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Ecopetrol avanza en su estrategia de comprar proyectos de fuentes no convencionales de energía renovable para su autoconsumo. Esta semana la empresa cerró el negocio con Enel Colombia para quedarse con Windpeshi, ubicado entre los municipios de Uribia y Maicao (La Guajira). La petrolera promete que el proyecto eólico permitirá optimizar el costo de la energía que consume y acelerar la transición energética, pero el camino para reactivar la construcción, que lleva dos años suspendida, está plagado de retos.
Según Ricardo Roa, presidente de Ecopetrol, la compra sumó unos US$50 millones y se invertirán otros US$350 millones para sacar adelante el proyecto. Windpeshi tendrá una capacidad de 205 megavatios para producción de energía eólica y aportaría un promedio de 1,006 gigavatios hora por año, que equivalen a entre 8 y 9 % de la demanda de energía total del Grupo Ecopetrol.
Pero, como dijo a este diario Joanna Barney, gerente e investigadora de Indepaz que le ha hecho seguimiento a los proyectos eólicos en La Guajira, al comprar Windpeshi la empresa también compró sus problemas.

Las complejidades de Windpeshi
Enel suspendió la construcción en mayo de 2023. En ese momento la empresa explicó que, además de los recursos asociados a la consulta previa, invirtió más de $7.100 millones en proyectos relacionados con educación, acceso a agua y desarrollo económico. Aunque la compañía dice que estuvo presta al diálogo y la concertación, las obras estuvieron detenidas la mitad del tiempo laboral en 2021 y 2022. Para 2023 la situación fue todavía peor.
Windpeshi tenía licencia ambiental y papeles al día, pero, en palabras de Barney, se suspendió porque no tenía “licencia social”. La también autora del libro “Por el mar y la tierra guajiros, vuela el viento wayuu” dice que en este y en otros proyectos en el departamento la representatividad de las comunidades ha sido un problema.
También lea: Ecopetrol compró Windpeshi con el viento en contra: retos de reactivar el proyecto
Las consultas previas, dice Barney, se han hecho generalmente con las autoridades tradicionales, que son las que tienen certificación del Ministerio del Interior y reciben las transferencias de la nación, pero no se han tenido en cuenta a los ancestrales, que para los wayuu son la autoridad legítima. “A veces coinciden los liderazgos tradicionales y los ancestrales, pero no siempre es así y no siempre se reconoce”, explica la investigadora de Indepaz.
Estas son solo algunas pinceladas para entender las disputas que rodean al proyecto. Un estudio de caso sobre Windpeshi, que se realizó en el marco de un contrato entre la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) y la Fundación Paz y Reconciliación, menciona que familias wayuu en los años 70 y 80 se trasladaron del territorio, principalmente a Venezuela, pero en 2017 cuando muchos retornaron “se desataron disputas internas de la comunidad por la tierra”.
También explica que cuando se abrió el espacio para que terceros asesoraran a las comunidades durante las consultas, se “desbarataron” acuerdos que ya estaban establecidos, porque las exigencias cambiaron y algunas iban “más allá del marco de actuación de la empresa”.
El estudio del caso detalla una de las conflictividades sociales más relevantes para la suspensión de Windpeshi: la de la comunidad de Romana, una de las 13 que están en la zona de influencia del proyecto. Enel ya tenía acuerdos con Romana, pero un sector de esa comunidad, conocido como Julapa, pidió una consulta previa aparte porque tenía otras exigencias. Ante la falta de acuerdos, Julapa, bajo la asesoría de una ONG, impidió el traslado de personal y maquinaria al parque eólico, dice el documento.
Como concluye el análisis de la UPME, las disputas internas retrasan los procesos de construcción, porque las comunidades piden constantemente que se revisen las consultas previas y los acuerdos que ya estaban establecidos.
Los problemas entre clanes wayuu no fueron el único obstáculo para el proyecto. Barney cuenta que en su momento las comunidades denunciaron presuntas prácticas ilegales por parte de subcontratistas, como posibles captaciones de agua en el acueducto de Uribia (una práctica que está prohibida por la falta de agua en el departamento) y también plantearon dudas sobre la procedencia del material que se usó para la adecuación de una carretera incluida en el proyecto.
En mayo de este año, la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) inició una investigación sancionatoria contra Enel por posibles incumplimientos ambientales, puntualmente, porque habría acopiado material de construcción en áreas de exclusión definida en la zonificación de manejo ambiental y por fuera del área autorizada para las obras sin haber solicitado la modificación de la licencia ambiental. Sobre este punto, Roa dijo el lunes que en la negociación con Enel se incluyó una cláusula de indemnidad para Grupo Ecopetrol.
Los pros y las dudas que genera el negocio
Por ahora es difícil determinar qué tan buen negocio hizo Ecopetrol. Andrés Duarte, gerente de análisis financiero de Corficolombiana, dice que todavía no se tienen los elementos para llegar a una conclusión de ese tipo. Por un lado, Enel castigó su inversión y negoció la venta a un precio menor, en ese punto habría una ganancia para la petrolera estatal, pero el proyecto no está terminado.
