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El afán y la ansiedad por lograr la aprobación para el Tratado de Libre Comercio (TLC) que firmó en noviembre de 2006 con los Estados Unidos llevaron al gobierno colombiano a protagonizar un lamentable episodio diplomático.
Ayer, en un comunicado remitido a los medios, la Casa Blanca desmintió que tanto republicanos como demócratas hayan alcanzado un acuerdo en torno a la Asistencia para el Ajuste del Comercio (TAA, en inglés), tal como lo había afirmado el presidente Juan Manuel Santos el sábado pasado.
Este plan, con el que Washington busca ayudar a los trabajadores afectados por su política comercial, se ha convertido en el corazón de la disputa bipartidista de cara a las presidenciales de 2012, pues los demócratas se han negado a discutir la aprobación de los TLC firmados con Panamá, Corea del Sur y Colombia si los republicanos modifican su contenido.
El origen de este malentendido se encuentra en la Embajada de Colombia en Washington. El embajador Gabriel Silva le comunicó a Santos que el acuerdo destrabaría el TLC y lo dejaría ad portas de su aprobación en la Cámara de Representantes estadounidense. Esta visión fue compartida por el mandatario durante su jornada sabatina de Acuerdos para la Prosperidad, donde se mostró complacido por la buena nueva.
Sin embargo, el baldado de agua fría para el Palacio de Nariño llegó ayer con una declaración. “Seguimos trabajando fuertemente con los líderes del Senado y la Cámara para llegar a un acuerdo sobre el TAA”, afirmó un portavoz de la Casa Blanca a la prensa.
La prensa estadounidense señaló, con base en las afirmaciones de fuentes cercanas al proceso legislativo, que las diferencias alrededor del TAA no son tan profundas como antes y que, incluso, podría llegarse a un consenso “en cuestión de días”.
“Lo que este episodio deja ver es que las fuentes de la Embajada colombiana son contradictorias, porque el lobby colombiano contra el TLC sigue siendo muy fuerte en el Congreso estadounidense”, afirma Enrique Serrano, internacionalista y catedrático de la Universidad del Rosario, quien, no obstante, cree que el impasse puede surtir efecto: “Es un revés, sin duda, pero puede convertirse en factor de presión para materializar las buenas intenciones que ha expresado la Casa Blanca hacia el TLC con Colombia”.
A fin de cuentas, el TLC sigue siendo importante para Washington; según la Comisión de Comercio Internacional, su PIB se incrementaría en US$2.500 millones con la aprobación.