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Imagine una pirámide. Imagine que esa pirámide representa a un país, si se quiere, enfocado en el mundo de los negocios. Imagine que la base de esa pirámide está compuesta por miles de personas que están creando a diario negocios, construyendo micro comercios, moviendo el círculo necesario de la economía. Que más arriba, hacia el centro de la pirámide, están los que han logrado, durante años, consolidar una empresa mediana, con más de 10 o 20 empleados, que van poco a poco mejorando sus números y creando más empleos. Y más, más arriba, hacia la punta, esas que crean los puestos de trrabajo mejor pagados, que han logrado llegar a todos los mercados locales que han querido y ahora buscan vender en otros países. Este informe, el Índice de Salud Financiera, retrata la base de la pirámide, tan necesaria para edificar una sociedad económicamente estable y sostenible, y que permite entender realidades que a veces no vemos.
En ese documento, que acaba de presentar Bancamía y la Fundación Microfinanzas BBVA, la más grande del país en la atención precisamente de la base de la pirámide, se encontraron varios hallazgos que le permiten al país tomar decisiones para construir política pública con objetivos claros y detallados como reducir la pobreza, construir igualdad y, claro, generar cambios sociales a través de la dignificación laboral, el emprendimiento y la riqueza que se consigue con la construcción de negocios sostenibles.
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Por entrevistamos para Emprendimiento y Liderazgo de El Espectador a Stephanie García Van Gool, la directora de Impacto de la Fundación Microfinanzas BBVA, entendiendo, por ejemplo, que de acuerdo con los datos de Bancamía, de los 210.000 microempresarios que atienden con algún tipo de crédito, 56% son mujeres, 43% están en zonas rurales, el 38% tienen educación primaria a lo sumo y, tal vez el dato más alarmante, diciente y preocupante: el 81% son vulnerables económicamente.
¿Qué se midió en el Índice de Salud Financiera de los microempresarios?
En esta encuesta de salud financiera se mide la gestión de gastos e ingresos y el nivel de bienes y ahorro de los hogares en función de ciertos umbrales, creando un índice, basado en cuatro dimensiones: inestabilidad de ingresos, gestión de gastos, capacidad de ahorro y bienes del hogar. Se trata de la combinación de ambos elementos: mantener un buen control sobre la gestión del día a día frente a mantener el nivel de ahorro y bienes acumulados, ambos contribuyen a la creación de un futuro económico más seguro y próspero. Es decir, si no existe esa capacidad de absorber imprevistos, la resiliencia financiera de los hogares se verá comprometida, y sabemos de estudios del 2023 que los imprevistos están a la orden del día, dado que 50% de los hogares los tenían en el negocio: 34% por temas de salud.
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Esto cobra especial relevancia en comunidades vulnerables, ya que éstas tienen mayor probabilidad de verse afectadas por el acceso y la utilización adecuada de productos financieros, lo cual puede causar un declive en la capacidad del negocio y del hogar para seguir adelante. De ahí nuestro interés en entender esta dinámica de cara a buscar oportunidades para acompañarlos mejor con mecanismos actuales o nuevos.
¿Cuáles fueron los principales hallazgos?
Encontramos que el 24% de nuestros clientes goza de una salud financiera saludable (con solvencia y ahorros), el 14% expuestos (gestionan su día a día con algo de ahorros), el 26% son supervivientes (no tienen ahorros) y el 36% tienen un nivel de salud financiera crítico (dificultades para gestionar su día a día y no tienen ahorros).
Además, el 28% vive de los ahorros máximo 6 meses, y solo un 19% de ellos tiene ahorros para vivir más de 6 meses, un dato que no cambia desde 2023.
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Estas cifras revelan los límites de la resiliencia financiera en los hogares vulnerables: 42% de ellos no tienen ahorro (bien porque lo perdieron o porque no tienen el hábito). Ante esta situación, los hogares tienden a apostar por la inversión, con un 75%, manteniendo o aumentando su nivel de activos en comparación con el año anterior.
De hecho, se observa que a mayor nivel de educación el porcentaje de personas que ahorran es más alto. Este diagnóstico permite orientar políticas de formación, ahorro e inversión con mayor precisión. Se busca fortalecer hábitos de ahorro para mejorar la estabilidad financiera. Además, sostiene la necesidad de seguir afianzando capacidades económicas en paralelo con el crédito.
