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Por la vía al aeropuerto, entre extensos cañaduzales y una que otra fábrica, se alza un enorme edificio blanco. Se construyó en menos de dos años en el corazón de la Zona Franca del Pacífico, en Palmira, y desde agosto de 2013 se ven en su interior grandes carretes de madera de un cable negro muy grueso.
Pero esa es sólo la cobertura, que guarda múltiples y coloridos hilos delgados, los artífices de que en Colombia y en buena parte de América Latina puedan hacerse negocios al instante, las familias acorten las distancias al comunicarse y sus países puedan fortalecer la economía con emprendimientos digitales.
Se trata de la nueva planta de la multinacional japonesa Furukawa Electric Group, uno de los principales jugadores mundiales en la fabricación de cableado de fibra óptica. Según el balance de su año fiscal, que concluyó en marzo pasado, registró ventas superiores a los US$9.000 millones.
En su objetivo por aprovechar el mercado latinoamericano, en plena ebullición con la instalación de múltiples redes de telecomunicaciones 4G y la ampliación del cubrimiento de internet, sus ejecutivos se vieron en la obligación de instalar una nueva planta para aprovechar la operación que cubren hoy desde Japón, Estados Unidos y Colombia.
Fue así como Colombia entró en sus planes. “Es el país con el crecimiento más fuerte en la parte norte de Suramérica, además de ser una economía muy fuerte. Y se ajustaba a nuestros planes de tener presencia con una planta en el océano Pacífico”, explica Foad Shaikzadeh, presidente de Furukawa Industrial.
Los planes de su expansión suramericana arrancaron hace ocho años, con la proyección del fortalecimiento de la clase media y de las industrias soportadas por las nuevas tecnologías. Hoy se traducen en una planta de 3.200 metros cuadrados, que genera 25 empleos directos y alrededor de 200 indirectos, con una inversión inicial de US$5 millones.
Es la infraestructura necesaria para cumplir con el objetivo de producir 10.000 kilómetros de cable de fibra óptica al año. “La producción se inició en agosto de 2013. Creemos que en un plazo máximo de tres años llegaremos a nuestra máxima capacidad y podríamos facturar ventas anuales por US$20 millones”, comentó Paulo Zafaneli, gerente general de ventas internacionales de Furukawa.
Sus clientes inmediatos son operadores de la talla de Une, ETB o Emcali, al igual que firmas de soluciones de infraestructura como Asus o Columbus Networks, nombres que se multiplicarán con otros compradores en Ecuador, Perú, Venezuela, Centroamérica y buena parte de Chile. De allí que la multinacional decidiera trasladar su centro logístico de Panamá a Palmira.
Claro que en el futuro la apuesta promete ser aún mayor. “Estamos evaluando lugares para una segunda operación de montaje para conectores de infraestructura, la cual generaría otros 200 empleos directos”, adelantó Shaikzadeh.
Por supuesto, Palmira está entre las opciones, al igual que otras ciudades de Colombia y México. Porque Furukawa ha decidido que el eje de la operación serán sus clientes en Estados Unidos y para ello, según el alto ejecutivo, hay algo esencial: “Ese destino tiene que contar con un tratado de libre comercio con Washington”.
dmayorga@elespectador.com