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Y eso fue lo que pareció vivir este lunes Argentina, después de que el viernes, por causa de la devaluación del peso autorizada por el Gobierno, no sólo se agitara su propio mercado sino que se desencadenara una reacción en los vecinos, en la región, en el continente y hasta en Europa, donde están enlistadas algunas de las principales empresas que proveen servicios en Suramérica.
La decisión, que aseguraba que desde ayer lunes los particulares podían volver a comprar dólares para usarlos o ahorrarlos con la finalidad de abaratar la moneda paralela, no tuvo respuesta en las calles de Buenos Aires, y pasado el mediodía el dólar “Blue” o “Messi”, como ya llaman a la moneda, retomó la senda alcista. La cotización, de acuerdo con la agencia EFE, tuvo “un alza superior al 3%, con un precio de 12,40 pesos” por cada billete estadounidense.
La medida básicamente asegura que los argentinos “podrán comprar hasta US$2.000 mensuales —trabajadores, profesionales y empresarios pequeños— con ingresos declarados ante la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP)”, detalló Jorge Capitanich, ministro de Economía, con la intención de que las personas dejen de comprar en las calles, adquieran el oficial y de esa forma abaraten el precio del “paralelo”. El viernes, tras anunciarse la medida, se logró que la cotización cayera 12 pesos, un 8%, pero ya el lunes el billete oficial tan sólo había subido un centavo pasado el mediodía y se vendía a 8,01 pesos.
El Gobierno aún espera que se sienta el impacto de la flexibilización de las restricciones cambiarias que comenzó a aplicar a finales de 2011 respecto a la compra de moneda, aunque sigue vigente el impuesto del 35% para las compras con tarjeta de crédito en el extranjero y para la adquisición de billetes aéreos y paquetes turísticos internacionales.
“Esto no será la desaparición del Blue. Todo dependerá de cuánto se abra el grifo de dólares y el grifo se está abriendo bien poco”, dijo a la televisión Rodrigo Álvarez, de la consultora Analytica. Pero en realidad no parece que se logre un mayor impacto si se tiene en cuenta que el Gobierno asegura que la inflación es casi tres veces menor que la estimada, incluso, por el Fondo Monetario Internacional (FMI).