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Cuando los organismos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hablan de hambre se refieren a “subalimentación”: una carencia crónica de calorías, o mejor, la incapacidad sostenida de comer lo mínimo necesario. ¿A cuántas personas en el mundo golpea el hambre actualmente?
Los hallazgos que publicó este martes la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), junto a otras cuatro agencias de la ONU, permiten dimensionar el panorama del hambre y la seguridad alimentaria en el mundo bajo dos datos principales.
El primero: 645 millones de personas padecieron hambre en 2025. Un dato que impresiona por sí solo, especialmente, teniendo en cuenta que, en 2015, cuando la comunidad internacional se comprometió a erradicar el hambre para 2030, había unos 600 millones de personas en esa condición. Hoy, a cuatro años de que se cumpla ese plazo, hay 45 millones de personas más en esta condición.
Y el segundo: fue el tercer año consecutivo en que el hambre en el mundo disminuyó. En 2024, 659 millones pasaban hambre. El mundo todavía está reponiéndose del pico que dejó el 2022, el peor momento de la crisis poscovid, con 688 millones de personas.
En términos porcentuales, el 7,8 % de la humanidad padeció subalimentación el año pasado, frente al 8,1 % de 2024.
“Detrás de cada cifra de este informe hay una familia que tiene que hacer cuentas para pagar la comida”, advirtió Carl Skau, director ejecutivo interino del Programa Mundial de Alimentos. “Los conflictos y las perturbaciones climáticas obligan a esas familias a vivir cada vez más lejos de sus posibilidades”, agregó.
El panorama del hambre en el mundo
El informe SOFI 2026, elaborado por cinco agencias de Naciones Unidas, incluidas la FAO, la OMS y el Programa Mundial de Alimentos, reconoce que los avances de cara al hambre “siguen siendo frágiles” y están “distribuidos de manera desigual”. Esa desigualdad, precisamente, es uno de los hallazgos más contundentes que presenta el documento.
Y es que, de los 520 millones que la ONU proyecta para 2030, más de la mitad estarán en África.
El continente africano alberga hoy 309 millones de personas con hambre, más que Asia, que tiene 292 millones personas en esta condición pese a ser la región más poblada del planeta. Hace un cuarto de siglo, la situación era la inversa.
“El centro de gravedad del hambre se ha desplazado de Asia a África”, explicó a la AFP David Laborde, director de la División de Economía Agroalimentaria de la FAO.
En su momento, China tenía un problema grave de hambre y lo resolvió; India, por su parte, avanza en esa dirección. África, en cambio, enfrenta un crecimiento demográfico acelerado que complica la ecuación: aunque la proporción de su población con hambre bajó levemente, del 20,3 % al 20 % entre 2024 y 2025, el número absoluto sigue siendo el más alto del mundo.
Los conflictos en Sudán, el Sahel y la República Democrática del Congo agravan el panorama, según Laborde, al dejar a poblaciones enteras sin acceso a sus tierras o sin ingresos.
¿Cuánto cuesta comer bien?
Por otro lado, el informe mide también la inseguridad alimentaria en un sentido más amplio: personas que pueden tener suficientes calorías, pero cuyas comidas son irregulares o de baja calidad.
Bajo esa definición, el 25,8 % de la población mundial, cerca de 2.100 millones de personas, vivió en condiciones de inseguridad alimentaria moderada o grave en 2025. Mejoró frente al 27,1 % de 2024, pero sigue por encima de los niveles prepandemia.
En África, esa cifra trepa al 56,6 % de la población; mientras que en Asia es del 20,3 %; llegó al 22,9 % en Latinoamérica y al 8,7 % en Norteamérica y Europa.
Y hay una tercera dimensión que el informe analiza en detalle: cuánto cuesta acceder a una dieta saludable.
En 2025, el gasto mínimo para acceder a una dieta saludable fue de USD 4,28 por persona al día (medidos en paridad de poder adquisitivo, una unidad que ajusta los precios según lo que ese dinero realmente compra en cada país). En 2021 la cifra era de USD 3,44 y de USD 2,94 en 2017.
