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Cada vez que entrevistó a emprendedores que tienen algún tipo de negocio de base tecnológica, sea en un evento de aceleradoras o de aquellos en donde aparecen los fondos de inversión, en Colombia o en el exterior, escucho una y otra vez la misma reflexión: el emprendimiento y su tecnología va más rápido que la regulación. Y ahora, que tanto estamos hablando de geopolítica, de que los gobiernos van dando esos giros abruptos entre izquierdas y derechas, una misma reflexión he venido escuchando repetidamente de los empresarios de todos los tamaños, también de los emprendedores que trabajan cada día por sacar adelante su negocio: no hablemos de política, hablemos de negocios porque esto tiene que ir más allá de una administración de turno. Y aunque todo resulta entrelazado, ha decir verdad, tienen razón, los hacedores de negocios han logrado siempre mirar a largo plazo, algo de lo que los políticos parecen carecer.
Por lo menos en Colombia, se ha logrado hacer empresa en medio del conflicto armado que ya supera los 60 años, donde polula una profunda corrupción, en medio del cambio de la industrialización a la globalización; en tiempos de una TRM cambiante y una política internacional conveniente para unos pero inconveniente para otros. Dicho de otra forma: resilientes en su máxima expresión, pues al final sí está todo atado: las decisiones políticas sobre los negocios, la habilidad de hacer empresa, la estrategia de querer generar valor para sí mismo y para los demás. Y así, entre muchos tumbos, balanceos y bandazos, es hora de mirar el jardín desde la ventana que se acaba de abrir: ¿Qué ganan los emprendedores, y en general, los empresarios de todos los tamaños, tras el anuncio de que Colombia fue aceptada en el banco de desarrollo de los BRICS? Aquí se los contamos de la mano de tres expertos en el tema.
BRICS, un banco de oportunidades
Vayamos de lo macro a lo micro. “Esa institución de financiamiento está creada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, pero tiene nuevos miembros recientes después de la cumbre de Johannesburgo, que son Arabia Saudí, Irán, Egipto, Etiopía y Emiratos Árabes. Argentina estaba dentro, pero renunció formalmente por el presidente Miley. Entonces, ¿qué significa para Colombia entrar o estar admitido en este nuevo banco? Es, por un lado, diversificación de financiamiento porque permite acceder eventualmente a créditos en condiciones más flexibles y puede reducir la dependencia que tiene en organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario. Se alinea con el gran bloque de lo que se conoce como el sur global. Abre alianzas posibles con Estados miembros como China, India y Brasil», explica Juana García-Duque, profesora de la Facultad de Administración y directora del Área de Estrategia y Emprendimiento de la Universidad de los Andes.
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Ahondando un poco más, “Se puede ver desde el punto de vista de la diversificación estratégica de mercados, otrora muy dependientes de Estados Unidos y la Unión Europea”, dice Jahir Lombana Coy, Ph.D. y profesor asociado en competitividad y negocios internacionales de la Universidad del Norte. “Por un lado, China e India pueden ser mercados para productos de nicho con bajo conocimiento allá y que puedan ser tradicionales en Colombia. Aquí pueden caber temas con sostenibilidad o incluso culturales. En los casos de Brasil y Sudáfrica pueden servir de puente a otras regiones (del Mercosur y de África respectivamente). Incluso con Brasil se puede pensar en cadenas regionales de valor en el que cada país agregue valor y origen a un producto que después conjuntamente llegue a nuevos mercados”. El llamado encadenamiento productivo.
Uno de los objetivos de los países que conforman este bloque, los BRICS, es el del “crecimiento económico y la sostenibilidad”, recuerda Andrés Giraldo, profesor del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana. Y más allá del encadenamiento, cree que el foco es de mayor escala: “Apoyan todo lo que tiene que ver con energías limpias, eficiencia energética, protección ambiental, infraestructura física, saneamiento básico, incluso en temas de infraestructura social y de infraestructura digital. Y lo que buscan es, digamos, impulsar el crecimiento económico, pero que ese crecimiento sea sostenible. Entonces, no tiene nada que ver, pues en realidad, con emprendimientos, sino que más bien son proyectos de alto impacto, de infraestructura de alto impacto”. En su mirada, “yo creo que es algo positivo porque se diversifican las fuentes de financiación con entidades multilaterales. Ya no solamente tenemos al BID, al Banco Mundial, a la CAF, sino que ahora tenemos acceso a un banco multilateral”.
