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En tiempos donde en muchos lugares ha reaparecido el estatismo en la actividad económica, conviene volver a reflexionar acerca de las experiencias históricas de las burocracias en los negocios. No obstante haber transcurrido tres décadas de esfuerzos de venta de empresas estatales (EE) y de un consenso general de que el sector privado se desempeña mejor que los gobiernos en una gran cantidad de actividades, en los países en desarrollo las EE actualmente representan casi la misma proporción que hace 40 años.
El tamaño del sector de empresas estatales solamente se ha reducido significativamente en las economías exsocialistas y en un pequeño número de países con economías de mediano tamaño. En la mayoría de naciones en desarrollo, especialmente en las más pobres, los burócratas manejan una proporción de la economía más que nunca.
Las EE son ineficaces en términos generales y tienden a generar déficits que entorpecen el crecimiento económico haciendo más difícil superar la pobreza. Exigirles a burócratas que manejen negocios que son mejor dirigidos por empresas privadas impone una pesada carga sobre las burocracias de las economías en desarrollo, desviando su atención de asuntos y problemas que los gobiernos pueden atender adecuadamente.
Los burócratas se desempeñan pobremente en los negocios, no necesariamente por ser incompetentes, sino porque enfrentan metas contradictorias e incentivos perversos que pueden desanimar y distraer hasta a los empleados públicos más capaces y dedicados. El problema no es la gente, sino el sistema, no los burócratas per se, sino las situaciones que deben enfrentar en los negocios.
En muchas economías en desarrollo las EE absorben grandes cantidades de fondos que podrían ser mejor gastados en servicios sociales básicos. Frecuentemente captan una cantidad desproporcionada del crédito, restándole oportunidades al sector privado. Las fábricas estatales con frecuencia tienden a contaminar más que las privadas, en parte por la tolerancia de los gobiernos.
A pesar de que pequeñas mejoras en las EE pueden reducir sustancialmente o eliminar el déficit, ese no es generalmente el caso en países en desarrollo. La gerencia de las compañías enfrenta metas divergentes con las del gobierno (accionista). Un buen ejemplo de éstas se encuentra en el caso de las empresas petroleras nacionales.
Existen dos maneras de enfrentar el asunto de las EE. Reformarlas o privatizarlas. A lo largo de décadas el progreso en ambos frentes ha sido entre modesto y pobre.
El sector de EE es mayor y los problemas asociados con él son más severos en las economías pobres del mundo, donde las EE representan más de 14% del PIB. En cuanto a la segunda opción, muy pocos países han podido reformar sus compañías con éxito. Se puede lograr, pero la capacidad de mejoramiento continuo tiende a ser limitada.
Sin embargo, un informe del Banco Mundial presenta puntos claves a considerar para tener éxito en la reforma de EE. Vender porciones no esenciales, introducir mayor competencia, liberalizar el mercadeo, reducir restricciones de entrada y desagregar las grandes empresas son algunos.
A lo largo de años los reformadores exitosos han tratado de mejorar el sistema de incentivos cambiando la relación entre los gerentes de las EE y el gobierno. Los países exitosos introdujeron nuevas entidades de supervisión, aumentaron la autonomía gerencial y firmaron acuerdos de desempeño. Es muy importante que los gobiernos resistan la tentación de acumular poder. Una consideración final de importancia se refiere a las tres condiciones principales para la reforma exitosa de EE. Se trata de voluntad política, deseabilidad y credibilidad.