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A pesar de ser un productor de petróleo, el país importa una parte de los combustibles que consume. Según un informe de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP), el 39 % de la gasolina que se consume localmente proviene del exterior, aunque se proyecta que para 2030 esta proporción ronde el 35 %.
Para el diésel, las importaciones hoy cubren 8 % de la demanda nacional, pero se prevé que en los próximos años esa participación suba a 10 %.
En buena parte, esta situación se da por una creciente demanda, que no se puede cubrir con la producción de refinerías nacionales como la de Cartagena (Reficar) y Barrancabermeja, según explicó Amylkar Acosta, exministro de Minas y Energía, quien participó en el Congreso Nacional de Distribuidores Minoristas de Combustibles (organizado por COMCE y Fendipetroleo).
En medio de la transición energética, el país sigue teniendo una alta dependencia de los combustibles fósiles para sectores claves como el transporte, pero también en el comercio y la industria, en donde el gas natural juega un papel esencial.
El difícil camino de la transición
En los últimos años, este combustible ha cobrado protagonismo debido a los problemas con su abastecimiento, motivados tanto por la reducción de las reservas —se estima que en ocho años el déficit podría intensificarse, con un costo cercano a COP 28 billones— como con algunos temas técnicos en su distribución, entre ellos el ocurrido recientemente en medio del mantenimiento de la Regasificadora de Cartagena.
La Asociación Colombiana de Gas Natural (Naturgas) señala que, en lo que va del año, la producción de gas ha caído un 15 % en el país a la par de que las importaciones han crecido 45 %.
Las cifras de la asociación muestran que entre 2022 y 2024 las importaciones de gas natural en Colombia pasaron de 3 millones de pies cúbicos diarios (MPCD) a 214, evidenciando un aumento del 6.742 %. “En ese mismo periodo, la participación del gas importado en el consumo nacional subió de 0,3% a 18,2%, debido a la caída en la producción local”, añadió Naturgas.
En suma, en los últimos años el país se ha vuelto más dependiente de las importaciones, lo que ha encendido las alarmas sobre la autosuficiencia y la seguridad energética. En otras palabras, los expertos se preguntan si en el futuro Colombia podrá mantener el abastecimiento de combustibles sin que los precios se disparen.
Aquí hay que aclarar que, para 2030, se espera que entre en operación comercial el pozo Sirius, el mayor hallazgo gasífero en la historia reciente del país, con el cual se cubrirían los faltantes de demanda nacional y se podría, incluso, pensar en ventas exteriores, según cálculos de Ecopetrol.
En su intervención en el congreso de distribuidores, el presidente de la ACP, Frank Pearl, subrayó que gran parte de los desequilibrios actuales en el ecosistema energético nacional responden a la postura que ha mantenido el presidente Gustavo Petro en materia de hidrocarburos.
Pearl destacó que la estrategia del Gobierno le está pasando factura a las finanzas del Estado. Desde la ACP estiman que, en los últimos dos años y medio, el país ha dejado de recaudar COP 30 billones por la caída del sector petrolero.
“Hay que darle un vuelco a este tema, volver a atraer inversión extranjera, volver a tener una concepción según la cual entre más frentes de energía tengamos vamos a estar mejor, vamos a tener autosuficiencia y seguridad energética y vamos a privilegiar el petróleo nacional y el gas nacional”, puntualizó.
El presidente de la ACP también destacó que la industria de los hidrocarburos es un pilar macroeconómico, cambiario y fiscal, que aporta cerca de COP 8 billones anuales en regalías a las regiones. Propuso que el país adopte una visión de adición energética en lugar de una de transición energética. Esta plantea no sustituir de manera abrupta unas fuentes de energía por otras, sino incorporar nuevas opciones limpias y sostenibles al sistema existente, al tiempo que se mejora la eficiencia y se reducen las emisiones.
“Colombia debe volver a ser un país atractivo para los inversionistas. No solo se trata de tener más inversión y producción, se trata de que el sistema general de regalías pueda hacer que esa plata llegue a la gente en las regiones”, concluyó.
La agenda del Gobierno en materia de energía se ha basado en insistir en la necesidad de hacer una transición energética, la cual consiste en restar la dependencia de los hidrocarburos para migrar hacia fuentes más sostenibles. Todo esto en el marco del cambio climático y los evidentes desafíos que plantea.
Parte de sus apuestas se han concentrado en parar la firma de nuevos contratos de exploración de petróleo y gas, la promoción de programas como Colombia Solar (en la que se busca que ciertas comunidades generen la energía que consumen con paneles solares) y la iniciativa de repensar el negocio principal de Ecopetrol.
El presidente Gustavo Petro ha planteado que esta empresa estatal se convierta en un actor central de la transición energética, incorporando en su portafolio nuevos productos como el hidrógeno verde, mientras reduce progresivamente sus inversiones en hidrocarburos.
El exministro Acosta defendió la idea de que, en materia de hidrocarburos, “es mejor tenerlos y no necesitarlos que necesitarlos y no tenerlos”. A su juicio, el mundo no dejará de consumir energía solo porque Colombia deje de producirla, pues “mientras haya quien consuma, habrá quien produzca”.
Acosta enfatizó que la transición energética debe ser gradual y comenzar desde la base, por ejemplo, impulsando la movilidad eléctrica, ya que, sostuvo, no tiene sentido reducir la producción de combustibles si la mayoría de los vehículos aún dependen de ellos.
El desafío para Colombia va más allá de reducir su dependencia de los hidrocarburos: consiste en lograr que la transformación energética sea ordenada, realista y sostenible. Según estos expertos, el país deberá encontrar un punto de equilibrio entre cuidar el ambiente y asegurar la energía que impulsa el desarrollo.
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