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Hace seis años, en plena pandemia, el desempleo en Colombia llegó al 22 %. Hoy ha bajado hasta el 8 %, con corte a mayo de 2026, el nivel más bajo del siglo para dicho mes. Desde cualquier lectura, se trata de una buena noticia.
Solo en el último año, de mayo de 2025 a mayo de 2026, casi un millón de personas encontraron trabajo. ¿Quién los contrató, en qué condiciones y con qué salario? Las respuestas pueden ilustrar qué clase de empleo se está creando y por qué esto es importante para afirmar si el primer semestre del año deja un mercado laboral más sólido o simplemente más grande.
Las cifras duras
El más reciente informe del DANE reveló, como decíamos, que la tasa de desocupación nacional llegó al 8 %, un punto porcentual menos que en mayo de 2025 (cuando el desempleo estaba en 9 %). Entre otros datos, el quinto mes del año dejó más personas buscando trabajo, algo expresado en la tasa global de participación, la cual subió al 64,9 %; además, más personas lo encontraron: la tasa de ocupación alcanzó el 59,7 %, 1,5 puntos por encima del año anterior. Entre las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas, el desempleo promedio se ubica en 8,5 %.
“Todo esto es lo deseable en el mercado laboral: una caída en la tasa de desocupación, mientras aumentan las de participación y las de ocupación”, dijo la directora del DANE, Piedad Urdinola, en la rueda de prensa de mayo.
En números absolutos, el país pasó de 23,6 millones de ocupados (personas con trabajo) en mayo de 2025 a 24,6 millones este año.
¿Quién está dando empleo?
Casi la mitad de ese millón de nuevos trabajadores llegó desde un solo sector, que el DANE llama administración pública, la defensa, la educación y la salud, el cual sumó 405.000 ocupados más, es decir, el 42% de todo el empleo creado en el país en el último año.
Le siguieron la industria manufacturera, con 218.000, y las actividades profesionales, científicas y técnicas, con 143.000.
En el otro extremo, están rubros cuyos puestos se contrajeron: transporte y almacenamiento perdió 44.000 empleos, información y comunicaciones perdió 39.000, y la agricultura perdió 37.000.
Este último dato llama la atención porque el mayor impulso territorial en la creación de empleo vino, precisamente, del campo. Más de tres cuartas partes del empleo creado surgió fuera de las grandes ciudades, con los centros poblados y el rural disperso creciendo un 7,9 %. Las trece principales ciudades, en cambio, aportaron apenas 0,6 puntos porcentuales a la variación total.
“El informe de mayo sugiere que el Estado incrementó su planta de personal para atender las mayores necesidades operativas de la Registraduría asociadas al desarrollo de las elecciones. No obstante, también evidencia que, en medio de los problemas estructurales del sistema de salud, el envejecimiento poblacional y el mayor gasto de bolsillo de los hogares en este segmento, el mercado laboral del sector salud continúa exhibiendo un importante dinamismo”, indicó Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá en un análisis reciente.
Sobre la industria, Banco de Bogotá resaltó que el aumento del empleo se concentra en rubros específicos como bebidas, vehículos, refinación de petróleo y algunos segmentos de la agroindustria, “que han mostrado un desempeño favorable durante el inicio del año”.
Para el banco, las festividades de mitad de año y la celebración de eventos deportivos habrían favorecido la generación de empleo en las actividades de alojamiento y servicios de comida.
¿Qué clase de empleo se está creando?
Esta es una de las preguntas que resume buena parte de los retos actuales del mercado laboral colombiano y lo primero que hay que decir es que hay una diferencia sustancial entre un asalariado con contrato (es decir, con prestaciones y cotización a seguridad social) y alguien que trabaja por cuenta propia (el tendero, el conductor de aplicación, el electricista independiente, etc.), es decir, en la informalidad.
Los trabajadores por cuenta propia fueron el grupo que más creció en mayo: 273.000 nuevos frente al mismo mes de 2025, para un total de 10,08 millones, equivalentes al 41% de todos los ocupados del país.
Los empleados particulares también aumentaron, pero a menor ritmo: 199.000 más. “El empleo no asalariado creció más que el asalariado (5 % frente a 3 %), algo que no se había observado en los últimos tres meses”, señaló Mariana Quinche, economista de BBVA.