Está claro, entonces, el escenario general, pero vayamos un poco a los detalles y la visión emprendedora, porque entre las opiniones diversas es que se ve mejor el panorama: “Claramente, sí hay una oportunidad para el ecosistema emprendedor colombiano. Este nuevo banco ofrece proyectos de desarrollo, está muy enfocado en temas de infraestructura, energía, salud, digitalización, pero hay la posibilidad de apoyar parques tecnológicos, ‘hubs’ de emprendimiento, en zonas de innovación y ojalá que se consideren canalizar recursos más allá de Bogotá y Medellín, que son los que canalizan la mayor cantidad de recursos en temas de emprendimiento. Entonces, startups en temas de energía, movilidad, reciclaje, salud, bueno, son los que claramente se van a beneficiar. Y el Estado podrá crear, de pronto, unos programas de capital semilla o con fondos de cofinanciación con el banco. Lo otro es que se puede acceder a redes globales de innovación en el sur global. No quiere decir que Colombia no lo pueda hacer, lo pueden hacer claramente los emprendedores, las startups ya tienen súper creadas sus redes, pero esta es una posibilidad para hacerlo”.
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El profesor Lombana Coy cree que en este nuevo escenario, el de conseguir financiación adicional a la tradicional, hay que trabajar en “una buena intermediación y apoyo del gobierno colombiano” que “podría facilitar recursos a emprendedores y/o pymes en áreas donde se espera el país emerja como turismo, economía circular o transición energética”. Y explica que “cuando se abren mercados, hay que conocerlos de adentro, por lo que las ferias comerciales, de innovación, ruedas de negocios pueden facilitar alianzas para formas no tradicionales de internacionalización como licencias o franquicias. En todos esos escenarios, el gobierno debería apalancar recursos para superar posibles barreras no arancelarias (certificaciones, medidas sanitarias etc.), para facilitar el acceso”. Dicho de otra forma, aunque no entramos como país a los BRICS, sino al banco de desarrollo de los BRICS, queda abierta una puerta que permite explorar nuevas posibilidades, pero todo dependerá de cómo se muevan esas fichas del ajedrez que tendría el Ejecutivo en sus manos.
Juana García-Duque, de los Andes, cuenta cómo aprovechar esa puerta-ventana que quedó abierta: “Las alianzas son las que realmente hacen que los emprendimientos escalen”, “construir alianzas de valor con emprendedores y empresas de los países BRICS va a ser fundamental”, como “la posibilidad también de crear joint ventures o laboratorios de innovación compartidos”. Así las cosas, por ejemplo, “es poder acceder a incubadoras o aceleradoras, ya sea en Brasil, India, Sudáfrica o China. De pronto aprovechar algunas plataformas de conversión y de inversión que tienen dentro de los BRICS”. Y nos suelta un caso real: “Por ejemplo, los BRICS tiene una que se llama el BRICS Startup Forum o el BRICS Women Innovation Network”. Y ya, en el terreno comercial, claro que ve oportunidades: “Habría que adaptar productos para exportar a estos nuevos consumidores y aprender también de modelos de escalabilidad del sur global, porque una cosa muy distinta es pensar en expandirse América Latina y otra cosa es pensar en mercados de India y China, que son gigantescos”.
BRICS y EE. UU
Esta es la parte en donde todos se preguntan: ¿Se podrían afectar las relaciones entre emprendedores colombianos con el mercado de EE. UU. por esa entrada del país al banco de desarrollo de los Brics? O al contrario, hay que verlo en un escenario positivo? Esto nos contestaron los expertos: “Las relaciones con EE.UU., ya de por sí están en un grado alto de sensibilidad y es posible que cualquier proyecto que se haga no mezcle recursos de EE.UU. con otro socio (no deseado por ellos). En cuanto al eventual aumento de las relaciones comerciales y financieras de Colombia con China o Rusia, el contacto con EE. UU. puede ser tenso. Para el caso de India y Brasil, con mejores relaciones bilaterales con EE. UU., el contacto se puede estrechar”, dice el profesor asociado en competitividad y negocios internacionales de la Universidad del Norte, Jahir Lombana Coy.
