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“El plátano es más rentable que el café”, asegura Joisy Mejía, productora antioqueña. A pesar de que proviene de una zona cafetera, como lo es el municipio de Caicedo, se radicó en Turbo para enfocarse en este cultivo de exportación.
La explicación que da Mejía para preferir el plátano es que se recoge todas las semanas, mientras que el grano se da en cosechas específicas. Esa renta constante que le deja la venta del cultivo es lo que le ha permitido sostener a sus tres hijos y expandir el negocio.
Otra es la historia de Ceveriana Borja, que optó por el cultivo como primera opción. Accedió a su tierra después de un proceso de invasión en el municipio de Turbo y la fue pagando. Hace más de 40 años es la propietaria y dejó de trabajar en casas de familia como método de sustento para dedicarse a las labores del campo. A pesar de las dificultades (control de enfermedades, baja productividad y bajo precio), ha sostenido su producción.
Plátano que da plata
Mejía y Borja son dos de los más de 131.000 productores que hay en Colombia, de acuerdo con estimaciones de la Asociación Hortifrutícola de Colombia (Asohofrucol). Estos se encuentran principalmente en los departamentos de Antioquia (12 %), Arauca (8 %), Meta (7 %), Chocó (7 %), Huila (7 %), Valle del Cauca (6 %), Córdoba (6 %), Tolima (5 %) y Quindío (5 %).
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El país tiene un área sembrada de 492.000 hectáreas y una producción de 4,9 millones de toneladas al año en 2024. Y aunque las evaluaciones agropecuarias establecen que la tasa de crecimiento anual compuesto de la siembra es del 1,92 %, las oportunidades en el exterior crecen a un mayor ritmo. Por eso, hay productores interesados en llegar a otros mercados del mundo sin intermediarios. Ese es el sueño de la Asociación de Plataneros Unidos de Pueblo Nuevo Unidos (Asoplun), de Necoclí (Antioquia). Son unas 60 familias que en 2012 se unieron para facilitar el acceso a insumos y fortalecer su volumen de producción. Ahora generan 10 empleos y trabajan en adquirir más tierras para aumentar el número de hectáreas sembradas. En su mejor momento, llegaron a producir entre 900 y 1.200 cajas a la semana, suficiente como para llenar un contenedor exportador. Por eso su meta es poder realizar esa operación directamente, dice Miguel Ángel Gómez, representante legal de Asoplun, quien llegó a allí para continuar con el legado de su padre, que fue uno de los fundadores.
“Comencé para no decepcionar a mi papá, pero cuando me metí y vi los beneficios y ventajas del cultivo, me enamoré de las maticas plataneras. Me enfoqué en Asoplun para pelear por los derechos de la comunidad y que la calidad de vida mejore para todos”, asegura Gómez quien, además, se desmovilizó entre 2004 y 2005 para dedicarse al campo y “llevar una vida recta”.
Patacón para el mundo
El norte es llegar a otros mercados, pues el precio puede ser hasta seis veces mayor en países de la Unión Europea o Estados Unidos en comparación con el mercado nacional, según Gómez. Incluso empresas que han sido exportadoras de banano, como Unibán, encuentran más rentabilidad en el plátano cuando se comparan ambos productos. Eso se ve reflejado en lo que se le paga al platanero y lo que se queda en la cadena, aunque todavía no está al grado de aceptación de una piña o un banano, resalta Manuel Laborde, presidente de la compañía.
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Para Unibán es rentable vender el producto en el exterior a pesar de que no tienen cultivo propio, sino que hacen la operación logística con productores como Mejía y Borja, pues los pequeños y medianos agricultores son quienes se dedican más a dicha siembra. La empresa llega a mercados diferenciados, sobre todo de productos exóticos enfocados en las poblaciones latinas, que consumen más plátano, hoteles y restaurantes.
Se trata de un producto que gana terreno y se expande en el mundo. Solo en Estados Unidos, de 2018 a 2024, ha crecido un 31 % y la llegada colombiana ha estado por el 30 % en los últimos dos años y en junio de este año iba en 47 % de aumento, asegura Ricardo Echeverri, gerente comercial de plátano en Estados Unidos para Fyffes Norteamérica y comercializadora de Unibán, y añade que Colombia les va ganando terreno a otros países que dominan el mercado, pues pasó de representar 11 % en 2022 a ocupar 19 %, mientras que Guatemala bajó del 53 % al 40 %, por ejemplo. Para Echeverri es una buena noticia, porque hay potencial de expansión y el origen colombiano es preferido por su sabor, dulzura y consistencia.
A Estados Unidos llegó el 42 % del plátano colombiano exportado y le siguió Holanda con el 16 %, en 2024. En ese año el producto sumó USD 140 millones representados en 172.000 toneladas. Ahora, al comparar el primer semestre de 2024 y el de 2025, el crecimiento es del 40,87 %, pues se pasó de USD 75,1 millones a USD 105 millones y 135.000 toneladas, según cifras de Asohofrucol. Dicha asociación expresa que el crecimiento se presenta gracias a que es muy demandado por los consumidores (verde y maduro) y para desarrollar procesos de fritura, obtener chips, patacones y otras preparaciones apetecidas por los consumidores.
Un fruto maduro
El país debe asumir varios retos que para aprovechar las oportunidades que ofrece el mundo para el plátano, producto que no ha sido tradicional en exportaciones. Echeverri sabe que la calidad y consistencia durante todo el año son claves para no perder clientes. Para lograrlo es fundamental que los productores aumenten el rendimiento de sus cultivos y disminuyan los costos de producción. Además, están los riesgos climáticos asociados al campo, que les pasan factura a los plataneros. Esto le ocurrió a Asoplun, pues el 70 % del cultivo se perdió debido a un vendaval y a inundaciones producto del desborde de un río, por lo que deben trabajar en restablecer el proceso productivo.
De su lado, Laborde, presidente de Unibán, agrega que se requiere más formalización del gremio y que se puedan certificar en el futuro, ya que todas las grandes cadenas de supermercados requieren que los productores estén certificados, lo cual exige inversión. Pero para que los productores tengan músculo, requieren un buen precio. Para Asohofrucol se deben combatir las fluctuaciones de precio o estabilizarlos en la medida de lo posible, aunque el comportamiento dependa de la oferta y demanda. Esos han sido los momentos más difíciles para Borja, pues se ha mantenido cuando ha habido tanto plátano que no hay quién lo compre o el precio baja mucho.
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Asohofrucol explica que, frente a una amenaza de una disminución en las exportaciones, la oferta en el mercado local sería mayor, por lo que les pagarían mucho menos a todos los que garantizan la disponibilidad de un producto esencial para múltiples preparaciones típicas de los colombianos.
Hasta ahora, la producción de plátano marca una fuerte tendencia al alza, lo que evidencia el potencial de un cultivo tradicional y familiar para generarles rentabilidad a los productores como Mejía, Borja y Gómez. Y si bien las exportaciones les ayudan a aumentar las ganancias, este factor termina siendo básico también para la salud del mercado nacional y la economía de las zonas rurales como la del Urabá.
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