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En Colombia, el futuro del trabajo no se anuncia. Se impone. Se cuela en el presente de las decisiones pequeñas: un analista que delega tareas a una máquina, un equipo que deja de buscar al que más sabe y empieza a preferir al que mejor decide. Un criterio que hoy mueve la aguja de a quién vale la pena contratar.
Las cifras aparecen después. Según el informe Job Skills 2026 de Coursera, en el último año, las inscripciones en inteligencia artificial generativa crecieron 288 %. El pensamiento crítico, 318 %. Y el aprendizaje empresarial, 53 %. Tres pendientes que avanzan en paralelo y que dicen algo más que crecimiento: qué significa hoy ser útil dentro de una organización.
Ese ajuste ocurre en un país donde la formación corre por cuenta propia y el empleo de calidad avanza más lento. Donde aprender dejó de ser un plan corporativo y se volvió una apuesta individual. Donde la tecnología ya está disponible, pero su impacto sigue dependiendo de quién logra incorporarla.
Anthony Salcito, vicepresidente senior y gerente general de Enterprise en Coursera, trabaja justo en esa intersección: es el hombre que negocia con las empresas que deciden qué aprenden sus empleados y a qué velocidad.
Lleva más de dos décadas traduciendo educación en estrategia, primero desde Microsoft y ahora desde una de las plataformas de aprendizaje más grandes del mundo.
En conversación con El Espectador, explica qué hay detrás del crecimiento en habilidades, cómo cambian los perfiles profesionales y dónde están las brechas que pueden definir quién se adapta y quién queda rezagado en esta transición.
El informe reporta un crecimiento del 288 % en inscripciones de IA generativa en Colombia. Pero el promedio mundial es del 324 %. ¿Colombia está avanzando o se está quedando atrás?
Es algo que muchos países llevan explorando solo desde hace un par de años. El aumento interanual en las matriculaciones en cursos de IA general en Coursera es del 324 % a nivel global. Colombia está en el 288 %, así que todavía hay espacio para crecer.
Las competencias que tienen demanda y en las que existen carencias, sumadas a la presencia de la IA, están actuando como un catalizador enorme para lo que las empresas pueden hacer. Y necesitan que su talento se adapte a ese cambio.
Muchas empresas afirman que adoptan IA. ¿Cuántas están formando talento y cuántas siguen en discurso?
Lo que vemos, especialmente en las empresas más maduras, es que el cambio pasa rápidamente del despliegue tecnológico a la utilización y al retorno de la inversión. Y para eso se necesita una combinación: gente que entienda cómo usar la IA de manera efectiva, niveles más avanzados de formación técnica, pero también habilidades humanas que complementen esas herramientas. Pensar de forma diferente. Usar la IA para resolver problemas de una manera nueva. Ampliar el potencial de la organización para crear ventaja competitiva.
El informe muestra que el pensamiento crítico creció 318 % en Colombia, más que cualquier habilidad técnica. ¿Eso no contradice la narrativa de que la IA lo reemplaza todo?
Al contrario. En Colombia, el crecimiento real del pensamiento crítico año tras año está superando al de las competencias en IA. Y es una tendencia paralela, no opuesta: las organizaciones están empezando a darse cuenta de que se trata de potenciar la capacidad y la agencia humanas con la tecnología, no de sustituir personas por herramientas.
La pregunta que las empresas se están haciendo es: “¿Cómo aprovecho estas herramientas para aportar nuevo valor a mi organización?”. Eso requiere cultura. Requiere pensamiento crítico, toma de decisiones, liderazgo.
¿Quién está pagando por esa formación en Colombia, la empresa o el trabajador?
La mayor parte de nuestros alumnos en Colombia está en nuestro negocio de consumo: personas que pagan de su bolsillo para mejorar su empleabilidad. Ahí es donde está el grueso hoy.
Pero existe una gran oportunidad para aumentar la penetración en universidades, gobiernos y empresas. Y uno de los problemas que estamos empezando a señalar con fuerza es que la capacitación con frecuencia no es una prioridad: el despliegue tecnológico es urgente, la transformación es urgente, y la formación queda rezagada en atención, en importancia y hasta en presupuesto.
¿Y eso tiene costo real?
Si tienes capacidad tecnológica, pero no las habilidades para usarla, estás desperdiciando la inversión. Y estás perdiendo la oportunidad de diferenciarte de la competencia.
Eso es lo que va a quedar claro: la tecnología sin las personas que la saben operar no produce retorno.
Esperamos que la adopción empresarial siga creciendo, pero ahora mismo el consumo individual la supera de forma significativa.
¿Qué tan interesados están los colombianos frente América Latina?
En Colombia, cada cinco minutos alguien se inscribe en un curso de inteligencia artificial generativa. En América Latina, el ritmo es de 1,5 inscripciones por minuto.
Colombia tiene 4,6 millones de usuarios registrados en la plataforma, lo que la convierte en el séptimo mercado más grande de la región.
Las empresas buscan personal más calificado. Pero en mercados como Colombia, los salarios no siempre están a la altura de las nuevas capacidades adquiridas. ¿Ve evidencia de que quienes se recapacitan a través de Coursera mejoran su remuneración, o el beneficio se lo queda la empresa?
Se trata de ambas cosas. Nueve de cada 10 alumnos encuestados cree que la microcredencial que obtuvieron les está ayudando a tener éxito en su trabajo. Muchas empresas ya valoran formalmente las microcredenciales a la hora de fijar bonificaciones. Las usan como criterio no solo para salarios más altos, sino también para retención.
