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El mercado laboral cerró julio con una disminución en la tasa de desocupación y con un cambio en los territorios nacionales desde donde se está movilizando el empleo. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) reportó una tasa de desempleo de 8,1 %, por debajo del 8,8 % de un año atrás.
Ese descenso se tradujo de la siguiente manera: 578.000 personas más trabajando frente a julio de 2025, para completar los 24,5 millones de ocupados.
La población desocupada cayó a 2,16 millones, unas 160.000 personas menos, mientras la población en edad de trabajar llegó a 41,24 millones, cifra que cambia en función de los nacimientos, defunciones, flujos de inmigración y emigración.
Lo novedoso del informe del Dane es el mapa del empleo: los centros poblados y el rural disperso estuvieron entre los territorios que más aportaron al aumento de la ocupación. En años anteriores, este no había sido el caso, pues quienes aportaban más a la tasa de ocupación laboral o la creación de empleo eran las grandes ciudades.
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La ruralidad en auge
La ruralidad fue de los dominios que más contribuyó al aumento de la ocupación; sin embargo, este sector sigue siendo mayoritariamente informal y el aumento del mes de julio 2026 no está necesariamente vinculado al sector agropecuario.
La ocupación nacional aumentó en 578.000 personas entre julio de 2025 y julio de 2026. En esa cifra, los centros poblados y el rural disperso aportaron con 238 mil personas nuevas ocupadas: pasaron de 4,86 millones a 5,10 millones con trabajo. Esto representa un crecimiento de 4,9 %.
Ese dominio geográfico contribuyó con un punto porcentual (1 %) al crecimiento de la ocupación nacional, el mismo aporte de las otras cabeceras municipales. Las 13 ciudades y áreas metropolitanas, en contraste, contribuyeron con 0,3 %.
El aumento del dominio geográfico llamado por el Dane “Centros poblados y rural disperso” en la ocupación laboral “es importante porque anteriormente veíamos un jalonamiento importante de las grandes ciudades en el comportamiento de la ocupación y en este periodo estamos viendo que la principal contribución ocurre en las cabeceras municipales más pequeñas y en el área rural”, afirma el director del Dane, Ricardo Valencia Ramírez.
Pero ¿qué son estas categorías geográficas de Centros Poblados y Rural Disperso?
Un “centro poblado” es un pequeño núcleo de población que está por fuera de la cabecera municipal, pero donde las viviendas sí están agrupadas. Para que el Dane lo clasifique así, debe haber, como mínimo, 20 viviendas cercanas entre sí, además de una organización básica del lugar, como calles, caminos o vías peatonales.
Por ejemplo, en un corregimiento donde varias familias viven en casas vecinas, hay una tienda, una escuela, una iglesia y algunas calles. No es el pueblo principal del municipio, pero tampoco son casas aisladas en el campo.
El “rural disperso” es el campo más alejado y menos concentrado: viviendas separadas unas de otras, fincas, parcelas, zonas agrícolas o predios. En estos territorios no existe un núcleo de viviendas suficientemente agrupadas para ser considerado como centro poblado.
Esta tendencia del aumento de la ocupación en las zonas rurales no corresponde solo a julio, de hecho, el Banco de la República reportó que a mayo de 2026, la ocupación nacional crecía 3,2 % anual, impulsada principalmente por el área rural, donde aumentaba de un 5 % (según la Gran encuesta integrada de hogares – GEIH). El empleo en las 23 ciudades principales tuvo un incremento de apenas 1,6 %.
El banco también señaló que la tasa de ocupación aumentaba, a nivel nacional, de la mano con el empleo en la ruralidad y, mientras tanto, el dominio geográfico urbano permaneció estable o con caídas leves.
La ocupación que determina el Banco de la República se centró principalmente en el segmento del empleo no asalariado, que aumentó 2,9 %, mientras que el asalariado cayó 0,8 %.
Esto coincide con los datos más recientes del Dane, donde determinan que los trabajadores por cuenta propia fueron quienes representaron un mayor aumento con 413.000 personas, un crecimiento de 1,7 % en la ocupación (que aumentó de 578.000 personas). También crecieron los empleadores con 150.000 personas más.
Para el Dane, ser trabajador por cuenta propia no significa estar en la informalidad necesariamente, ya que los trabajadores independientes y contratistas también cotizan a la seguridad social y han contribuido a las cifras de empleo formal. Sin embargo, en los centros poblados y el rural disperso (donde se registró mayor aumento de la población ocupada trabajando), el porcentaje de trabajo informal sigue siendo muy alto: 82,5 %.
