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Su fórmula, adoptada por empresas de la talla de Audi, McDonald’s, Orange IBM o Google, se basa en consejos como fomentar los espacios de descanso; liberar de la rutina rígida a los empleados para que trabajen, a su ritmo, en la consecución de una meta común; y eliminar aquellas tareas que, por ir contra reloj, no fomentan la productividad.
Estos consejos les han permitido a las compañías que las aplican reducir en un 19% las enfermedades en la plantilla y aumentar la productividad en 12%.
Pero otra gran parte en ese triunfo se produce gracias a la comunicación dentro del lugar de trabajo, asegura Harrison Monarth, consultor empresarial, autor experto en técnicas para mejorar la influencia dentro de las organizaciones y otro de los invitados de la jornada de Foros El Espectador.
Ese efecto es posible en cualquier contexto si la persona está dispuesta a atender la retroalimentación de los demás, si entiende qué es lo más importante para ellos, sabe manejar su estatus sin abusar del poder, comprende las políticas y prácticas de la organización en la que se encuentra, y piensa como un líder.