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Colombia cerró mayo de 2026 con una tasa de desocupación del 8 %, un punto porcentual menos que un año atrás, mientras cerca de un millón de personas encontró trabajo en apenas doce meses.
La fotografía, sin embargo, está lejos de ser perfecta.
Detrás del mejor dato laboral para un mayo desde que el DANE tiene registros comparables, es decir, desde 2001, aparece un mercado que sigue dependiendo en buena parte del empleo público, del trabajo por cuenta propia y de una informalidad que todavía alcanza al 54,3 % de los ocupados.
Pero vamos por partes.
El informe del DANE tiene buenas noticias: más gente buscando trabajo (la tasa de participación subió a 64,9 %) y más gente encontrándolo (la tasa de ocupación llegó a 59,7 %).
“Todo esto es lo deseable en el mercado laboral: una caída en la tasa de desocupación mientras aumentan las de participación y las de ocupación”, dijo la directora del DANE, Piedad Urdinola, durante la presentación del informe.
En números absolutos, la población ocupada pasó de 23,6 millones de personas en mayo del año pasado a 24,6 millones este año. Son 956.000 nuevos trabajadores, un crecimiento anual del 4 % que convierte a mayo en uno de los meses más dinámicos para el empleo desde la recuperación posterior a la pandemia.
La trayectoria también ayuda a dimensionar el momento. En mayo de 2020, cuando el país enfrentaba el impacto más severo de las restricciones sanitarias, la tasa de desempleo había escalado hasta el 22 %. Seis años después, el indicador no solo recuperó todo ese terreno, sino que descendió hasta un nivel que Colombia no había visto en un cuarto de siglo.
El campo empujó más que las ciudades
Uno de los hallazgos más llamativos es el origen geográfico del crecimiento. La mayor parte de los nuevos empleos no vino de Bogotá, Medellín o Cali, sino de territorios que rara vez protagonizan estas mediciones: las ciudades intermedias y las zonas rurales.
Los llamados centros poblados y rural disperso aumentaron su número de ocupados un 7,9 %, aportando 1,6 puntos porcentuales al crecimiento total. Las otras cabeceras, ciudades intermedias fuera de las trece principales, crecieron 6,1 % y aportaron otros 1,6 puntos.
En contraste, las trece principales ciudades apenas crecieron 1,3 % y explicaron solo 0,6 puntos porcentuales del aumento total.
Las cifras, de este modo, evidencian que más de tres cuartas partes del empleo creado durante el último año surgió fuera de las grandes capitales.
Ese cambio de geografía laboral plantea una pregunta inmediata: ¿qué actividad económica está impulsando el empleo en esas zonas?
La respuesta resulta menos obvia de lo que parece.
¿Quién creó empleo y quién lo destruyó?
A primera vista, el crecimiento del empleo rural podría sugerir una recuperación del sector agropecuario. Sin embargo, las cifras muestran exactamente lo contrario.
Mientras las zonas rurales fueron el principal motor de la reducción del desempleo, la agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca perdió cerca de 37.000 ocupados frente a mayo de 2025.
La aparente contradicción llamó la atención de los analistas.
“El principal jalonador fue el desempleo rural, pero el sector de la agricultura, que es el asociado al rural, no fue el principal jalonador total cuando uno mira las ramas económicas”, explicó Daniel García, economista senior de DAVIbank.
La paradoja obliga a mirar más allá del mapa y concentrarse en quién estuvo contratando.
El principal responsable del crecimiento no fue el agro. Fue el Estado.
El Estado lideró la creación de empleo
Por ramas de actividad, la administración pública, defensa, educación y salud fue el motor principal: 405.000 ocupados más, que representan casi la mitad de todos los nuevos puestos de trabajo del país.
Le siguieron la industria manufacturera, con 218.000, y las actividades profesionales, científicas y técnicas, con 143.000.
En conjunto, esos tres sectores concentraron alrededor del 80 % de todos los empleos creados en Colombia durante el último año.
En el otro extremo, transporte y almacenamiento perdió 44.000 ocupados, información y comunicaciones cayó 39.000 y la agricultura, ya mencionada, retrocedió 37.000.
Para García, además, existe un elemento adicional que merece seguimiento. “La creación se ha ido acelerando por cuenta de un sector público que viene creciendo fuerte en su empleo asociado al contexto de las elecciones presidenciales, pero también a un sector privado que sigue creciendo y que de hecho recupera su creación de empleos a más de 500.000 anuales frente a unos datos que no fueron tan favorables al principio del año”.
Esto no implica que el empleo público explique por sí solo la mejora del mercado laboral, pero sí pone en relieve cuánto del impulso permanecerá una vez cese el ciclo electoral y el gasto público pierda dinamismo.