Y entonces, ¿cómo sacarle un lado aún más bueno? “La idea entonces puede ser que los emprendedores aprovechen el doble canal, con un estudio previo de riesgos. Por un lado buscar acceso en los mercados BRICS para acceder a capitales y tecnologías (no occidentales) y por el otro, conservar el mercado tradicional del norte que se ha logrado con un trabajo que lleva varios años e independiente de ideologías políticas. El punto acá es separar el pragmatismo comercial y financiero, de las diferencias políticas e ideológicas. Es posible incluso que producto de la presión que están ejerciendo los BRICS, EE. UU. busque estratégicamente mejorar las condiciones de emprendimientos (pymes) del sur global, particularmente latinoamericano”, apunta.
Juana, de los Andes, cree que “las lógicas de mercado, de comercio y de empresas son distintas de las políticas. Sí hay la posibilidad de tensiones con Estados Unidos, claramente, porque alinearse con los BRICS, pues es estar del lado también de China, que es uno de los grandes, diría, enemigos comerciales de Estados Unidos. Pero los emprendimientos no van a depender, o las empresas, no van a depender de las relaciones políticas y diplomáticas. Entonces, ¿podría haber efectos? Podría decir que potencialmente sí, pero no de forma directa. Puede haber una percepción política y una presión diplomática, justamente para que Estados Unidos, de alguna forma, presione para que Colombia esté de un lado o esté del otro, que eso lo hemos sabido desde hace mucho tiempo, pero eso está más a nivel como de las relaciones políticas y diplomáticas». Así que “yo diría, son más las oportunidades que las amenazas, aunque las amenazas no se han valorado del todo”.
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Y en materia fiscal, ¿hay algún asomo de riesgo?
Al parecer, sí. Juana García-Duque, de los Andes, lo cree: “Colombia tiene que hacer un aporte al banco. No es simplemente que lo hayan recibido, sino que Colombia tiene que hacer un aporte y pues estamos en un momento de déficit grande. Entonces, comprometerse o adquirir compromisos internacionales es un poco riesgoso. Lo otro es que al entrar a cualquiera de estos organismos, si bien se tienen oportunidades, también debe cumplir con algunos estándares de gobernanza que tiene el banco. Entonces, pues eso tampoco es tan sencillo y tendrá que haber alguna adaptación institucional dentro del Estado y dentro del Gobierno”. Una buenas y mínimas prácticas que llaman en el mundo corporativo.
La otra mirada, la del profesor Giraldo, del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana, es muy interesante: “Estamos en un momento fiscal bastante sensible. Entonces, por ejemplo, si nosotros fuéramos al BID o al Banco Mundial, muy seguramente habría condicionamientos del tipo de ajustes fiscales para poder desembolsar los préstamos. En tanto que con BRICS, presumo que esos condicionamientos son más bajos”.
Ahí lo deja muy claro: tasas más baratas que pueden desencadenar un la adquisición de créditos grandes por esa vía. Peroooo… “ahí los riesgos estarían es si se aumenta la deuda, si no se observa en qué se está gastando, si se está invirtiendo bien, pues podría afectar la estabilidad macroeconómica del país”, y como una cascada de naipes, afectar a país entero.
Ahí están: tres miradas que nos permiten entender la fotografía en gran angular, con muchas oportunidades, pero también con la exigencia de un manejo prudente para terminar ganando y no arriesgando tanto como para perder el trabajo de años, décadas. Recuerdo muy bien un par de charlas que tuve con empresarios de más de 55 años que ya se enfocaban en proyectos sostenibles para comunidades muy necesitadas después de haber construido grandes corporaciones: “En Colombia hay que aprender a rendir cuentas y a pensar en el largo plazo”. Eso es lo que deberíamos hacer todos, en conjunto: celebrar entre todos las pequeñas victorias, establecer caminos conjuntos, transitarlos, entregar resultados y, sobre todo, proyectar ese trabajo para que trascienda a otras generaciones, las venideras, que pueden ser protagonizadas por sus hijos o los hijos de sus hijos.
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