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A veces creemos que la moda es un producto, pero si lo pensamos con un poco más de detenimiento, es un servicio. Sin duda, compramos sacos, pantalones y zapatos, pero los comparamos para usarlos no para consumirlos. En adición a que la tendencia y la marca en sí mismos también nos brindan un servicio de identidad.
Curiosamente los hombres tenemos un mayor peso en el mercado, pese a las creencias sobre las compras de moda de las mujeres. Esto tiene una explicación muy simple: la ropa de hombre es más cara y compramos menos, las mujeres compran más a menos precio. Esto indica que ellas entienden mejor este mercado y que nosotros somos demasiado tradicionales para hacer cambios más frecuentes en nuestro armario.
Esto está siendo comprendido y utilizado por las grandes cadenas de moda, que están lanzando colecciones cada mes, con el fin de capturar el mercado que está dispuesto a cambiar continuamente, como la mayoría de las mujeres y la población joven; por el contrario, nosotros los hombres ya no tan jóvenes, por mucho nos hemos quitado la corbata y comenzamos a usar ropa de colores para la práctica de deportes.
Por esto debemos cambiar, debemos comprender que la ropa no es un gasto, es un servicio que tiene un solo pago (a menos que compremos con tarjeta de crédito, lo cual sería muy racional), y ese servicio tiene un retorno mayor que el de abrigarnos: nos actualiza, nos visualiza y nos complementa, o, ¿no se ha dado cuenta que cuando usted estrena ropa, las mujeres sí se dan cuenta?