La transición ocurriría en un momento complejo: no fueron los trabajadores asalariados quienes lideraron el crecimiento del empleo. Fueron, principalmente, quienes trabajan por cuenta propia.
Ser el propio jefe, protagonista de la creación de empleo
Los trabajadores por cuenta propia fueron el grupo que más creció durante el último año. En mayo sumaban 10,08 millones de personas, equivalentes al 41 % de todos los ocupados del país, tras incorporar 273.000 nuevos trabajadores frente al mismo mes de 2025.
Los empleados particulares también aumentaron, aunque a un ritmo menor: 199.000 personas más, para un total de 10,78 millones, el 43,9 % de la población ocupada.
Frente a ese panorama, Mariana Quinche, economista de BBVA, destacó este punto: “El empleo no asalariado creció más que el asalariado (5,0 % frente a 3,0 %), algo que no se había observado en los últimos tres meses”.
Dentro de ese universo sobresalieron los trabajadores por cuenta propia, seguidos por pequeños empleadores y jornaleros. Entre los asalariados también hubo avances importantes, tanto en empleados particulares como en empleados del Gobierno, aunque el mayor impulso siguió llegando desde las modalidades menos estables.
Por eso, una reducción del desempleo no implica automáticamente un salto equivalente en la calidad del trabajo. Aunque sí impide, por supuesto, que se corte el flujo de ingresos en el hogar.
La informalidad: el número que no cede
Si el 8 % fue el dato que ocupó los titulares, el 54,3 % explica por qué el mercado laboral sigue enfrentando uno de sus mayores desafíos estructurales.
Más de la mitad de quienes trabajan en el país lo hace de manera informal.
Eso equivale a cerca de 13,3 millones de personas que desarrollan una actividad económica sin acceder plenamente a la protección que ofrece el empleo formal, como aportes regulares a seguridad social, estabilidad contractual o mecanismos de protección frente al desempleo.
La cifra mejoró frente al año pasado. En mayo de 2025 la informalidad alcanzaba el 55,1 %, de modo que el descenso fue de 0,8 puntos porcentuales.
También cayó en las 23 ciudades y áreas metropolitanas, donde pasó al 41,6 %, y en las 13 principales ciudades, donde se ubicó en 40,3 %.
Pero en el campo la situación no mejoró nada: en los centros poblados y rural disperso la informalidad es del 83 %, exactamente el mismo nivel que el año pasado. Es decir, ocho de cada diez trabajadores rurales siguen ocupados en condiciones informales.
Para María Claudia Lacouture, presidenta de AmCham Colombia, la tensión la viven los diferentes segmentos: “El desempleo cayó a 8 % en mayo. Es un avance, pero no una victoria completa. La informalidad sigue en 54,3 %, el desempleo femenino llega a 9,9 % y el juvenil a 15,3 %. El país no puede conformarse con más ocupación: necesita mejores empleos, más productividad y más empresa”.
En su punto subyace una arista: no todos los empleos aportan de la misma manera al crecimiento económico.
Una economía donde predominan trabajadores independientes de baja productividad o empleos informales puede reducir el desempleo sin lograr mejoras equivalentes en ingresos, recaudo tributario, innovación o crecimiento de largo plazo.
Las mujeres, por segunda vez en la historia, debajo del 10 %
La tasa de desocupación femenina llegó a 9,9 % en mayo. Es la segunda vez en la historia del país que la tasa de las mujeres entra a un solo dígito (la primera fue en noviembre de 2025, cuando alcanzó 9,1 %).
En los hombres, la tasa fue del 6,6 %.
La brecha de género bajó de 4,5 puntos porcentuales en mayo de 2025 a 3,3 puntos este año, la menor para este mes en la serie reciente.
El crecimiento del empleo femenino también superó ampliamente al masculino.
Mientras el número de mujeres ocupadas aumentó un 6,1 %, el empleo de los hombres creció un 2,6 %, según destacó BBVA.
El informe del DANE muestra que las mujeres jalonaron el empleo desde sectores específicos: la administración pública, educación y salud aportó 255.000 nuevas ocupadas, seguida por la industria manufacturera con 84.000 y el alojamiento y servicios de comida con 65.000.
En términos de posición ocupacional, las empleadas particulares fueron las que más crecieron para las mujeres, con 211.000 nuevas trabajadoras.
“Por segunda vez en la historia del país está a un solo dígito y este es un muy buen resultado para las mujeres, que son las que vienen jalonando las noticias que tenemos en mercado laboral”, dijo Urdinola.
Con todo, la brecha sigue siendo profunda en las ciudades del Caribe. En Cartagena, la tasa de desocupación de las mujeres supera ampliamente la de los hombres, y en Quibdó la situación es estructuralmente crítica para toda la población.
