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El Departamento de Comercio de Estados Unidos informó el jueves que el producto interno bruto (PIB) creció a una paupérrima tasa del 0,6 por ciento anual en el trimestre octubre-diciembre de 2007. El indicador -prácticamente idéntico al del mes anterior- es una prueba contundente del grado de debilidad de la economía, que había registrado un 4,9 por ciento en el trimestre anterior.
El PIB mide el valor de todos los bienes y servicios producidos en Estados Unidos y es el mejor barómetro de la salud económica del país.
Pero ante este sombrío panorama el futuro tampoco parece prometedor. Muchos economistas opinan que el crecimiento del trimestre enero-marzo será aun menor al 0,6 por ciento del anterior. Cada vez son más quienes creen que la economía se está retrayendo. Según algunos cálculos, la economía necesita contraerse durante seis meses seguidos para que se considere que está en recesión.
El informe del jueves subrayó los daños causados a la economía por el desplome del mercado de la vivienda, que ha reducido los precios de las casas, aumentado los restos hipotecarios a niveles récord y dejado un excedente de casas sin vender.
Simultáneamente, los constructores redujeron los gastos en proyectos de construcción en nada menos que un 25,2 por ciento en el cuarto trimestre -sobre una base anual-, en la mayor reducción en 26 años.
Para limitar el daño, la Reserva Federal tomó varias acciones extraordinarias. Redujo una tasa de interés clave en los dos últimos meses en mayor proporción en un cuarto de siglo. Y para aliviar las presiones en Wall Street -que se intensificaron después de la caída de la firma de inversiones Bear Sterns-, el banco central ha apelado a su mayor expansión de la autoridad prestataria desde los años 30. Las grandes firmas de valores serán autorizadas temporalmente a pedir préstamos directamente a la Reserva Federal, privilegio que era exclusivo de los bancos comerciales.