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Creciente afluencia de acero de China empuja a Latinoamérica a imponer aranceles

México, Chile y Brasil han aumentado —y en algunos casos duplicado con creces— los aranceles sobre los productos de acero procedentes de China en las últimas semanas. Colombia puede estar a punto de hacer lo mismo.

Zaporizhia (Ukraine), 20/02/2023.- A steel worker at a blast furnace of the Zaporizhstal steel plant in Zaporizhia, southeastern Ukraine, 20 February 2023 (issued 23 February 2023), amid Russia's invasion. Zaporizhstal, one of the largest steel companies in Ukraine, said in a statement that in January 2023 it produced 166.4 thousand tons of hot metal, 89.9 thousand tons of steel, and shipped 73.0 thousand tons of rolled steel. The steel maker reported decreased production levels compared to the same period in 2022 citing a shortage of raw materials and logistical issues caused by the ongoing Russian invasion of Ukraine as well as reduced consumption of electricity as a result of Russia's missile attacks targeting Ukrainian energy infrastructure across the country. Russian troops entered Ukraine on 24 February 2023 starting a conflict that has provoked destruction and a humanitarian crisis. (Atentado, Rusia, Ucrania, Estados Unidos) EFE/EPA/OLEG PETRASYUK ATTENTION: This Image is part of a PHOTO SET
Fabricación de acero. Imagen de referencia.
Foto: EFE - OLEG PETRASYUK

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Una tras otra, las naciones latinoamericanas están siguiendo los pasos de Estados Unidos y Europa al imponer aranceles prohibitivos a las importaciones chinas.

Los gravámenes pueden parecer fuera de contexto, dado el modo en que la superpotencia asiática se ha afianzado en América Latina en los últimos años. China se ha convertido en el mayor comprador de materias primas de la región y en un importante inversionista. Al mismo tiempo, Latinoamérica ha proporcionado a China otro mercado para vender sus productos mientras se enfrenta a los duros aranceles estadounidenses y europeos. Está enviando a América Latina casi 10 millones de toneladas de acero al año, valoradas en US$8.500 millones, lo que supone un enorme incremento respecto a las escasas 80.500 toneladas del año 2000, según la asociación regional del acero Alacero.

Ahora, esa relación está siendo puesta a prueba por un giro global hacia el proteccionismo, y una avalancha de importaciones chinas que amenaza con dejar fuera del negocio a los productores de acero latinoamericanos y poner en riesgo un total de 1,4 millones de puestos de trabajo.

“Se trata de una importante prueba de los intereses y las intenciones de China”, declaró Margaret Myers, directora del programa sobre Asia y América Latina del Diálogo Interamericano. También es una “prueba de la determinación latinoamericana para desafiar al que es un socio económico fundamental”.

Brasil introducirá pronto un sistema de cuotas arancelarias para poner fin a los precios predatorios de la aleación importada. Aunque el anuncio oficial no menciona a China, el aumento de 62 % de los envíos chinos el año pasado, hasta 2,9 millones de toneladas, está detrás de la medida, dijeron personas con conocimiento del asunto.

“Es una señal para el mundo de que Brasil tiene normas, no es tierra de nadie”, declaró Marco Polo de Mello Lopes, director de la asociación industrial Aco Brasil, que mantuvo conversaciones con el Gobierno durante nueve meses antes de que anunciara las nuevas normas.

Sin embargo, contraatacar a China puede ser arriesgado, sobre todo para las pequeñas economías exportadoras que dependen de la demanda china para sus ventas de materias primas, desde cerezas hasta cobre.

Hay muchos ejemplos de cómo Pekín ha suspendido compras e inversiones como reacción a lo que considera medidas injustas y unilaterales. Hubo un breve periodo durante el cual China prohibió los productos de soja procedentes de Argentina en respuesta a medidas antidumping de gran alcance. Tras la detención en 2018 de una ejecutiva de Huawei en Vancouver, China bloqueó los envíos de canola de dos empresas canadienses.