La informalidad en el mercado laboral rural
El aumento de la ocupación en los centros poblados y el rural disperso ocurre en un mercado laboral en su mayoría informal. Para el Dane, las y los trabajadores que son informales son aquellos asalariados que no cotizan ni salud ni pensión por su vínculo laboral, los trabajadores por cuenta propia y empleadores sin registro de las ventas o contabilidad completa, las personas que trabajan en las familias sin remuneración alguna y aquellas cuya situación laboral no cuenta con información suficiente para clasificarlas como formales.
En la sección de informalidad, el boletín del Dane reporta que para julio de 2026 la proporción de ocupados informales en centros poblados y rural disperso fue de 82,5 %. Esta cifra disminuyó frente al 83,1 % de julio de 2025, pero sigue muy por encima de la tasa de informalidad en ciudades y áreas metropolitanas o incluso a nivel nacional.
En las ciudades y áreas metropolitanas la tasa de informalidad está entre el 40,5 % y el 41,8 %, a nivel nacional es del 54,5 %. La diferencia entre la ruralidad y las zonas urbanas fue de aproximadamente 42 puntos porcentuales, sigue persistiendo una brecha territorial.
Entonces, la ocupación rural no significa automáticamente una expansión de empleos con aportes a salud y pensión porque ocho de cada 10 ocupados, más o menos, están en condiciones de informalidad.
La Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (Upra) determinó para el trimestre de octubre a diciembre de 2025 que la informalidad fue de 83,1 % en centros poblados y rural disperso y esta cifra se antepuso nuevamente con las zonas urbanas donde la informalidad fue del 48,8 %.
¿Qué barreras impiden la formalización?
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que la baja productividad, las dificultades para acceder a financiamiento, tecnología y mercados, la falta de competencias y una protección social insuficiente limitan la posibilidad de que trabajadoras y trabajadores transiten hacia la formalidad. Sostienen, además, que la formalización necesita políticas que articulen capacitación, crédito, servicios empresariales, acceso a mercados y protección social.
El empleo rural crece, pero el agro no lideró la ocupación nacional en julio
La ocupación de personas trabajadoras creció en las áreas rurales y, al mismo tiempo, el empleo agropecuario cayó en el total nacional. Entre julio de 2025 y julio de 2026, la agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca perdió 204.000 ocupados, una reducción del 0,9 % a la variación total de la ocupación.
Estas cifras ponen una pregunta sobre la mesa: ¿qué actividades están siendo parte del empleo en esos territorios rurales?
Las actividades que más aportaron al aumento nacional del empleo (no delimitados a nivel rural) fueron administración pública, defensa, educación y salud, con un aumento de 404.000 ocupados. Esto contribuyó al 1,7 % del total nacional.
Después de eso estuvo el comercio y reparación de vehículos con un aumento de 158.000 ocupados, después la construcción con 156.000 ocupados más y, por último, el sector de la información y las comunicaciones con 92.000 personas más.
También hay un cambio en el tipo de vinculación laboral, las y los trabajadores por cuenta propia aumentaron y fueron la posición ocupacional que más aportó al crecimiento de la ocupación (se sumaron 413.000 personas). Y, al mismo tiempo, el número de “jornaleros o peones”, como lo llama el Dane, cayó de 185.000 personas.
Eso quiere decir que el aumento de la ocupación rural no puede atribuirse automáticamente a una expansión del agro, pero es necesario afirmar que el empleo se está desarrollando en las áreas rurales y aquí es líder frente a la cifra de ocupación.
El crecimiento de la ocupación en la ruralidad es una señal relevante para un país donde gran parte de la población vive fuera de las grandes ciudades. Sin embargo, el resultado también deja preguntas abiertas: el empleo rural aumentó al tiempo que cayó la ocupación agropecuaria a escala nacional, y más de ocho de cada diez ocupados en estos territorios continúan en la informalidad.
El reto no es solo sostener el aumento de personas con trabajo, sino saber en qué sectores se están creando esos puestos y lograr que vengan acompañados de ingresos estables, cotización a salud y pensión, y oportunidades reales para permanecer en el campo.
En contexto: El desempleo siguió bajando en julio: estos son los sectores que más impulsaron la ocupación
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