Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Desde lejos lo primero que se ve son las cuatro cajas rojas, rojas y enormes y sencillas y cuadriculadas que “hasta un niño podría dibujar”, como dijo Sergio Fajardo un día del año 2004. En ese entonces era alcalde de Medellín, el Parque Explora era apenas un proyecto y su arquitecto, Alejandro Echeverri, estaba mostrándole los diseños del que se convertiría en el primer centro interactivo de ciencia y tecnología de la capital de Antioquia. Luego de cinco años, esos mismos diseños que Fajardo aprobó con un “me gustan mucho” serían merecedores del mayor reconocimiento de arquitectura en Colombia: el Lápiz de Acero.
“Lo más visible del proyecto son las cuatro cajas, porque queríamos trabajar con una iconografía que fuera de buena asociación para los niños y jóvenes, pero no son lo más importante. Lo primordial es cómo circulan las personas y cómo se relacionan con la ciudad cuando pasan de una caja a otra, cuando caminan por el espacio a cielo abierto”, dice Echeverri, mientras se apasiona y acelera el ritmo de la conversación. Explica que ese diseño responde también a las condiciones climáticas y geográficas de Medellín, casi siempre caliente y húmeda.
En el centro de la ciudad hay un callecita recién restaurada, toda peatonal, que llega hasta el Parque Explora. Es Carabobo, la que por años y años fue escenario de prostitutas y de bandoleros que aprovechaban la oscuridad y el abandono del Estado para hacer de las suyas. Desde ese camino, a la distancia, son visibles las cajas que abarcan las carreras 52 y 53 y las calles desde la 73 hasta la 77. Vecino al parque están el nuevo Jardín Botánico, el Parque Norte, el Parque de los Deseos, y los barrios Miranda, Sevilla, Brasilia y Moravia: el antiguo basurero de la ciudad.
La transformación
“El lugar donde está el Parque Explora es hoy el límite entre el centro de la ciudad y los barrios más pobres de Medellín. Una de las cosas más bonitas de este proyecto es que se convirtió en un lugar de encuentro de todas las clases sociales. Nos encontramos todos en el mismo territorio, no hay estigmatización”. Para exaltar lo que es hoy esa zona, que han empezado a llamar el Nuevo Norte, Echeverri vuelve al pasado. Recuerda el antiguo Carabobo, a la calle estrechita y oscura en la que un travesti, con una diminuta navaja escondida bajo la lengua, acechaba a los caminantes y los despojaba de la billetera y del celular y de cualquier peso que llevaran en el bolsillo. Habla de Moravia, que en 1977 fue basurero de Medellín y hoy es la casa de miles de personas que decidieron armar sus ranchos sobre la montaña de basura. Se refiere a un Jardín Botánico que hasta hace unos años estuvo encerrado y olvidado detrás de un muro blanco que lo aislaba de la ciudad. Se remite a los parqueaderos abandonados y a las enormes bodegas que ocupaban el lugar que hoy tiene el Parque Explora, y que convertían ese territorio en un espacio solitario, desértico, que casi nadie se atrevía a atravesar cuando llegaba la oscuridad.
“Era un sector cerrado para la gente, deteriorado, lleno de posibilidades pero sin apoyo ni inversión. Todo eso cambió. Al mismo lugar se le ha ido dando un nuevo significado y una nueva dimensión”, cuenta Echeverri, el arquitecto y urbanista de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) de Medellín, quien, junto con su equipo de trabajo, recibió el jueves pasado el principal galardón de la arquitectura colombiana, el Lápiz de Acero Azul, por el diseño del Parque Explora. Esa misma noche, este proyecto se llevó otros dos premios: Espacios Interiores y Medios Interactivos.
El arquitecto
Luego de terminar sus estudios en la UPB, Alejandro Echeverri viajó a Barcelona, a hacer un doctorado en urbanismo. Desde allí empezó a mirar y estudiar a su ciudad como no lo había hecho antes, cuando vivía ahí, cuando la recorría a diario. “Estaba tratando de entenderla, de ver, con la ayuda de expertos, cómo podía transformar algunos barrios —cuenta Echeverri—. Regresé a Colombia a trabajar con grupos de investigación de la UPB, y nos enfocamos en las zonas nororiental y noroccidental de Medellín, en evaluar cómo podíamos hacer proyectos de intervención en los barrios de esos sectores”.
Corría el año 2002, Sergio Fajardo ya pensaba a Medellín como la ciudad que quería gobernar y contactó a Echeverri para que lo ayudara construir el plan urbano de su propuesta. El 1° de enero de 2004 Fajardo se posesionó como alcalde y el arquitecto, que hacía unos años miraba a Medellín desde una ciudad en el nordeste de España, se convirtió en el líder del proceso de transformación urbana de la ciudad. Vinieron la segunda etapa del metrocable, los parques biblioteca, el renacimiento del Paseo Peatonal Carabobo y el Jardín Botánico. Y luego, la idea del Parque de la Ciencia y la Tecnología.
Entonces un grupo de arquitectos, diseñadores, comunicadores, científicos y creativos, liderados por el gerente del proyecto —Rafael Aubad— y el arquitecto, Echeverri, empezaron a trabajar en el proyecto. Lo hacían desde una oficina en el occidente de Medellín a la que llamaban “casa explora”. Cuando Echeverri cuenta la historia hace especial énfasis en el equipo de trabajo detrás de Explora, reitera que son muchas las personas que hicieron realidad ese proyecto y que el premio no fue sólo para él, sino para ese equipo de trabajo que le materializó los diseños que un día de 2004 Echeverri le enseñó al alcalde. Al equipo que les dio vida a cuatro cajas rojas que tienen en su interior cientos y cientos de experimentos y juegos interactivos, y que están rodeadas de plazoletas, árboles, chorritos de agua y un enorme acuario. Todo, con la firma Echeverri.