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Cuanto mayor es el nivel de salud financiera, recurren más al uso de préstamo formal para realizar inversiones, frente a otros recursos como préstamo de familia, amigos o el gota a gota, por lo que es imprescindible guiar a los emprendedores en el uso de recursos que garanticen su estabilidad económica.
¿Qué significa salir de la pobreza y por qué dicen ustedes que adquirir un crédito hace parte de ese proceso?
Lo primero que hay que decir es que emprender un negocio puede ser una gran oportunidad para mejorar la vida de las familias en Colombia y toda América Latina. Emprenden porque no encuentran oportunidades laborales. Pero para emprender no solo se necesitan buenas ideas y grandes habilidades, sino también financiación. Ahí es donde entra Bancamía.
El emprendimiento genera unos ingresos y estos van creciendo con el tiempo. Por tanto, nos interesa entender cómo contribuye a la economía familiar y analizamos qué representa este excedente para cada miembro del hogar: debe contribuir al menos con una canasta básica de bienes y alimentos, según define el DANE para establecer la línea de pobreza. Es decir, el negocio debe generar excedentes que sean capaces de crecer por encima de la línea de pobreza. Esto requiere un tiempo y muchas veces, dados los imprevistos que enfrentan los hogares, entran y salen de pobreza en al menos una ocasión.
Sabemos hoy que, tras tres ciclos de crédito, en promedio, todos los clientes que hemos atendido han superado la línea de la pobreza, es decir, han generado ingresos por encima de ese estándar. Eso para nosotros es progreso, máxime cuando estos negocios son la principal fuente de ingresos del hogar en un 87% de los casos.
No nos atribuimos ese impacto, pero sí nos comprometemos en medirlo – en tanto en cuanto somos parte de ese progreso con el crédito – y en buscar formas de mejorar ese progreso. Es decir, pensar en cómo podemos aumentar la probabilidad de éxito de esos emprendedores.
En medio de tantas necesidades, ¿qué tanto logran ahorrar los hogares y cómo cambiar esa realidad?
Como comentábamos, el ahorro es todavía un reto para este segmento, especialmente en Colombia. Para cambiar esa realidad no podemos mirar solo la gestión financiera, necesitamos inspirarlos con aspiraciones más concretas (ej. la educación de los hijos), acompañarlos con formación (cursos que expliquen la importancia del ahorro y la planificación), pero también pensar en elementos estructurales que generan esos imprevistos.
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De allí, también, que estamos acatando estas carencias más estructurales, que son la pobreza multidimensional donde creamos un índice en línea con el estándar internacional para poder conocer las dificultades de cada hogar. Contamos con información de 181 mil hogares colombianos y vamos a dirigir soluciones, de forma casi quirúrgica, a cada hogar de manera que puedan superar carencias estructurales, a menudo relacionadas con la falta de bienes y servicios, y a cerrar esas brechas.
Imaginemos las lluvias (que el año pasado fueron relevantes), pero la vivienda no tiene materiales dignos (ej. buen techo), pues la probabilidad de que los miembros de ese hogar se enfermen y, por tanto, no puedan mantener el negocio durante un tiempo, es más alta. De eso se trata, de trabajar en paralelo, de forma simultánea, todas las soluciones. Es decir, yo no diría que un crédito es suficiente, lo que necesitamos, es intervenciones múltiples, oportunidades para que ellos se empoderen y salgan, con su esfuerzo y determinación, de la pobreza. Es un privilegio trabajar con estos emprendedores.
¿Qué sucede cuando es una mujer la que emprende? ¿Qué cambios se logran en el entorno y, claro, en la lucha por salir de la pobreza?
Es claro que ellas tienen más dificultades para acceder al mercado laboral. Buscan en el emprendimiento no sólo una fuente de ingresos, sino algo que se puede compaginar con los compromisos del hogar.
De hecho, de las mujeres que atendimos en 2024 con Bancamía, un 22% entra con nosotros en situación de pobreza, frente a un 12% de los hombres, casi el doble. Sus negocios crecen y consiguen superar la pobreza, y hemos visto que, independientemente del tamaño del hogar, consiguen mantener una renta estable para cada miembro. En términos de salud financiera, por ejemplo, destinan esa inversión en mayor medida, al hogar, frente al hombre, que prioriza más el negocio.