El avance en el cronograma de construcción de Windpeshi es del 64 %, según un informe publicado por la UPME, con corte a diciembre de 2024. Inicialmente, el parque eólico tenía que entrar en operación el 8 de noviembre de 2021.
La gran pregunta es si Ecopetrol podrá sortear las dificultades que le impidieron al anterior dueño terminar el parque eólico. Enel Colombia no es una empresa “novata” en el desarrollo de proyectos en el país. De hecho, tras la venta dijo que enfocará sus esfuerzos en la operación y construcción de parques solares: ya tiene cuatro plantas fotovoltaicas, que al cierre de 2024 sumaron 35 % de la energía solar que entró al Sistema Interconectado Nacional.
“Ecopetrol, dentro del proceso de gestión del proyecto en mención, deberá concertar con las comunidades relacionadas con el proyecto, así como con las autoridades locales, las rutas de diálogo y la concertación que permitan su ejecución en el marco del respeto a las dinámicas socioculturales del pueblo indígena wayuu (…) En La Guajira, Ecopetrol ha realizado procesos de diálogo y relacionamiento temprano desde 2010 para tres proyectos “offshore” y un proyecto de sísmica, incluyendo consultas previas con 431 comunidades, de las cuales 120 son comunidades de pescadores, por lo que cuenta con experiencia y conocimiento del territorio”, dijo la empresa a El Espectador.
La petrolera inaugurará este mes la oficina de atención social en La Guajira y planea retomar la construcción en el tercer trimestre del año para que el proyecto pueda entrar en operación en 2028.
Si bien el diálogo es la única salida para conseguir acuerdos con las comunidades, Barney señala que Ecopetrol debe plantearse la pregunta de “el diálogo con quién”, considerando las complejidades antes descritas. Aunque acercarse a las comunidades es el camino, para ella nada garantiza que terminen aceptando todos los proyectos: “No se puede seguir entendiendo a La Guajira como un territorio donde cualquiera puede ir a poner una empresa”.
Para Luis Guillermo Baquero, gerente de la Mesa Más La Guajira de la Andi, la decisión de Ecopetrol es una muestra de que La Guajira superó la “crisis de inviabilidad” en los proyectos eólicos.
Entre otras cosas, cuenta que a partir de la experiencia de estos años, la Andi ha trabajado en los procesos de relacionamiento que deben seguir las empresas que llegan a La Guajira, desde el conocimiento y respeto del sistema normativo wayuu.
Agrega que ya se han resuelto temas claves para los proyectos eólicos en La Guajira: “Había mucha incertidumbre sobre Colectora (línea de transmisión que conecta siete parques al sistema nacional), pero el proyecto está avanzando, y seguramente el próximo año ya tendremos todo el tramo de transporte de energía completo”.
El punto de conexión aprobado por la UPME para Windpeshi es la subestación de Cuestecitas. Ecopetrol aseguró a este diario que “los trabajos necesarios para completar la conexión serán parte de la ejecución del proyecto”, que reanudaría actividades a finales de este año.
La apuesta de Ecopetrol
La compra de Windpeshi no es la primera jugada de este tipo que hace la petrolera estatal; de hecho, este año suscribió un acuerdo marco de inversión para quedarse con el 49 % del parque eólico Jemeiwaa Ka’i, propiedad de AES Colombia (también está en La Guajira) y firmó un acuerdo para comprar nueve proyectos renovables, tres eólicos y seis solares que estaban en manos de Statkraft.
Respecto a las movidas que está haciendo Ecopetrol, Julio César Vera, presidente de Xua Energy, dice que está previsto en la estrategia 2040 que la empresa siga creciendo en proyectos de energía renovables para cubrir las necesidades de generación de energía, reemplazando otras fuentes más costosas y contaminantes, pero sin dejar de lado el desarrollo de su negocio principal: petróleo y gas.
“Por ahora estos proyectos complementarán y facilitarán la actividad primaria de Ecopetrol, pero si en algún momento la visión es abandonar definitivamente el petróleo y el gas, como no lo está haciendo ninguna petrolera a nivel global, sería un craso error”, afirmó Vera.
Como afirma Duarte, la generación de energía “no es reemplazo en absoluto del negocio de exploración y producción de petróleo y gas”. De todas formas, el gerente de análisis financiero de Corficolombiana reconoce que mientras el presidente Gustavo Petro ha planteado que la empresa debe convertirse en la más grande de energía renovable de fuentes no convencionales, la dirección de Ecopetrol ha sido clara en que entrará en el sector, pero para la autogeneración de energía.
Duarte señala que, como la petrolera es uno de los grandes consumidores de energía de Colombia, todavía tiene posibilidades para seguir comprando proyectos. La apuesta de Ecopetrol de reactivar la construcción de Windpeshi este año es ambiciosa. Teniendo en cuenta las múltiples tensiones que persisten en la relación con las comunidades, este podría ser un intento fallido o una luz al final del túnel para los proyectos eólicos en La Guajira.
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