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El banco de los ricos emergentes

Es respaldado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

16 de julio de 2014 – 11:46 a. m.
El Nuevo Banco de Desarrollo fue fundado ayer por los gobernantes de los BRICS, el grupo conformado por las cinco economías en desarrollo más grandes del mundo. En la imagen, de izquierda a derecha: Vladimir Putin (Rusia), Narendra Modi (India), Dilma Rouseff (Brasil), Xi Jinping (China) y Jacob Zuma (Sudáfrica). / EFE
El Nuevo Banco de Desarrollo fue fundado ayer por los gobernantes de los BRICS, el grupo conformado por las cinco economías en desarrollo más grandes del mundo. En la imagen, de izquierda a derecha: Vladimir Putin (Rusia), Narendra Modi (India), Dilma Rouseff (Brasil), Xi Jinping (China) y Jacob Zuma (Sudáfrica). / EFE
Foto: EFE - Jarbas Oliveira

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El gran sueño del tercer mundo acaba de convertirse hoy en una realidad. Se trata del Nuevo Banco de Desarrollo, la banca multilateral fondeada por el grupo de los BRICS, las economías emergentes más grandes del mundo (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). El proyecto había nacido el año pasado como una alternativa de financiamiento más barato y asequible para los países en vía de desarrollo, en especial aquellos donde las obras de infraestructura y las inversiones sociales pueden generar no solo crecimiento del PIB sino una disminución de la pobreza.

«Las cinco grandes economías emergentes avanzan hacia una nueva arquitectura mundial», aseguró Dilma Rouseff, presidenta de Brasil y anfitriona de la cumbre anual del grupo que se celebró hoy en la ciudad de Fortaleza. Fue el escenario perfecto para sentar las bases de la nueva institución, que tendrá su sede de operaciones en Shanghái (China), su principal oficina regional se abrirá en Sudáfrica y será dirigido por un ejecutivo indio (su nombre no se reveló).

En cuanto a su solidez financiera, el banco contará con un capital suscrito de US$50.000 millones, de los cuales cada socio aportará US$10.000 millones; sin embargo, en la reunión se autorizó la ampliación de sus fondos hasta llegar a los US$100.000 millones. Además, la institución contará con Acuerdo de Reservas de Contingencia (CRA, por sus cifras en inglés), que funcionará como un fondo para enfrentar posibles crisis financieras. Dicha herramienta se constituirá con aportes de distintos volúmenes por miembro fundador: China aportará US$41.000 millones mientras que Rusia, India y Brasil proveerán una cuota cada uno de US$18.000 millones; por su parte, Sudáfrica girará los US$5.000 millones restantes.

«Ambos instrumentos se convertirán un medio muy poderoso para prevenir nuevas dificultades económicas», anunció Vladimir Putin, presidente de Rusia, al tiempo que su similar chino, Xi Jinping, definía el nuevo desafío que el grupo económico tendrá por delante con la constitución de estas instituciones: «Precisamos trabajar en la mejora de la gobernanza económica a nivel global. Aumentar la representatividad y la voz de los países en desarrollo».

Esta nueva propuesta de financiamiento, no obstante se, consolida como una alternativa a la arquitectura financiera mundial establecida desde la segunda mitad del siglo XX por las principales potencias económicas de Occidente a través del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Dichos organismos multilaterales recibieron posteriormente, en los años 80, duras críticas por las recetas económicas que recomendaron a los entonces países en desarrollo que enfrentaron grandes déficits en sus cuentas, especialmente en América Latina y Asia. Dichas recetas, aunque posteriormente permitieron balancear sus finanzas (de hecho, fueron la base de su actual apogeo económico), también asentaron la desigualdad social de dichas economías.

En el caso latinoamericano, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), fundado en 1959 y con sede en Washington, se ha convertido en un aliado esencial para el desarrollo de la región al respaldar proyectos concretos en áreas específicas como educación, desarrollo de la niñez, igualdad, entre otros. Pero sus críticos resaltan impactos negativos sufridos por las comunidades indígenas que han sufrido el deterioro de su cultura y de su ecosistema.

Aun así, la aparición del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS se da en una coyuntura especial. Debido al acelerado crecimiento de sus economías, los países latinoamericanos han enfrentado una renovada ola de demandas para que utilicen dichos recursos en disminuir las desigualdades sociales, necesidad que conlleva a inversiones anuales del orden de US$400.000 millones. A pesar de la prominencia de otras alternativas de financiación, como el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF, una iniciativa que se originó en el seno de la Comunidad Andina de Naciones) o el brasileño Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), los recursos no son suficientes.

El incentivo de la banca multilateral para suplir dichas necesidades se debe, además, a la transformación del anteriormente llamado tercer mundo, que hoy está conformado por economías con crecimientos mayores a las europeas, que están insertándose a la productividad global como proveedores de commodities (materias primas), transformadores de los mismos, o aportantes de productos y servicios de valor agregado. Esa dinámica los obliga a atraer inversiones y mantener unas finanzas equilibradas, requisito para mantener dichos capitales. Hoy, el riesgo de caer en una cesación de pagos es un lujo que no pueden permitirse.

“La bonanza debe aprovecharse para realizar avances estructurales muy importantes que nos lleven de un modelo basado en la exportación de materias primas y bienes no elaborados, a economías de ventajas competitivas donde haya mayor innovación, tecnología y valor agregado”, reconoció Enrique García, presidente del CAF, en entrevista publicada por El Espectador. Dicho organismo aprobó US$10.000 millones en préstamos a la región entre 2009 y 2013.

Se espera que el nuevo banco fundado hoy por los BRICS realice su primer préstamo en 2016. Aún se desconocen sus políticas frente a áreas sensibles como banca de inversión privada o instrumentos de financiación, los cuales serán definidos en la actual cumbre de Fortaleza. Pero su presencia en la nueva arquitectura financiera supone un desafío a la forma en la que el tercer mundo venía financiándose. Y también una nueva esperanza para sus habitantes.

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