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La ceremonia de apertura del Congreso Nacional de Comerciantes, que comenzó este miércoles en Armenia, fue el espacio para que el gremio reflexionara sobre los determinantes del contrabando y de la corrupción que tanto afecta su sector. De acuerdo con los empresarios este mal se desencadena cuando se suman altas tarifas a los impuestos, exceso de regulación y de una elevada discrecionalidad de los funcionarios.
La ecuación la recitó Guillermo Botero, el presidente de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), quién tomó como ejemplo al proyecto de ley que se discute este miércoles en el Congreso de la República y que busca subir los impuestos a las bebidas alcohólicas. El dirigente gremial advierte que de pasar esta iniciativa parlamentaria el contrabando pasaría del 25 al 40%. Y en algunos productos como el vino, en donde no existía este problema, se comenzaría a presentar.
Botero también afirmó que “es imperioso conocer el avance de las gestiones tendientes a construir el nuevo esquema de impuestos a las importaciones que tanto necesitamos. En los sectores formales del comercio organizado y particularmente, en los sectores confeccionistas y fabricantes de calzado, por la expedición de la norma que impuso altos aranceles específicos, las pérdidas en términos de PIB, empleo y ventas, han sido significativas en los últimos 42 meses. Las cifras de calzado siguen en terreno negativo. Por su parte las de las confecciones han tenido un leve repunte a partir de mediados de 2015, pero fue resultado de la devaluación del peso frente al dólar y no de los aranceles específicos”
Fenalco calculó los perjuicios del actual decreto arancelario: en calzado, las importaciones pasaron de 76,6 millones de pares en 2012 a 50,7 millones en 2015, desapareciendo así, aproximadamente, 26 millones de pares de unidades de las estanterías de los comerciantes organizados.
En confecciones el daño es aún mayor pues en 2012 se importaron 71,8 millones de kilogramos y en 2015, solo 41,2 millones, perdiéndose 30,6 millones de kilogramos. Lo cual es equivalente a 60 millones de jeans o 150 millones de camisetas tipo polo. “En su inmensa mayoría, estas prendas no las absorbió la industria nacional, según las cifras certificadas por el Dane. Nuevamente, el contrabando y la informalidad fueron los beneficiados”, comentó Botero.