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El dólar cerró este miércoles a la baja y vuelve a estar por debajo de los $4.800

No obstante, la TRM del día fue de $4.804,29. El dólar sigue siendo alto y estas podrían ser las implicaciones para la economía colombiana.

En octubre el precio del dólar rompió las proyecciones.
El dólar cerró a la baja, pero su precio sigue elevado en Colombia.
Foto: Agencia Bloomberg

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El dólar cerró su cotización este miércoles en $4.779, lo que se traduce en una disminución del 0,29 %. La divisa vuelve a estar por debajo del umbral de los $4.800, pero con una Tasa Representativa del Mercado (TRM) de $4.804,29.

El billete verde arrancó la jornada con una cotización de $4.800, registrando $4.803 y un mínimo de $4.762.

Hay que recordar que, según lo explicado por algunos expertos, el panorama macroeconómico por el que atraviesa Estados Unidos, con ingredientes como la inflación, los recortes de personal en diversas compañías tecnológicas y el coletazo de la afectación financiera en la banca, ha presionado a que el billete verde presione el peso colombiano.

A esto se suma el panorama nacional, que también presenta una considerable inflación, además de la incertidumbre que puede generar en los inversionistas los cambios macroeconómicos que está generando el Gobierno de Gustavo Petro, como lo son las reformas laboral, pensional, política y su Plan Nacional de Desarrollo.

Lo que implica un dólar que roza la barrera de los $5.000

A estas alturas del partido, la barrera de los $5.000 tiene implicaciones más psicológicas que reales, es decir, su impacto en los precios no es tan considerable si se pone al lado del escenario actual. Sin embargo, el solo sobrepasar ese umbral es una influencia considerable para los inversionistas, quienes se muestran menos decididos cuando las adquisiciones están intermediadas por el dólar.

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Además, es una señal del complejo panorama macroeconómico que orbita al país. Más si se tiene en cuenta su alta dependencia de las importaciones, lo que a la larga se traduce en una constante en la presión inflacionaria.

Campos explica que una variación de menos del 10 % en el precio dólar puede ser absorbida por el tejido empresarial, es decir, las empresas pueden asumir esos incrementos en los costos sin que necesariamente se vean traducidos en aumentos de precio al consumidor en el producto o servicio final.

No obstante, al tratarse de una escalada de más del 20 % en el último año, parte de esas alzas en los insumos importados sí se ven desplazadas al consumidor final, lo que a su vez se traduce en inflación.

Aunque solemos medir el alza en el dólar por la variación de precios en rubros como la tecnología (especialmente en electrodomésticos, computadores y teléfonos celulares), según Campos lo que más se está viendo castigado son los alimentos, pues cerca del 30 % de los artículos e insumos que componen la canasta básica familiar son importados.

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Esto concuerda con el panorama inflacionario presentado por el DANE para 2022, en donde la carestía llegó 13,25 %, jalonada principalmente por el segmento de alimentos y bebidas no alcohólicas, el cual aportó al mencionado incremento 4,69 puntos porcentuales.

En otras palabras, un dólar por encima o cercano a los $5.000 es uno costoso que continuará presionando la inflación en el país.

No obstante, también está la otra cara de la moneda, y son todos aquellos que se benefician con que el dólar continúe por las nubes. El ejemplo más claro está en las exportaciones (aunque también hay que tener en cuenta que su producción también se puede ver castigada por los incrementos en insumos), amén de los trabajadores que prestan servicios en el exterior, o creadores de contenidos para plataformas como Facebook y Youtube, que reciben ingresos en dólares.

El turismo también entra a jugar un papel importante, pues el fortalecimiento del dólar puede atraer a visitantes desde los Estados Unidos.

¿Qué hacer para que el precio del dólar baje?

Teniendo en cuenta todas estas variables, habría que esperar a que la economía global supere su ciclo de desaceleración y que las tasas comiencen a bajar, especialmente en Estados Unidos (cosa que va a suceder, por lo menos, en el mediano plazo).

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También habría que ver el desarrollo de otros componentes internacionales, como el manejo que se le dé al cambio climático (que, es un hecho, está afectando la producción agrícola en muchos países del mundo), el conflicto en Ucrania, y las relaciones entre Estados Unidos, China, la Unión Europea y Rusia, entre otros imprevistos que puedan surgir a lo largo del año.

En el contexto local, la invitación que hacen muchos analistas es que desde el Gobierno se dé tranquilidad a los mercados, presentando las apuestas que busca con las reformas, así como un plan claro que brinde confianza sobre la posibilidad de alcanzar la transición energética con el menor impacto posible a las finanzas del país.

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También depende mucho de que los mercados comprendan el panorama actual del país y los reales alcances macroeconómicos del Gobierno. En suma, que todo se ponga a tono para que el dólar finalmente tome un respiro definitivo y comience a bajar, cosa que comenzaría a suceder, según algunas previsiones, hasta el año 2024.

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