Los jóvenes y las brechas que no cierran
La situación también mejoró para la población entre 15 y 28 años.
Durante el trimestre móvil marzo-mayo de 2026, la tasa de desempleo juvenil descendió al 15,3 %, el nivel más bajo desde que existen registros comparables, aunque todavía duplica la tasa nacional (8 %).
Las diferencias entre hombres y mujeres tampoco desaparecieron.
Las mujeres jóvenes registraron una tasa de desempleo del 19,6 %, frente al 12,1 % de los hombres jóvenes, ampliando ligeramente la brecha de género respecto al año anterior.
Las disparidades territoriales siguen siendo igual de profundas.
Quibdó encabezó nuevamente el ranking nacional con una tasa de desempleo juvenil del 35,8 %, seguida por Cartagena, con 23,1 %, y Sincelejo, con 22,2 %.
En el extremo opuesto aparecieron Neiva (11,8 %), Pereira (11,9 %) y Villavicencio (12,9 %), ciudades que muestran mercados laborales considerablemente más favorables para quienes ingresan por primera vez al mundo del trabajo.
El mapa de las ciudades: ganadores y perdedores
No todas las ciudades avanzaron. En el trimestre móvil marzo-mayo, Cartagena aumentó su tasa de desocupación 3,3 puntos porcentuales hasta llegar a 12,8 %, y Santa Marta subió 3,4 puntos hasta 11,7 %. Bucaramanga también subió, de 7,4 % a 8,3 %. Son movimientos estadísticamente significativos que van en dirección contraria al promedio nacional.
En el otro extremo, Quibdó bajó casi seis puntos (de 29,8 % a 23,9 %) aunque sigue siendo la ciudad con mayor desempleo del país por un margen amplio. Pereira bajó de 9,9 % a 7,8 % y Villavicencio cerró en 7,5 %, la más baja de todas las ciudades medidas.
Bogotá llegó a 8,4 %, muy cerca del promedio nacional. Medellín subió levemente a 8,6 %, una tendencia que lleva varios meses.
Lo que dicen los analistas
Desde el Banco de la República, el dato tiene implicaciones de política monetaria.
Para García, de DAVIbank, el fortalecimiento del mercado laboral respalda la posibilidad de que el banco central mantenga una política monetaria relativamente restrictiva durante más tiempo.
“Con este dato favorable, el Banco de la República continúa con un viento a favor en materia de mercado laboral que le permitiría tener su tasa de política monetaria alta por más tiempo”, señaló.
El banco estima que durante un año se mantendría esa posición, momento en que las presiones inflacionarias cedan y permitan una senda hacia abajo.
En la reunión de hoy, el banco decidió subir las tasas de interés de nuevo. Con la decisión, el indicador se ubica en 12 %, lo que representa un alza de 75 puntos básicos.
Por su parte, el ministro de Hacienda, Germán Ávila, volvió a expresar su desacuerdo con la decisión, que calificó de “errada”. “Creemos que esta nueva decisión del grupo mayoritario va a tener, nuevamente, impactos en cuanto a la capacidad de la economía para profundizar los niveles de crecimiento y de desarrollo”, expresó el funcionario.
El banco central, así las cosas, tiene la difícil tarea de mediar entre la buena noticia para las familias de que haya menos desempleo, y a la vez, vigilar que la inflación no se dispare por el vaivén de la oferta y la demanda en la economía.
Las cifras de empleo, por otra parte, también alimentaron el debate entre el Gobierno y el sector empresarial sobre la calidad del empleo.
El presidente Gustavo Petro celebró el resultado insistiendo en una idea que ha defendido desde el inicio de su administración.
“Otra vez para el mes de mayo baja la desocupación laboral. Llegamos al 8 %, cuando era 9 % hace un año. Nuevamente es desacertada la teoría económica que ha dirigido el país en las últimas décadas. El alza de salarios reales no acaba el empleo formal, al contrario, ha crecido más que el empleo informal”, escribió en su cuenta de X.
Según el RELAB, el Registro de Relaciones Laborales basado en cotizaciones a la seguridad social, entre mayo de 2025 y mayo de 2026 el empleo formal aumentó en aproximadamente 627.000 personas, mientras el empleo informal creció en unas 330.000.
La afirmación del Gobierno encuentra sustento en los números, aunque la proporción de informales siga siendo mayoritaria.
En resumen, el mercado laboral de Colombia en mayo de 2026 es, en términos estadísticos, el mejor para este mes en un cuarto de siglo.
El reto que viene, como señala el propio informe del DANE, es convertir esa cantidad en calidad: más contratos, más cotizantes, más productividad por hora trabajada. El 54,3 % de informalidad es el recordatorio de que ese trabajo está lejos de terminarse y que, por ahora, la batuta pasará al gobierno entrante.
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