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Luego de años de aumentar el crédito, los bancos de Brasil ahora sucumben al creciente malestar del país.
El banco central dijo el mes pasado que el crédito creció a un ritmo anual de apenas 9,6 por ciento en agosto, muy por debajo del promedio de 16,1 por ciento de los últimos cinco años.
La recesión brasileña más profunda en dos décadas lleva el desempleo al nivel más alto en cinco años en un país cada vez más desgarrado por la discordia política. Eso lleva a consumidores y empresas a rehuir nuevo endeudamiento y a los bancos a mostrarse renuentes a extender préstamos a tomadores de crédito que puedan no tener la capacidad de reembolsarlo. La tasa de interés de referencia más alta en más de nueve años tampoco ayuda.
“Nadie quiere quedar expuesto a las tasas, el desempleo ni a la confusión económica y política”, dijo Luis Miguel Santacreu, un analista de Austin Rating en Sao Paulo. “Nadie quiere cargar con esos riesgos, de modo que no cabe esperarse que el crédito repunte a corto plazo”.
En julio, Luiz Carlos Angelotti, director gerente de Banco Bradesco SA, dijo que el crédito en la mayor economía de América Latina podría expandirse sólo 5 por ciento en 2015. Dos meses antes, Itaú Unibanco Holding SA advirtió que podría reducir su pronóstico sobre crecimiento del crédito a apenas 3 por ciento. En junio, Banco do Brasil dijo que el crédito se expandiría 7 por ciento este año.
Si bien los bancos se atienen a sus pronósticos, se negaron a hacer más declaraciones, según sus respectivas oficinas de prensa.
Contracción del crecimiento
Los problemas de Brasil no han hecho más que empeorar desde entonces. La presidenta Dilma Rousseff enfrenta pedidos de juicio político y le cuesta impulsar las medidas de austeridad y frenar rebajas de calificación crediticia. Standard Poor’s bajó la nota del país a basura el mes pasado, el tercer recorte durante los casi cinco años de gestión de Rousseff.
La economía de Brasil se contraerá 2,5 por ciento este año y 0,5 por ciento en 2016, según S&P. Creció apenas 0,2 por ciento en 2014.
Al igual que en Brasil, en México el crédito se contrae en un contexto de crecimiento vacilante de la segunda mayor economía de la región.
La desaceleración del crédito reduce su necesidad capital, por lo que al menos tres grandes bancos brasileños han ofrecido recomprar sus bonos internacionales, cuyos precios han declinado en el último mes en medio de la liquidación de activos de mercados emergentes.
“Cuando esos bancos emitieron bonos, pronosticaban otra situación, y ahora no parece tener sentido acumular toda esa deuda”, dijo por teléfono Robert Stoll, un analista de Fitch Ratings en Nueva York.