociaciones como las que adelantaron con la UE, que negoció con Mercosur y está terminando de hacerlo con lo que queda de la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Pero desde el lado de Europa, acabamos diciendo “ustedes pónganse de acuerdo y luego hablamos”. Una América Latina unida, en el sentido amplio de la palabra, en las discusiones económicas sería muy importante. Además, hay un tema de contrapesos, no es conveniente que haya hegemonías y creo que América Latina unida podría ser uno de esos contrapesos.
En este momento América Latina está muy polarizada.
Es cierto, aunque los esfuerzos de unión son permanentes. El propio Hugo Chávez conformó el Alba (Alianza Bolivariana para las Américas). La idea no es mala, lo que ocurre es que no se puede unir a un continente con una ideología política. Y si entiendo bien, es fundamentalmente socialista. El tipo de unión latinoamericana del que hablo tiene que incluir a liberales de derecha, socialistas de izquierda y centristas. En Europa hay gobiernos socialistas, de derecha, de centro. América Latina no se va a unir bajo una bandera política específica.
Entonces, ¿cuáles serían los puntos de unión?
Primero, el interés de la región para tener protagonismo en el mundo, que me duele, hoy no lo tiene. Los países y sus gobernantes deben estar dispuestos a sacrificar parte de la soberanía y compartirla con otros. Mi país, Inglaterra, fue el farolillo en la UE, creer que lo nuestro es mejor que lo de los demás, eso es a lo que llamo patrioterismo. Hay que ponerse de acuerdo en temas vitales, como el libre comercio y el cambio climático.
Debería haber un equilibrio, que es difícil de lograr.
En la UE se está buscando, en cierto sentido es un experimento constitucional sin precedentes. Hoy la UE está constituida por 27 naciones, algunas “muy orgullosas”, que comparten su soberanía con otros. En el fondo el acuerdo es de libre movimiento de bienes, personas, capital y servicios. Se regula a través de tribunales, que pueden decidir en favor de una nación chica contra los intereses de una grande.
Y Colombia, ¿qué papel desempeñaría en una eventual unión latinoamericana?
Es la democracia más arraigada en este continente, es un país que nunca ha dejado de honrar sus compromisos y tiene una institucionalidad fuerte. Debe aportar eso. Desde luego, hay que contar con Brasil y México, las economías más grandes, pero que deben tomar conciencia de que hacia el futuro no pueden andar solos por el mundo.
Pero hay grandes diferencias entre los países, no se puede comparar a Brasil con El Salvador, por ejemplo.
En Europa ocurría lo mismo, Luxemburgo no se puede comparar con Alemania. Si pudiera aportar mi experiencia diría que las instituciones deben estar en un país pequeño. En la UE están en Bélgica, que es un país pequeño, no están en Alemania, en Francia ni en España. Que estén las instituciones en un país pequeño libera presiones de dominación. Deben establecer cuál es el peso de los votos de cada uno en determinadas decisiones, dónde hace falta mayoría absoluta, dónde unanimidad.
La unión se hará realidad el día en que influyentes latinoamericanos decidan que ya está bien de disputas de fronteras, de orgullos y nacionalismos exacerbados y tomen conciencia de que los más pequeños necesitan a los grandes para tener un beneficio común.
Hay organismos regionales que funcionan bien, como el Banco Interamericano de Desarrollo o la Corporación Andina de Fomento, ¿qué se puede tomar de esas experiencias?
Esos organismos han tenido liderazgo. Lo que me frustra es que un continente cuya madurez política, cultural, económica y cultural es de primer mundo no tenga la importancia que debería tener. Es poca la importancia que se le da a América Latina en Europa, con excepción de España, hay que reconocerlo. Mire cuál fue el despliegue que le dio la prensa francesa, inglesa o danesa a la Cumbre Iberoamericana que se realizó en Portugal. Ahora, los latinoamericanos deben también mostrarse importantes frente al mundo, darse ustedes la importancia que se merecen.
¿A los otros bloques de mundo: Asia, Europa y Estados Unidos les interesa darle esa importancia a A. L. en el juego de pesos y contrapesos?
Con esta crisis financiera el mundo se está moviendo en una dirección que deja atrás el dominio de un país o bloque. Está quedando claro que hay que compartir y colaborar, un poco producto de la globalización y en ese escenario A. L. debe tener mayor protagonismo.
Pero en la historia de la humanidad siempre se ha necesitado un líder…
Habrá grupos de líderes, pero lo fundamental es que el patriotismo no se convierta en patrioterismo, que en Europa no lo hemos resuelto. Como unirnos sin perder la sensación de pertenencia, aunque en Europa ha habido avances. América Latina no puede ser mero espectador de lo que pasa en el mundo, debe contribuir de manera más activa en la economía y la cultura, y a construir sociedad en el mundo.
En el campo comercial, ¿qué se podría hacer?
Si un grupo de cinco países latinoamericanos fueran capaces de hacer un tratado que garantice libre movilidad, de personas, bienes, servicios y capital sería un comienzo. La Unión Europea empezó con seis. Para la UE sería más atractivo un mercado de cientos de millones de personas que uno de 45 millones. Debe haber un interés económico para comenzar y luego incorporar el interés cultural, que es el más complejo de definir.