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El diálogo de los empresarios

Tres presidentes de grandes empresas y el líder del gremio más importante de Colombia se sentaron a discutir hacia dónde tiene que ir el país.

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¿Por qué cuatro empresarios, en medio de un encuentro de industriales, terminaron hablando de paz en un país que lleva 50 años con un agudo conflicto interno, recomendando el ajuste que debe tener la educación, pidiendo que la tecnología deje de ser vista como un privilegio de unos pocos, sugiriéndole al Gobierno que modifique estructuralmente su estatuto tributario para hacer más competitivo a Colombia e incentivando a que más y más colombianos tomen la decisión de lanzarse al agua del emprendimiento? Lo hicieron porque más allá de pensar a diario cómo hacer crecer sus poderosas compañías, tomaron la decisión de aportar desde sus exitosos modelos de administración y experiencia internacional en la construcción de la hoja de ruta que edifique a un mejor país. Así, sin rodeos.

El escenario no podía ser otro que la Asamblea general de la Andi, donde más de 2.000 empresarios de todos los sectores económicos buscaban escuchar tendencias globales de logística, avances sobre la modernización de la infraestructura, inserción en economías de primera línea y hasta conversaciones con líderes globales ranqueados por los más prestigiosos medios económicos que vinieron hasta Cartagena para hablar de lo que puede llegar a ser el futuro de la humanidad en medio de la anhelada abundancia. Sí, la abundancia de conocimiento que debe ser mejor aprovechada por las naciones, de acuerdo con la teoría de Peter Diamandis, fundador de Singularity University.

Ahí está la semilla. En la educación. Antonio Celia, presidente de Promigas, lo repitió una y otra vez. “Educación es todo: inclusión, equidad, trasciende la competitividad y es la noción más completa de desarrollo. Hemos avanzado, sí, pero falta más”. Eso, básicamente, ¿hacia dónde iba? A que la industria y la universidad deben trabajar más unidos, lograr que las necesidades productivas estén absolutamente cubiertas y generar de esa forma un capital humano mejor aprovechado, bien empleado, mejor compensado y funcionando en el fortalecimiento de un aparato productivo completamente capacitado para crecer, apuntó César Caicedo, presidente de Colombina.

Entonces entró con lo suyo Carlos Enrique Moreno, presidente de la organización Corona. Se trataba nada menos que de transferencia de tecnología. “Las empresas para poder transformarse necesitan acceso a la tecnología. Al conocimiento. En otros países lo han hecho y los resultados son evidentes, exitosos. Aquí no hay muchos centros de innovación por cada una de las industrias. No sirve la investigación que se hace en la avícola para la frutícola. Cada industria debe tener una. Cuando eso pase, la empresa será consciente de lo que tiene, de lo que puede dar y se acelera su transformación tecnológica. Aquí todo está concentrado en Colciencias. Hay que aumentar el resto”. Su recomendación es armar una base de investigación especializada. Algo que han hecho naciones como Singapur.

Pero, siempre hay un pero. ¿Todo esto suena muy bien, pero cómo encajaría en un país en paz, en posconflicto? La posibilidad de tener un país en paz “abre mucho desarrollo en el campo”, apuntó Moreno. “No se trata de firmar o no. Es si somos capaces de reconciliarnos como colombianos respetando las ideas. Si esta sociedad se construye con respeto progresamos como país. Tenemos que reconciliarnos como colombianos”.

Qué sería de todos remando hacia el mismo lado, reza un viejo, un muy viejo adagio. Colombia en paz sería “un reto y una oportunidad”, puntualizó Caicedo. “Ojalá que el país entienda que estamos es un mundo con competencia internacional. Lo que resulta de la reconciliación es invitar a una mayor inversión en las grandes ciudades y en el campo. Que se incentive a la formalización. El sector privado será protagonista, pero no puede ser solo una idea, debemos entre todos aportar las soluciones prácticas de un modelo competitivo”.

Al final, todo es una cadena. Si hay una buena base educativa, se forman colombianos competentes, capaces de liderar organizaciones o de crear sus propias empresas, son más creativos, aportan a construir grandes cambios y generan mayor producción de capital para la economía, para sus vidas, para toda la sociedad. Así, lo que va pasar es que, advierte Celia, “la inversión productiva generará más empleo formal”.