Cuando es una mujer la que emprende con el apoyo de Bancamía y del resto de las entidades de la FMBBVA, se beneficia del diseño de servicios financieros con enfoque de género como, por ejemplo, seguros oncológicos de bajo coste, iniciativas de educación financiera específicas para ellas, formación en habilidades digitales y estudios para comprender mejor los obstáculos a los que se enfrentan.
Todo esto hace que se cree un ecosistema que ayuda a empoderarlas, a que aumenten su autoestima y a romper la inercia de la pobreza.
Si se puede hacer la analogía, ¿qué quiere decir eso de tener una buena salud financiera? ¿Qué deberíamos tener, todos y todas, en ese diagnóstico y cómo mantenernos lejos de los virus?
Recurro a lo establecido en la cumbre del G20 en Río en 2024, y publicado por The Global Partnership for Financial Inclusion (GPFI), respaldado por los Ministros de Finanzas y Gobernadores de los Bancos Centrales de este grupo.
“Un estado en el que las personas son capaces de manejar con solvencia sus necesidades y obligaciones financieras, pueden afrontar imprevistos, perseguir aspiraciones, metas y aprovechar oportunidades, y se sienten satisfechas y seguras con respecto a su gestión financiera, teniendo en cuenta las circunstancias específicas del país”.
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Simplificando, una buena salud financiera es cuando puedes planificar y permitirte algún “capricho”. Ayer justamente en Perú charlé con una emprendedora nuestra y me decía que quería “controlar las compras” ¡es un buen comienzo de salud financiera!
En una situación de precariedad tu forma de tomar decisiones no es óptima, y la salud financiera tiene mucho que ver con el comportamiento. Nuestros emprendedores son optimistas: 86% dicen que cumplen sus metas financieras y 80% dicen que tendrán buenos ingresos futuros.
Pero, a este panorama se añaden dos complejidades: la primera, que se entremezclan las necesidades del hogar con el negocio, lo cual dificulta la adecuada gestión de ambos. La segunda, que el nivel de imprevistos ya se normaliza. Para mi éste último, es el peor de los virus.
Es decir, aunque tengan optimismo sobre el futuro, la presión y las limitaciones económicas, sumadas a ciertos patrones de comportamiento, pueden llevar a decisiones financieras que no son las mejores para su situación a largo plazo. El progreso, para nosotros, es de largo plazo, no de conseguir ingresos rápidos. Nuestro compromiso está con su progreso sostenible, de ahí el interés en seguir profundizando en esa dimensión, en paralelo al desarrollo del negocio (como fuente de ingresos) y el bienestar (estándar mínimo de vida con la pobreza multidimensional). Todo está interconectado.
¿Por qué nos cuesta tanto emprender para salir de la pobreza: será por falta de apoyo financiero?
El emprendimiento no es una tarea fácil y si observas las actividades que tienen nuestros emprendedores, suelen ser, sobre todo, para los más vulnerables. El reto consiste no sólo en mantener el negocio, sino en lograr un fortalecimiento empresarial para avanzar hacia microempresas más sofisticadas o bien cuenten con múltiples actividades para diversificar riesgos.
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El apoyo financiero es un elemento más dentro de un compendio de ingredientes. La reducción de la pobreza es un desafío complejo: es multidimensional, todo está interconectado y cambia en el tiempo. Por ejemplo, creemos que la digitalización de los negocios puede ser una herramienta muy interesante para hacer que sean más eficientes y estamos evaluando estudios al respecto. Otro aspecto a valorar es la protección social y cómo podemos mejorar esa dimensión. En definitiva, me encantaría contar con una “vacuna”, pero mucho me temo, que el reto es mayor. Dicho esto, el acceso a nuevos datos, metodologías más ágiles y herramientas digitales distintas, me hacen creer que estamos en un momento diferente donde pensamos que podemos hacer las cosas de otra manera. En eso estamos y ojalá podamos contarte pronto, más al respecto, en relación a un estudio que estamos llevando a cabo con CGAP, el thinktank del Banco Mundial para la inclusión financiera.
¿Cómo “enseñar a emprender” desde instancias como el colegio? Tal vez, con esa idea, seríamos más abiertos a crear oportunidades, entender mejor el mundo financiero y crear más posibilidades para salir de la pobreza. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Sin duda creo que educar desde pequeños, sobre todo en temas de gestión financiera, es fundamental, y un paso clave para poder construir a lo largo de la vida una buena salud financiera.
Si conoce historias de emprendedores y sus emprendimientos, escríbanos al correo de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) o al de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com). 👨🏻💻 🤓📚