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Por estos días, la ciudad de Harbin -en el noroeste de China- acoge la octava edición de la Exposición China-Rusia, una feria con lo mejor de empresas privadas y entidades estatales rusas.
Según medios oficiales chinos, más de 5.000 compradores extranjeros se registraron en la exposición y representantes de 44 países y regiones participaron en una muestra que ha dejado curiosas postales: una niña china posando jugando con una muñeca Matryoshka, un ‘stand’ de quesos rusos atestado de ciudadanos chinos que esperan una degustación y otros cuantos cotizando un paquete turístico a Rusia.
La feria forma parte de las celebraciones del 75 aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre China y Rusia. Al mirar el espejo retrovisor, las cuentas arrojan que las dos potencias mantienen lazos desde 1949, año en el que precisamente el gigante asiático se refundó como República Popular de la mano de Mao Tse-tung y el Partido Comunista.
Puede decirse, entonces, que Rusia y China mantienen una amistad desde el mismo nacimiento de esta última y, de ahí en más, puede decirse que la relación ha ido viento en popa.
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En los últimos años, el volumen del comercio entre China y Rusia ha sido en franco crecimiento. Solo en 2023, la balanza comercial entre ambas naciones representó US$240.100 millones, superando el objetivo de US$200.000 millones propuesto a inicios del año pasado.
Así mismo, los datos del primer trimestre de 2024 evidencian que la tendencia positiva continúa, con un comercio bilateral de US$56.680, según medios oficiales chinos. La cifra supone un incremento de 5,2 % respecto al mismo periodo de 2023, algo que -por lo pronto- disipa los rumores de una posible contracción en las ventas por cuenta de las advertencias de sanciones por parte de Estados Unidos a los bancos chinos que mantengan relaciones con empresas rusas.
Y es que, en medio de las tensiones geopolíticas y comerciales con EE.UU., el destierro del sistema financiero mundial y un frente activo en Ucrania -guerra que ya completa más de dos años- Vladimir Putin viajó a China el pasado viernes 17 de mayo; la segunda vez que el líder ruso puso rumbo al gigante asiático en un lapso de siete meses.
Tras el encuentro con su homólogo chino, Xi Jinping, los líderes firmaron un documento que pretende llevar la cooperación entre las dos naciones “a una nueva era”.
Los nuevos acuerdos Rusia-China
En el documento emitido tras el encuentro Xi-Putin, las partes mencionaron que están dispuestas a continuar profundizando la cooperación en campos claves como el comercio de servicios, electrónico, la economía digital y las energías limpias.
Destaca, por ejemplo, un espaldarazo a una vieja meta que las naciones han venido cumpliendo: la “desdolarización” de sus operaciones de comercio, inversiones y préstamos, entre otras, en favor de la moneda local (yuanes especialmente).
Cabe recordar que Gazprom, la petrolera rusa, empezó a recibir pagos en yuanes desde 2022, año en el que arrancó la guerra Rusia-Ucrania. En la misma línea, los barcos petroleros que salen desde los puertos rusos, con destino a India o China, generan pagos en yuanes chinos por sobre el dólar estadounidense.
Del lado chino, recientemente se conoció que China liquidó una cantidad récord de bonos del Tesoro de Estados Unidos y de agencias de ese país durante el primer trimestre de 2024 que ascienden a los US$53.000 millones. Por su parte, Bélgica (considerado un “custodio” de las tenencias de China) se desprendió de US$22.000 millones de estos activos.
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En lo que respecta a industria, los objetivos están encaminados a potenciar la fabricación de aviación civil, la construcción naval, la fabricación de automóviles, equipos tecnológicos, industria electrónica, la metalurgia, la minería de hierro, la industria química y la industria forestal.
Y es que el impulso a actividades como la construcción de aviones, barcos y automóviles no es casualidad. En los últimos dos años, la economía rusa ha visto en la producción bélica y en el gasto en seguridad una vía para sortear las sanciones de Occidente y seguir creciendo, incluso, mientras costea una guerra que se ha alargado más de lo previsto; a la fecha, el gasto militar y de seguridad representa un 40 % del presupuesto total ruso.