Hablando de los tiempos del proceso de paz, “tenemos las puertas abiertas teniendo cuidado. Por eso es necesario un cese de hostilidades. Debemos empezar a entender que nuestros adversarios no son nuestros enemigos. Lo que va a pasar es que hay que mirar si podemos hacer pactos. Como el de la educación. Se trata de ponernos de acuerdo en temas esenciales del país. En una democracia sí que vale la pena hacer pactos así tengamos diferencias”. Al final, “uno debe ser capaz de llevar discusiones. Por eso estamos absolutamente comprometidos y estamos trabajando en programas de inclusión. Colombia quiere que el conflicto armado cese y nosotros queremos ser operativos en eso”, contó Bruce Mac Master, presidente de la Andi.

El conversatorio, organizado por Noticias Caracol, Blu Radio y El Espectador, dejó claro que con la educación y la transferencia de tecnología no se logra todo lo anhelado. Y claro, tampoco lo logrará simplemente decir que es un país en paz. La formalización entró en escena y los cuatro empresarios parecían estar recontando la misma situación. “Ese es uno de los principales problemas. Hay que atacarla de fondo”, “los tributos que pagan las empresas son muy altos y eso desincentiva”, “hay mucho requisito que desarticula la formalización de la economía”, “casi el 50% de la economía está en la informalidad y la gente no cotiza ni en salud ni en pensión”, “es un sistema complejo con varias décadas que ahuyenta la inversión formal”.

Hecho el diagnóstico, también soltaron lo que se debía hacer: “No se busca quitarle carga a las empresas, se trata de ser más eficiente, que se invite a la inversión formal”. “Debe ser un gran pacto nacional porque eso pasa por los sindicatos, las empresas, el gobierno”. En esencia, la reforma tributaria estructural que no solo simplifique trámites y cargas, sino que balancee y distribuya entre todos las cargas. Un modelo que cambie la realidad fiscal que Celia lee así: “Muy pocos pagamos mucho”.

Al final, como si tuvieran que resumir su conversatorio en un trino de 140 caracteres, los empresarios trataron de sintetizar sus ajustes en la educación, en los impuestos, en la necesidad de la transferencia de tecnología, de la formalización, de la realidad del posconflicto. Y lo lograron: “Podemos avanzar mucho más si hacemos pactos con la ideas de los demás”.

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Producción industrial cayó 2% en primer semestre

En lo corrido del año hasta junio de 2015 la producción real industrial disminuyó 2,0%, según datos revelados por el DANE.

Dice el informe que de las 39 actividades industriales representadas por la encuesta, 24 registraron variaciones negativas en su producción real, entre las que se destacan, por su contribución a la variación total del sector, la industria de refinación de petróleo y mezcla de combustible, con una caída del 12,2 %, y acabado de productos textiles, con un descuento del 11,6 %.

El DANE agregó que el personal ocupado por la industria manufacturera presentó una variación de 1,2 % frente al mismo periodo de 2014.

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De acuerdo con el tipo de vinculación, el personal a término indefinido aumentó 2,3 %, mientras que el contratado a término fijo disminuyó 0,1 %. Según el área funcional, el personal vinculado con los procesos de producción en la industria creció 1,1 % y el de labores administrativas, avanzó 1,5 %.

La paz necesita de la empresa local

El general (r) Óscar Naranjo, plenipotenciario en las conversaciones de La Habana, destacó que el esfuerzo de paz debe ir de la mano con los generadores de riqueza representados en las empresas: “Cuando hemos pensando en la construcción de paz y en el posconflicto, lo que podemos decir es que ese proceso necesita del liderazgo empresarial y de la empresa colombiana”.

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En la Asamblea Nacional de la Andi, el miembro del equipo negociador hizo un llamado al sector privado sobre su rol en el posconflicto: “Llegar al territorio en esa etapa de transición significa empoderar al ciudadano y a través de los mercados incluir a cerca de 14 millones de colombianos que han estado excluidos no solamente de la vida política, sino también del acceso a bienes y servicios”.
 

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