Por su parte, la informalidad bajó casi un punto porcentual, del 55,1% al 54,3 %, según el DANE. Son 13,3 millones de personas trabajando sin acceso pleno a seguridad social ni la estabilidad de un contrato. En las ciudades, la informalidad llega al 40,3 %, pero en los centros poblados y el rural disperso se mantiene en 83 %, exactamente igual que el año anterior. Ocho de cada diez trabajadores rurales siguen en la informalidad.
En este punto, hay que decir que una de las discusiones que ha acompañado el mercado laboral colombiano este año es si el histórico incremento del 23 % en el salario mínimo por parte del Gobierno ayudó o complicó la creación de empleo. Del lado del Ejecutivo, se ha defendido que el alza no destruyó puestos de trabajo y, de paso, mejoró las condiciones de millones de ocupados; del otro, parte del sector empresarial advierte que encareció la contratación.
El Informe Trimestral de Mercado Laboral de ANIF, con corte al primer trimestre de 2026, indica que tras el incremento del 23 % en el salario mínimo, los trabajadores formales que ganan exactamente ese piso pasaron de 3,3 a 3,6 millones, mientras los salarios justo por encima del mínimo fueron desapareciendo.
Y en las colocaciones del Servicio Público de Empleo, la proporción de empleos creados con salarios por encima del mínimo cayó del 18,1 % en 2024 al 10 % en 2026. En otras palabras, de cada diez empleos nuevos que se concretan por esa vía, nueve pagan exactamente el mínimo.
Para ANIF, el alza salarial benefició a millones de trabajadores, pero también produjo lo que los economistas llaman “compresión salarial”: en lugar de elevar toda la escala de ingresos, el incremento concentró los sueldos en el mínimo legal sin que los empleadores pudieran subir proporcionalmente los salarios más altos.
La conclusión del centro de pensamiento es que el alza del salario mínimo “no opera como una política redistributiva uniforme, sino como un choque asimétrico que penaliza con mayor intensidad a las ramas que concentran al grueso del empleo de baja calificación”.
Las brechas que persisten
En mayo, la tasa de desocupación femenina llegó al 9,9 %, la segunda vez en la historia del país que ese indicador entra a un solo dígito para las mujeres. “Este es un muy buen resultado para las mujeres, que son las que vienen jalonando las noticias que tenemos en mercado laboral”, dijo Urdinola en la rueda de prensa.
Aun así, la brecha frente a los hombres (que registraron 6,6 %) sigue siendo de 3,3 puntos porcentuales.
Por otro lado, el desempleo por ciudades refleja la desigualdad rampante en Colombia. Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá señala que mientras Quibdó bajó casi seis puntos (de 29,8 % a 23,9 %) y Pereira pasó de 9,9 % a 7,8 %, Cartagena subió 3,3 puntos hasta 12,8 % y Santa Marta aumentó 3,4 puntos hasta 11,7 %, movimientos que van en dirección contraria al promedio nacional.
El desempleo juvenil, medido en el trimestre móvil marzo-mayo, bajó al 15,3 %, su nivel más bajo en la serie histórica. Pero sigue casi duplicando la tasa nacional, y las disparidades territoriales son igual de marcadas: Quibdó encabeza ese ranking con 35,8 %, seguida de Cartagena con 23,1 %. En el extremo opuesto aparecen Neiva con 11,8 %, Pereira con 11,9 % y Villavicencio con 12,9 %.
Al corte del primer semestre
Este viernes, cuando el DANE publique el dato de junio, el mercado laboral colombiano sabrá si la tendencia a la baja en este indicador se sostiene. Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá estima que el desempleo en las 13 principales ciudades cerrará el año en 9,2 % y llegará a 9,3 % en 2027, advirtiendo que el mercado seguirá “influenciado por fuerzas encontradas: actividad aceptable versus mayores costos de contratación”.
ANIF, por su parte, proyecta una tasa nacional de 9,1 % a fin de año, y lanza una advertencia que vale la pena tener en mente al leer el dato del viernes: los efectos del incremento del salario mínimo sobre el desempleo y la informalidad “podrían materializarse en la segunda mitad del año”.
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