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En China, 2014 es el año del caballo. En Alemania, parece ser el año en que tendrán que tragarse sapos. “Tragarse un sapo” es la expresión poco apetitosa que emplea Michael Fuchs, un parlamentario de Alemania, para describir la acción que se espera de grandes compañías listadas en el mercado, luego del compromiso del gobierno de imponer cuotas para mujeres en las juntas directivas.
Fuchs es una importante voz proempresaria en Alemania. Al querer decir que las cuotas para mujeres son el equivalente legislativo de los anfibios, estaba hablando por más de un político y empresario conservadores.
Las cuotas, que han sido resistidas durante mucho tiempo por el Partido Demócrata Cristiano (PDC) de Ángela Merkel y por la misma canciller, van por buen camino a causa de los resultados de las elecciones de septiembre. Al no tener una mayoría clara, el PDC formó una coalición con los social demócratas, lo cual les permite a sus rivales, ahora socios, insistir en que las cuotas obligatorias para mujeres deben ser un programa del gobierno.
Las compañías en el Reino Unido, que tiene un desagrado por las cuotas en la ley, también deben prepararse para la posible consecuencia de los eventos en Alemania, pues la presión se ha estado acumulando desde otra dirección. En noviembre, el Parlamento europeo votó en una mayoría de 459 contra 148, con 81 abstenciones, a favor de una propuesta de ley sobre cuotas obligatorias. Si suficientes gobiernos de la Unión Europea (UE) apoyan esta propuesta antes de las elecciones para la asamblea de la UE en mayo, se convertiría en ley.
En junio de 2013, 10 gobiernos la bloquearon: Alemania, Holanda, Suecia, el Reino Unido y seis países de Europa central y oriental. Sin embargo, el cambio en la marea política de Alemania hace menos seguro que Alemania seguirá obstruyendo las cuotas que imponga la UE. Un cambio en la posición de Alemania podría inducir a otros, aunque sin duda no al Reino Unido, a seguir su camino.
La mayoría de los opositores de las cuotas impuestas por la UE no están en contra de nombrar a más mujeres en las juntas directivas. Lejos de ello. Sencillamente quieren mantener el proceso bajo el control nacional e impedir que la UE se inmiscuya. Huelen un ligero aroma a hipocresía en países que apoyan duras leyes de cuotas en la UE, mientras que en la práctica tienen niveles muy bajos de mujeres en juntas directivas.
Las cifras de los países que se opusieron a las cuotas en la UE en junio generalmente son mejores. En abril de 2013, las mujeres representaban el 26,5% de las miembros de juntas directivas de grandes compañías listadas en Suecia. La cifra fue de 23,6% para Holanda, de 20,5% en Alemania y de 18,5% en el Reino Unido, según datos de la Comisión Europea.
Estos países estuvieron en cuarto, quinto, séptimo y décimo lugares en la tabla de 28 naciones de la UE. Al final estuvieron España, con 8,1%; Grecia, con 7,3%; Portugal, con 7,1%, y Malta, con 2,8%.
En Europa, las mujeres siguen estando muy poco representadas en las juntas directivas de las compañías, así como lo estuvieron hace dos años, cuando por primera vez hablé de este tema en la columna. En enero de 2012, la participación promedio de las mujeres en las juntas directivas de la UE fue de 13,7%. Para octubre de 2012 había aumentado a 15,8% y para abril pasado fue de 16,6%.
Estas cifras se refieren tan sólo a las grandes compañías listadas. En compañías más pequeñas, las mujeres a menudo tienen una representación todavía más baja, pues suelen escapar al intenso escrutinio público, y tienen juntas directivas más pequeñas, con menos espacio para directoras mujeres no ejecutivas.
Incluso en las compañías más grandes de Europa, el problema más serio es el lento avance de las mujeres por los cargos administrativos, hasta los niveles más altos de autoridad ejecutiva.
En este informe, la ley de borrador de la UE es actualmente algo tímida. Pone un objetivo de 40% para 2020 para la proporción de mujeres en las juntas supervisoras, o que tienen directores no ejecutivos. El objetivo de la coalición alemana es de 30%, desde 2016. No obstante, en Alemania, y en otros estados de la UE con administración de dos tipos, más mujeres se hallan en las juntas supervisoras que en las juntas de administración que tienen un poder ejecutivo real.
Además, su presencia en las juntas supervisoras a menudo refleja los esfuerzos de representantes laborales por llenar los puestos a los que tienen derecho por la ley de mujeres. Los representantes laborales no tienen esta influencia sobre los nombramientos en las juntas administrativas, donde los hombres tienen, mayoritariamente, el poder.
Finalmente, la posición a favor de una acción voluntaria, como en el Reino Unido, para nombrar a mujeres en las juntas directivas, se ve debilitada por la escasez persistente de altas ejecutivas mujeres en compañías británicas.