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En diciembre de 2000, Juan Diego Montoya se dio cuenta de que algo andaba mal en su negocio. Había sido un año muy bueno en ventas de discos para su compañía, Prodiscos, pero una caída inusual en Navidad marcó el inicio de lo que es hoy una de las carreras más vertiginosas en la historia del entretenimiento musical: alcanzar el ritmo con el que la tecnología está redefiniendo las reglas del juego del consumo y la producción de música.
"A finales de ese diciembre todos quedamos con inventarios —recuerda Montoya, ahora presidente de Prodiscos y Tower Records— y dijimos miércoles, acá está pasando algo”. En las calles, mientras tanto, se iniciaba un efecto de proliferación en masa de discos piratas que en pocos años invadió el mercado, hasta el punto de ocupar el 70% de la oferta de discos compactos en Colombia.
“Con la llegada de los quemadores de discos el estrato tres desapareció del mercado —afirma Gerardo Galvis, gerente de mercadeo de Tower Records y Prodiscos—, sin embargo, seguíamos contando con los estratos cuatro, cinco y seis”, una generación con poder adquisitivo, que tenía la cultura de comprar discos. Pero a esa generación le dio por tener hijos. Y sus hijos se educaron con internet, donde se desarrollaron los primeros programas de intercambio de música gratuita. A éstos les siguió la salida del iPod, en 2001, iniciando así una revolución digital-musical que generó una dramática caída en las ventas.
Los adolescentes poco a poco vincularon a sus padres en el fantástico mundo de la música gratis en la red. Antes de que la industria pudiera reaccionar, sus padres ya sabían bajar archivos de música, guardarlos en sus reproductores digitales y quemar discos. En cuestión de una década, una industria que sólo en Colombia llegó a superar los $120 mil millones en ventas anuales, ha visto reducir sus ganancias a un poco más de la mitad.
Hoy, las alarmas entre las empresas del sector no paran de sonar. Según Gustavo Palacio, director de APDIF, organización que agremia a las principales industrias discográficas de Colombia,XXX durante el último año 60 millones de discos piratas fueron confiscados y 200 millones de canciones fueron bajadas de manera ilegal por redes gratuitas de intercambio de archivos musicales. Un informe reciente de la Alianza Para la Propiedad Intelectual (IIPA) afirma que en el país, durante 2006, el mercado del disco se redujo en 3,6% y las pérdidas por piratería ascendieron a US$ 62,5 millones.
Lo anterior, junto a noticias como la migración, lejos de las disqueras, de artistas top como Paul McCartney y Radiohead; los despidos masivos en la disquera EMI, que este año le costarán el cargo a 1.200 personas, y el lanzamiento de Apple de su nuevo portátil sin compartimiento para CD ni DVD, el Powerbook Air, han creado hoy las condiciones para que muchos estén condenando a muerte a las disqueras y sus distribuidores.
Las empresas de esta industria están reduciendo sus catálogos de artistas. FM, que hace parte de Prodiscos y que en los noventa contó entre su nómina con Guayacán Orquesta y otros 12 artistas, hoy sólo tiene a Andrés Cepeda y ahora incursiona en el mercado de DVD de producciones de televisión nacional. El fenómeno ha transformado incluso los sistemas de premiación de las ventas de los artistas. “En nuestras épocas gloriosas otorgábamos un disco de oro con la venta de 50 mil a 100 mil discos. Hoy, un disco de oro se le otorga al que venda 10 mil”, sostiene Sandra Sossa, directora para la región andina de Universal Music.
Al son que les toquen
No obstante, a Sossa, como a muchos otros miembros de la industria, la palabra crisis no le suena. “El modelo del negocio se está transformando”, suelen repetir. Esas mismas son las palabras de Gustavo Palacio, director de APDIF, quien añade que son varias las consecuencias de este fenómeno: “Las disqueras tienen hoy menos músculo para apostarles a nuevos talentos, se han visto en la necesidad de trabajar más integradamente con el artista y de aprovechar las diversas maneras en que hoy la tecnología nos permite llegarle a la gente”.
Sossa, en Universal Music, le apuesta hoy al mercado de telefonía móvil. Mes a mes suben 150 canciones y con su catálogo digitalizado ofrecen timbres y tonos telefónicos que reproducen sus temas. Incluso lanzaron el año pasado el último álbum de Juanes para ser reproducido en el celular W580 de Sony Ericsson.
Day 1, empresa de la disquera Sony Music, fue creada hace un año con el objetivo de incursionar en el mercado del manejo de artistas y la organización de conciertos. Day 1 espera, según su directora, María Isabel Ramírez, generar el 20% de las ganancias de esta disquera a finales del año.