Así las cosas, el costo de una dieta saludable tuvo un aumento del 25 % en los últimos cinco años. Como resultado, 2.690 millones de personas no pueden costearse una alimentación saludable.
Las cadenas de suministro tienen mucho que ver en ello. Según el informe, entre el 70 % y el 75 % de lo que paga un consumidor no corresponde a la producción agrícola sino a otros componentes de la cadena, como la transformación, la logística, el transporte, la distribución mayorista, entre otros.
El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló que “las dietas saludables siguen siendo inasequibles para una de cada tres personas del planeta. La obesidad sigue aumentando y los progresos en materia de nutrición materna e infantil se están estancando”.
El panorama en Latinoamérica
La mejoría en inseguridad alimentaria en Latinoamérica y el Caribe ha sido sostenida desde 2020, señala el reporte. La comparación con este año es importante porque fue un periodo que marcó el peor punto en alimentación a nivel global por cuenta de la crisis social y económica que introdujo el covid-19.
Entre 2020 y 2025, más de siete millones de personas salieron de la desnutrición en Latinoamérica y el Caribe. La reducción es más aguda cuando se toma en cuenta sólo la primera región, con una baja de casi nueve millones de personas.
En cuanto al costo de comer bien, la región registró el más alto del mundo: USD 4,91 por persona al día, frente a USD 4,35 en África y USD 4,33 en Asia.
Sin embargo, ese mayor costo no se traduce necesariamente en peor acceso: en África, el 66,6 % de la población no puede costear una dieta saludable, frente al 22,9 % de Latinoamérica y el Caribe. El dato llama la atención si se tiene en cuenta que la región es una de las más ricas en producción agropecuaria del mundo.
El grupo de alimentos que más contribuyó al incremento en el costo de la canasta en Latinoamérica y el Caribe fueron los vegetales, mientras que en África fueron las proteínas animales.
Al respecto, una de las recomendaciones clave de la FAO es que la inversión en agricultura, precisamente en vegetales, frutas y legumbres, produce los mejores resultados a largo plazo en la reducción de la inseguridad alimentaria. “La traducción hacia costos más bajos de los alimentos requiere sistemas en entrega de semillas, manejo de agua y tenencia de la tierra”, dice el informe.
La meta “hambre cero” se ve lejana
De cara al futuro, las proyecciones frente al hambre no son alentadoras. Entre 510 y 520 millones de personas seguirán subalimentadas en 2030, según el informe SOFI 2026.
Para dimensionar lo que eso significa: antes de que estallara el conflicto en Oriente Medio (que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán), la ONU calculaba que ese número rondaría los 503 millones.
Por lo pronto, dicha guerra ya sumó entre 7 y 17 millones de personas más al pronóstico, por cuenta del encarecimiento de los fertilizantes y la energía, que encarece a su vez la producción de alimentos en países que no tienen nada que ver con el conflicto.
“La guerra en el Golfo no es culpa de Malaui. Si este país tiene que buscar un préstamo para pagar sus fertilizantes, es justo que la comunidad internacional intente absorber el impacto”, dijo David Laborde.
Lo dicho por el funcionario de la FAO resume algo que el informe trata de decir entre líneas: las crisis del hambre rara vez les ocurren a quienes las provocan.
A lo anterior se suman los impactos del fenómeno de El Niño. La FAO y el Programa Mundial de Alimentos lanzaron a mediados de junio un llamado de ayuda preventiva para proteger a casi nueve millones de personas frente al fenómeno climático previsto para 2026 y 2027. Las proyecciones del SOFI 2026 no incorporan todavía ese factor, lo que significa que el escenario real podría ser peor que el que muestran los números actuales.
En la misma línea, el documento advierte que reducir el costo de los alimentos no será suficiente por sí solo para mejorar la nutrición. Hacen falta políticas específicas que amplíen la oferta de alimentos nutritivos y reduzcan los costos estructurales en toda la cadena, desde la producción hasta el punto de venta.
Para Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF, “este informe nos recuerda de forma contundente que los sistemas alimentarios fallan a millones de niños y familias. La alimentación, la salud, la educación y la protección social deben ir de la mano para proteger a los niños y mujeres más vulnerables frente a las crisis mundiales”.
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