El Ministerio de Comercio de China no respondió a una solicitud de comentarios sobre los recientes aranceles impuestos por las naciones latinoamericanas.

Para el autoproclamado líder del Sur Global, existe también un riesgo simbólico más amplio derivado de un posible frente unido contra sus exportaciones.

“En cierto modo, estos países en desarrollo son el mejor indicador del interés comercial mundial por China”, afirma Christopher Beddor, director adjunto de investigación sobre China de Gavekal Dragonomics. “Sugieren que los muros proteccionistas contra los productos chinos se están levantando en muchos lugares diferentes, no solo en los países ricos”.

Crisis existencial

La relación comercial de América Latina con China también ha tenido, en muchos sentidos, un impacto positivo en la región.

La economía de Chile, por ejemplo, se ha beneficiado enormemente del envío de materias primas a China y de la recompra de productos procesados o manufacturados. La estrategia de libre comercio del país (incluidos acuerdos bilaterales con China y Estados Unidos) abrió enormes mercados para sus uvas, vinos, salmón, pulpa de madera y minerales, lo que lo ayudó a convertirse en una de las naciones más prósperas de la región.

Pero al igual que otras economías impulsadas por las exportaciones productos básicos, Chile ha tenido dificultades para competir en mercados de productos procesados, como convertir litio en bruto en componentes de baterías o mineral de hierro en productos de acero.

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Para Brasil, tener los mejores yacimientos de mineral de hierro del mundo no basta para que sus acerías sean competitivas frente a China, aunque haya desarrollado cierta capacidad de fabricación.

Tomemos como ejemplo la minera Vale SA, que extrae mineral de hierro de la tierra roja de la Amazonía brasileña. Gran parte de él se envía al puerto chino de Qingdao y se introduce en cualquiera de los cientos de enormes acerías del país. Allí se granalla y se le da forma de productos de aleación básicos.

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El problema es que cuando parte de ese acero hace el viaje de vuelta, llega a los fabricantes brasileños con un fuerte descuento respecto de los precios que cobran las acerías locales propiedad de Gerdau, CSN y ArcelorMittal.

En Colombia, donde los envíos chinos llegan con un descuento de 50 %, la siderúrgica Paz del Río ha pedido al Gobierno que eleve los aranceles a la importación y le ayude a recuperar la rentabilidad, según declaró el mes pasado en una entrevista su director ejecutivo, Fabio Galán. La afluencia de aleación china no solo pone en peligro los puestos de trabajo, sino que ha desplazado por completo a las importaciones de Brasil y México, según la empresa. En lo corrido del año hasta abril, 92 % de las importaciones de alambre de acero procedían de China y Rusia.

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Lea también: Siderúrgica colombiana apuesta por mayores aranceles para la importación de acero

Al mismo tiempo, los inversionistas chinos también han sido un socio clave para las naciones latinoamericanas que buscan llevar llevar más allá sus economías impulsadas por las materias primas. El país se ha convertido en una importante fuente de ingresos en América Latina y el Caribe, invirtiendo US$187.500 millones entre 2003 y 2022 en sectores como la energía, el transporte y la minería, según un informe del Diálogo Interamericano.

Con los aranceles recientemente impuestos, las naciones latinoamericanas pueden estar apostando a que China está ahora tan arraigada en la región que Pekín no tomará represalias. Se espera que el presidente Xi Jinping realice su primer viaje a Sudamérica en cinco años para las cumbres de líderes de APEC y G20, poniendo un renovado enfoque en las relaciones en la región.

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Además, si bien la cantidad de acero chino que ingresa a América Latina es significativa para la región y perjudicial para las acerías locales, representa alrededor del 1% de los mil millones de toneladas métricas que las acerías chinas producen cada año. Eso puede minimizar el riesgo de irritar Pekín.

“Estos países tienen potencialmente más influencia que en el pasado porque son más críticos como destino para muchos de estos bienes”, dijo Myers. “Dicho esto, todavía dependen enormemente de China. Así que todos caminaremos por esta delgada línea”.

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