Entre tanto, Juan Diego Montoya le está apostando a cerrar los pequeños locales de Prodiscos y a invertir en grandes plataformas donde se ofrezcan todo tipo de productos, desde DVD hasta revistas, “en las que el cliente pueda tomarse un café, la gente baje sus propias canciones de nuestro catálogo on-line y se cuente con un experto asesor”, cuenta el ejecutivo.
Música.com
Pero la movida más trascendental que realizarán las disqueras este año consiste en cerrar un trato con alguna empresa proveedora de servicios de internet, que les permita generar una plataforma para vender música de su catálogo digital, como se realiza hoy con relativo éxito en EE.UU. La estrategia también ha sido implementada en México, Brasil y Argentina. “No podemos pedirle a la gente que no baje música ilegal de internet si no les ofrecemos alternativas”, explica Sossa. Sin embargo, aunque todos aceptan que 2008 será el año de la venta virtual de música en Colombia, nadie se atreve a revelar el nombre de quienes serán sus socios estratégicos.
Los últimos informes sobre ventas digitales en EE.UU. son bastante prometedores. Según el principal gremio disquero en el mundo, la IFPI, en ese país la industria vendió US$ 2.900 millones en ventas digitales y se hizo a un 15% del mercado de la música legal. Esta cifra, según el último número de la revista Billboard, se incrementará dramáticamente y podría subir hasta los 5.300 millones en 2012, alcanzando más o menos la mitad del mercado musical norteamericano, de acuerdo con un estudio realizado por la empresa de consultoría Yankee Group.
Para Billboard, los buenos vientos para las ventas digitales se deben a la reciente eliminación de los derechos digitales (DRM) por parte de las grandes disqueras, lo que permitiría que cualquier almacén on-line venda canciones para ser escuchadas en cualquier reproductor. Hasta el año pasado, las canciones compradas en iTunes, por ejemplo, sólo funcionaban en iPods.
Sin embargo, la industria colombiana se prepara para avanzar más lentamente en este proceso. Juan Diego Montoya no sólo subirá todo el catálogo de FM a internet, sino que espera habilitar espacios en sus almacenes para que la gente compre tarjetas prepago de descarga de música o baje in-situ las canciones de su preferencia. Sin embargo, considera que, como las experiencias de otros países, el mercado latinoamericano demorará en acostumbrarse a comprar legalmente en internet.
En México, las descargas gratuitas ilegales no han dejado despegar a los almacenes legales on-line, según confiesa Fernando Hernández, vocero de Amprofon, principal gremio disquero de ese país. Algo similar podría pasar en Colombia, dado que aún no hay una clara legislación que controle el tráfico digital ilegal. De hecho, la más grande pelea de la industria musical es hoy responsabilizar a los proveedores de servicios de internet, ya que es a través de su infraestructura que sus usuarios acceden a las páginas de intercambio gratuito. “Esperamos poder colaborar con ellos, pero si no, habrá repercusiones legales”, afirma desde México Raúl Velásquez, director regional de la IFPI.
Si a esto se le suma el precario desarrollo de la conectividad en Colombia, el limitado número de usuarios que tienen acceso a banda ancha y a tarjetas de crédito, así como la desconfianza que aún tienen muchos consumidores frente a las compras en internet, el escenario precisa de una sofisticada creatividad para adaptar en Colombia el modelo de compras digitales. Quien lo logre se mantendrá en el mercado, porque sólo un dogma permanece inamovible en este incierto negocio: la gente nunca dejará de escuchar música.
¿Físico o digital?
Ninguna banda de rock había sido un termómetro tan definitivo para la industria musical como la británica Radiohead. El año pasado la banda se divorció de EMI Music y lanzó en su página de internet su esperadísimo disco: “In Rainbows”. Radiohead dejó en manos de sus fans la decisión de cuánto pagar por éste. Muchos medios vieron en este experimento el inicio del fin del mercado del disco físico y la industria discográfica.
Aunque una parte -aún desconocida- de los miles de seguidores que bajaron el disco no pagaron por él, la apuesta de Radiohead ha dejado a más de uno boquiabierto. No sólo logró quitarle una porción del mercado a los portales de intercambios ilegales, sino que al lanzar “In Rainbows” en las principales tiendas de música en el mundo, batió todo pronóstico. Su disco en formato físico ocupa el número uno en los listados británicos y en las tres semanas que han pasado desde su lanzamiento ha alcanzado la muy envidiable cifra de 122 mil copias vendidas.
Radiohead se anotó un éxito doble en el mercado musical y por ahora demuestra que aún hay un mercado de melómanos considerable para el formato físico. No en vano es la banda más influyente de música alternativa en los últimos diez años.