Pero lo que también sabemos es que los trabajadores que obtienen estas credenciales son más empleables fuera de su empresa. Tienen más estabilidad si algún día necesitan moverse.
¿Hay un caso concreto que lo ilustre?
Sí. En India, una empresa de mecanizado llamada Larsen and Toubro, en Bombay, recapacitó a 5.000 trabajadores de línea de producción (operarios de fábrica) dotándolos de habilidades en IA. Eso les permitió ser reubicados en puestos mejor remunerados dentro de la misma organización. Ese es el patrón: adquirir una competencia que tiene mayor demanda en el mercado, lo que crea oportunidades de crecer dentro de tu propia empresa o de tener una red de seguridad si alguna vez eres desplazado.
¿Y los puestos de trabajo que la IA está desplazando en Colombia?
Las funciones que se pueden automatizar más fácilmente son, en general, los trabajos frente a una pantalla que se pueden estandarizar. Eso requiere que las personas que suelen ocupar puestos de trabajo con competencias avanzadas, que son puestos centrados en los datos, necesiten reciclarse.
La buena noticia es que esas personas suelen estar más familiarizadas con el uso de computadores y tienen mayor disposición para formarse.
Históricamente, los grandes cambios tecnológicos no eliminan el trabajo: lo desplazan y luego crean más. Cuando llegó la infraestructura en la nube, existía el temor de que los administradores de centros de datos quedarían fuera. Lo que pasó fue que esas personas se reciclaron para gestionar la nube a escala. Probablemente ocurra algo similar con la IA.
¿Eso sí se ve en los trabajadores hoy?
Es difícil anticipar qué puestos de trabajo y qué habilidades serán más comunes en los 5 o 10 años posteriores a un gran cambio tecnológico. Pero creo que no se trata tanto de que los puestos de trabajo desaparezcan, sino más bien de que las habilidades se vean desplazadas.
Hay sectores, como el transporte, que constituyen una parte significativa de la población activa en cualquier país (casi el 20 %), y de los que sin duda debemos ser conscientes de cara al futuro; pero en esas industrias, como vimos con el cambio de los ferrocarriles a los automóviles, y de los caballos y carruajes a los automóviles, se produce un desplazamiento de competencias y también se crean muchos más puestos de trabajo a raíz de ello.
Hay algunas que corren más riesgo que otras, claro. Y en esos puestos tecnológicos es donde Coursera trabaja más directamente con empresas como Microsoft, Google e IBM para el reciclaje.
La brecha de género en formación tecnológica lleva décadas siendo un problema. ¿Está cerrándose?
En Colombia, sí, y de forma significativa. La base de alumnos en Colombia es ahora 49 % mujeres y 51 % hombres. El año pasado era 43 % mujeres. Seis puntos porcentuales en un año.
¿Por qué ahora?
Porque la IA es una competencia mucho más universal que la programación o la ciencia de datos tradicional. Históricamente, las habilidades técnicas avanzadas se concentraban en un porcentaje pequeño de los departamentos de TI.
Con la IA, las habilidades que se necesitan cruzan todas las funciones de una organización: recursos humanos, marketing, finanzas, operaciones. Personas que nunca han tenido un trabajo centrado en tecnología ahora necesitan habilidades en IA. Y eso está equilibrando el sesgo de género porque equilibra el acceso.
Si tuvieras que apostar (no como ejecutivo de Coursera, sino como alguien que lee estos datos todos los días) ¿qué debería estar desarrollando Colombia ahora mismo que todavía no aparece en ningún informe?
Hay tecnologías emergentes como la computación cuántica y la robótica que estarán mucho más presentes en el futuro del trabajo de lo que están hoy. Pero lo que más me importa, fuera de Coursera, es el emprendimiento.
Presido una organización global sin fines de lucro llamada Network for Teaching Entrepreneurship, enfocada en desarrollar habilidades emprendedoras en estudiantes de secundaria. Lo que veo de manera sistemática es que necesitamos personas con capacidad de aprovechar estas herramientas tecnológicas cada vez más potentes para aportar innovación: no solo para generar valor dentro de sus empresas, sino para crear empleo. Eso puede ser dentro de una organización existente o puede ser poniendo en marcha algo nuevo.
Colombia necesita eso. Las habilidades del emprendimiento son las que más van a importar.
La producción de demasiadas cosas útiles resulta en demasiadas personas inútiles.
Karl Marx
La productividad crece más rápido que la capacidad de absorberla. A medida que las herramientas se vuelven más eficientes, el valor del trabajo empieza a desplazarse: de lo que se ejecuta a cómo se decide.
Durante años, la discusión giró alrededor de la desaparición de tareas. La evidencia empieza a mover el foco. El cambio ocurre en el criterio con el que se trabaja.
Las herramientas amplían capacidades, pero también exigen algo más difícil de escalar: juicio. Qué automatizar, qué corregir, qué ignorar.
En ese movimiento, la ventaja ya no está solo en aprender más rápido, sino en aprender mejor qué hacer con lo aprendido.
Antes de cerrar la llamada, Salcito vuelve al dato que atraviesa toda la conversación: en Colombia, cada cinco minutos alguien se inscribe en un curso de inteligencia artificial generativa.
Colombia se mueve. Más personas se forman, más empresas exploran, más sectores entran en contacto con tecnologías que antes eran marginales. Pero ese movimiento está a 50 puntos básicos de distancia del promedio global.
Estamos, para sorpresa de nadie, por debajo.
Esa brecha no separa a quienes usan inteligencia artificial de quienes no. Separa a quienes logran integrarla en decisiones reales y quienes quedan orbitando alrededor de ella.
(Aquí revisar el reporte completo de Job Skills 2026 de Coursera).
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