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Durante su alocución en la reunión anual en Jackson Hole, Wyoming, Bernanke no ofreció ninguna promesa directa de que habría relajamiento cuantitativo. Sin embargo, describió la débil situación en que se hallaba la economía, la intención que tiene la Fed de ser firme y que tiene herramientas de política monetaria a su disposición.
“Aunque tomará en cuenta las incertidumbres y los límites de sus herramientas, la Reserva Federal proveerá las acomodaciones adicionales a su política que sean necesarias para promover una recuperación económica más fuerte y una mejora en las condiciones del mercado laboral”, dijo el presidente de la Fed.
La señal más clara de que Bernanke está listo para hacer más proviene de su decepción con el progreso de la economía. Notó alguna recuperación durante los últimos pocos años, pero dijo que la mejora en el mercado laboral había sido “dolorosamente lenta”.
El crecimiento en los últimos trimestres ha sido “tibio —dijo—, y a no ser que la economía empiece a crecer más rápidamente, la tasa de desempleo probablemente permanezca durante algún tiempo muy por encima de los niveles que son consistentes con el pleno empleo”.
Para el mediodía en Nueva York, el S&P había vuelto a subir luego de los comentarios de Bernanke, para comerciar con una ganancia de 0,7%. Aumentó el precio de los bonos del Tesoro a 10 años y sus retornos se redujeron 5 puntos base, para llegar a 1,58%, al tiempo que los mercados decidían que las palabras de Bernanke sí presagiaban más relajamiento cuantitativo.
Buena parte del discurso fue dedicado a una revisión de la actuación de la Fed desde la crisis financiera. Bernanke argumentó que han funcionado las compras a gran escala de activos, dirigidas a reducir las tasas de interés a largo plazo, y que se conocen como relajamiento cuantitativo o QE (por sus siglas en inglés).