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EE.UU. vende parte de AIG

Cuando el accionista mayoritario de una compañía anuncia que venderá la mayoría de su posición, generalmente hay un fuerte golpe a los precios.

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Sin embargo, las acciones de AIG respondieron con equilibrio a la noticia de que el Tesoro de Estados Unidos vendería US$21.000 millones de su participación, que es más de un tercio de la capitalización de la compañía en el mercado. El Tesoro ya había vendido US$23.000 millones en pequeños bloques de acciones.

No obstante, esta última venta es mayor de lo esperado y la respuesta demuestra lo alcistas que siguen estando los inversionistas en torno al tema de las acciones que han subido casi 50%. El entusiasmo está sustentado en la reducción de la participación del Gobierno, en las ventas de activos no centrales y en un plan de recompra de acciones que es muy favorable por la baja valoración de las acciones.

Cada bloque de acciones que el Gobierno vende sin aplastar las acciones de AIG aumenta la probabilidad de que el resto de la participación se venda de forma equilibrada. Ésta es la fuente legítima de la confianza inversionista. De igual manera, es justo incorporar el activo tributario diferido de la compañía en la valoración (que William Blair estima tiene un valor de US$6,45 por acción), asumiendo que AIG sigue siendo rentable. Y los activos no centrales, entre los que se destaca la aseguradora asiática AIA, en la que AIG tiene una participación de US$6.000 millones, son una fuente importante del valor, asumiendo que el mercado para el crecimiento de activos asiáticos sigue siendo fuerte.

La recompra es más problemática y así son siempre las ganancias. Es cierto, AIG está comerciando a la mitad de su balance, haciendo que las recompras sean muy rentables para registrar más valor por acción, pero lo que importa en una aseguradora en última instancia no es el exceso de valor de sus activos sobre sus pasivos, sino la habilidad para ganar más sobre sus activos de lo que debe pagar en sus pasivos, como lo refleja su retorno sobre acción. El ROE de AIG, que es de un solo dígito y está en una cifra media, sigue también muy por debajo del de sus pares. AIG no está comprando dólares por 50 centavos, está utilizando efectivo para lograr, por ahora, lo que no puede alcanzar mediante la excelencia operativa.

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