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Cuento chino

Todos nos maravillamos con la impresionante exhibición que hizo China en la inauguración de los Olímpicos, mostrando todo su poderío y entrando definitivamente y con pie derecho al cerrado grupo de las superpotencias.

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Pues bien, ahora parece que la niña que cantó no era ella, porque ésta es bonita pero no canta y aquella lo contrario y que los fuegos artificiales, protagonistas porque fueron inventados en China,  tenían un pequeño retoque digital (hecho, probablemente, con algún programa desarrollado en la India o en E.U.).

¿Cuántas veces le ha sucedido que las cosas que compra no son lo que parecen inicialmente? A mí, personalmente, muchas veces; algunas por culpa mía (no leí bien la información disponible o confié más en mi opinión que en lo que me decía el fabricante) y otras veces, desafortunadamente, porque los fabricantes no fueron lo suficientemente claros con su comunicación, por no decir que fueron deliberadamente confusos.

La Asociación de Mercadeo Americana (AMA, por su sigla en inglés) inicia su código de ética así: “Los ejecutivos de mercadeo no harán daño”. Y más adelante continúa: “…el ejecutivo de mercadeo no deberá hacer nada que lesione el sistema general del mercadeo o su credibilidad”.

¿Qué quiere decir, realmente, no hacer daño y procurar que nuestras acciones aumenten la confianza en el sistema general de mercadeo? Si bien son afirmaciones amplias, no dan cabida a segundas interpretaciones: no hacer de manera consciente algo que produzca daño a otra persona o entidad; o que lesione el libre intercambio de bienes, servicios e ideas entre seres humanos, libres de tomar decisiones según la información disponible y para su propia conveniencia (cualquiera que ella sea). Así, prometer un beneficio que no se puede cumplir o maquillar un producto para hacerlo más atractivo al consumidor potencial, lesiona la credibilidad en el sistema general de mercadeo y puede llegar a producir daño al comprador incauto y, por lo tanto, va en contra de este código de ética.

Si el doblaje en la ceremonia se hubiera hecho para evitar un gallo o un olvido de una pequeña de nueve años que es observada por todo el mundo, todos lo hubiéramos aceptado con una sonrisa de infantil complicidad, pues es un temor verdadero y real. El engaño no es el doblaje, es que la niña que vimos no canta, estaba allí porque era la cara del país ante el mundo; tal como lo afirmó el director artístico de la ceremonia.

Yo no sabía de dónde venía eso del “cuento chino”. Ahora ya lo sé.

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