Así mismo, el flujo de divisas que garantiza el petróleo y el gas ha ayudado a aliviar la tensión sobre el valor del rublo, de ahí que necesite la entrada de yuanes como el comer. El año pasado, la importación de gas licuado de petróleo de Rusia a China registró un aumento del 77 % con respecto a 2021.
Datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) arrojan que la economía rusa creció más rápido que todos los países que componen al G7 el año pasado. La entidad, que en febrero de este año mejoró la previsión de crecimiento de Rusia, pronostica que esta economía se expandirá un 2,6 % en 2024.
Los acuerdos sino-rusos también incluyen la cooperación energética con miras a la “estabilidad y resiliencia de la cadena mundial de la industria energética”. A saber, los países anunciaron proyectos conjuntos en materia de petróleo, gas natural, gas natural licuado, carbón, energía y otros campos.
“Profundizaremos la cooperación en áreas prometedoras como la energía renovable, el hidrógeno y los mercados de carbono”, como se indica en el documento.
Otro punto a destacar dentro de la declaración conjunta es que las dos naciones continuarán explorando las aplicaciones en energía nuclear civil, incluida la fusión termonuclear, los reactores de neutrones rápidos y el combustible nuclear de ciclo cerrado en fase inicial. El documento da a entender que esta cooperación no solo beneficiaría a las dos partes, sino que se escalaría a todas latitudes, a través de la “construcción conjunta de centrales nucleares de manera global”.
Finalmente, las dos potencias se comprometieron a aumentar el comercio de soya y productos procesados, carne de cerdo, productos acuícolas, cereales, aceites y grasas, frutas, verduras y frutos secos.
¿Una relación desigual?
Convertirse en el “patito feo” de la economía mundial no ha trasnochado a Rusia, que ha logrado reemplazar a sus compradores de petróleo y gas en Europa por otros socios como China o India, quienes han atenuado esta suerte de “destierro” del sistema financiero mundial (por ejemplo, Rusia está vetada del Swift, el sistema de mensajería que facilita los pagos transfronterizos en todo el mundo).
Por su parte, China ve en Rusia un “socio cooperativo prioritario” y sus pagos en yuanes a productos como el petróleo, el gas, el carbón, el cobre, la madera y los mariscos rusos dan aire a una economía asfixiada por las sanciones y la guerra.
Desde los puertos chinos salen dispositivos electrónicos, microcomponentes electrónicos, equipos de telecomunicaciones e industriales, juguetes, calzado, vehículos y aparatos de aire acondicionado con destino a tierras rusas.
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A la fecha, China es el primer socio comercial de Rusia; por su parte, Rusia no hace parte ni del ‘top 5′ de los mayores compradores de mercancías chinas. Ciertamente, el Kremlin depende mucho de Pekín en cuestiones comerciales.
De enero a noviembre de 2023, China exportó a Rusia mercancías por un valor superior a los US$100.000 millones (crecimiento superior a 50 % respecto al mismo periodo de 2022); mientras que Rusia envió a China productos por aproximadamente US$117.000 millones (crecimiento de 11 %).
Las cifras de 2022 también evidencian los desequilibrios entre los intercambios China-Rusia. Según el Observatorio de Complejidad Económica (OEC), en dicho año China exportó productos por US$75,4 millones a Rusia, tales como equipos de transmisión (US$4,11 millones), computadores ($2,59 millones) y grandes vehículos de construcción (US$1,71 millones). Por su parte, Rusia exportó US$101 millones a China en 2022, gracias a las ventas de petróleo crudo (US$51 millones), carbón (US$9,64 millones) y gas petróleo ($9,5 millones).
Durante los últimos 27 años, las exportaciones de China a Rusia han tenido un incremento a una tasa anualizada de 15,2 %: desde US$1,66 millones en 1995 a $75,4 millones en 2022.
*Enviado especial de El Espectador en China
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