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Honra tu grandeza
Una idea sencilla que con demasiada frecuencia pasamos por alto. Valorarte. Por todo lo que has pasado y aquello en lo que te has convertido. Por los miedos a los que te has enfrentado y de los que te has liberado. Por los sueños que no solo has soñado, sino que has tenido la valentía de convertir en realidad. Por todas las personas a las que has ayudado y por todo el bien que has hecho. Importas más de lo que crees, así que no midas tu valor por lo que la mayoría te dice que deberías ser, hacer y tener.
El hecho de que estés aquí conmigo no es un accidente. Algo en ti (en una cultura en la que demasiadas personas excelentes caminan sonámbulas en un sueño digital durante sus horas más valiosas) busca algo más elevado. Siento que, aunque a veces la vida es dura, no has perdido la esperanza. Has conservado tu optimismo en un futuro mejor y has confiado en esa llamada que sientes en tu alma y te dice que alcances tus aspiraciones éticas durante el tiempo que te quede por vivir.
Esto, a mis ojos, cada vez más viejos, te convierte en un héroe. Has pasado por mucho. Podrías haberte rendido. Haberte hartado, haberte vuelto escéptico y supercrítico, y haber cerrado tu corazón.
Pero estás aquí. Listo para ascender, apasionado por avanzar y decidido a crecer gracias a la orientación que recibas de mí, como tu mentor. ¿Sabes? Estar dispuesto a dejar ir a la persona que eras ayer para convertirte en alguien aún mejor, más sabio, más sano y más feliz mañana, es un acto de gran valentía.
Ah, e insisto en que el trabajo de desarrollo personal es el mejor que puedes hacer. Muchas personas se ríen o ponen los ojos en blanco (o ambas cosas) cuando oyen el término «superación personal», pero ¿qué es más valiente y sensato que realizar de forma constante y progresiva el entrenamiento profundo para convertir la cotidiana inseguridad humana en una excepcional seguridad en ti mismo, las limitaciones personales en habilidades fuera de lo común, y un modo promedio de avanzar por la vida en un viaje impresionante que honre la promesa con la que naciste? «La inversión más importante que puedes hacer es en ti mismo», dijo el famoso financiero Warren Buffett. Y la mejor estrategia para mejorar el mundo es mejorarte a ti mismo, ¿verdad?
A medida que reelaboras, elevas y ajustas tu universo interior, tu relación con lo que en mi metodología llamo tu «yo heroico» (que es lo contrario de tu «yo egoico», la parte falsa, defectuosa, restringida y asustada de ti que se ha formado por las creencias negativas y las heridas humanas que has sufrido en el pasado) aumentará sin la menor duda. Y cuando tu relación primordial con tu yo más grande aumenta, todas las demás relaciones de tu vida aumentan también.
Crea un conocimiento y una intimidad más fuertes con tu yo heroico (mediante las filosofías y las herramientas por las que te guiaré), y la relación con tu familia, tu vitalidad, tu trabajo, tu prosperidad, tu comunidad, tus aventuras y tu servicio a los demás volarán con él.
Por cierto, ahora deberías saber que soy de origen humilde. No nací en cuna de oro. Nací en África, de padres inmigrantes. Hace dos años llevé a Elle, mi compañera de vida, a ver la casa donde crecí. El actual propietario estaba regando el césped cuando nos acercamos. Le conté que hace más de cincuenta años yo vivía en su casa, así que nos invitó a entrar. Un hombre muy amable y sonriente.
Después de marcharnos, Elle me dijo: «Es la casa más pequeña que he visto en mi vida». Yo también.
Y crecí con un montón de defectos, como todos los seres humanos. Lleno de carencias, timidez, inseguridad y modos de actuar que encadenaban mis talentos, frenaban mi optimismo y asfixiaban mi libertad.
Pero una cosa me salvó (y me transformó): un amor ilimitado (y a veces obsesivo) por crecer. Si no sabía cómo mejorar algo, podía aprender a hacerlo. Todo lo que deseaba llegar a ser y todo lo que soñaba experimentar podía hacerse realidad enriqueciendo mis conocimientos. Tú también puedes hacerlo, por supuesto. Y por eso estoy tan emocionado por ti.
Mientras escribo estas palabras, recuerdo lo que dijo la filósofa y escritora Ayn Rand:
No dejes que tu fuego se apague chispa a chispa en los desesperanzados pantanos de lo que no es del todo, de lo que aún no es y de lo que no es en absoluto. No dejes que el héroe que tienes en el alma muera solo y frustrado por la vida que merecías, pero que no has podido alcanzar. El mundo que deseas puede conquistarse, existe, es real y es tuyo. Estos son mis mejores deseos para ti.
2
La ley de que el cambio exterior sigue al cambio interior
Mientras te escribo este mensaje, espero que estés de muy buen humor, lleno de entusiasmo (¡qué gran palabra!) y buscando con pasión una vida maravillosa de la que te sientas orgulloso cuando seas anciano. Y si ya eres anciano, entonces deseo que ya estés orgulloso de tu vida.
Me he levantado a las tres de la mañana (me fui a dormir poco después de las nueve de la noche) para meditar, visualizar y orar. Después me he subido a la elíptica. Es mi aparato de ejercicio favorito, aparte de mi fiel bicicleta de montaña, que para mí es la mejor. Cuando conocí a Elle (en nuestra segunda cita, para ser exactos), lo primero que le enseñé cuando vino a mi casa fue mi bicicleta de montaña. Después me confesó que le había parecido un poco raro, pero han pasado muchos años y sigue conmigo, así que supongo que el gesto no estuvo tan mal.
En cualquier caso, quiero contarte una historia. Una noche, un padre estaba sentado en su sillón favorito leyendo un periódico. Su hijo pequeño estaba sentado cerca de él.
—Papá, vamos a jugar —le dijo alegremente el niño.
Pero el hombre estaba demasiado ocupado siendo adulto y siguió leyendo su artículo.
—¡Papi, vamos a jugar! Vamos a divertirnos —le repitió el niño.
Pero el padre no le prestó atención y siguió con su lectura.
El niño insistió, pero el hombre no le hizo caso. Al final el padre tuvo una idea. En el periódico había una foto del globo terráqueo, así que la arrancó, la rompió en pedazos, se los entregó a su hijo y le dijo que uniera los trozos creyendo que tardaría mucho en conseguirlo.
Pero los niños llegan más evolucionados que los adultos para enseñarnos las lecciones que debemos aprender. Y tras solo unos minutos el niño volvió con el globo terráqueo perfectamente unido.
—Hijo, ¿cómo lo has hecho? —le preguntó el padre, asombrado.
—Muy fácil, papá. En la otra cara del globo terráqueo había una persona. Y en cuanto he recompuesto la persona, el mundo ha quedado bien.
Poderosa idea, ¿verdad? En cuanto te recompongas, tu mundo quedará bien. Más que bien. En realidad, fantástico si pones en práctica las filosofías, los métodos, las rutinas y las tácticas que me entusiasma compartir contigo (nada funciona para una persona que no esté dispuesta a hacerlo funcionar, ¿verdad?).
Uno de los tatuajes cerebrales que me encanta compartir con mi público cuando doy una conferencia en alguna ciudad de este pequeño planeta es este: «Las víctimas ponen excusas; los líderes consiguen resultados». Ser líder no significa que debas tener un título, una posición, autoridad o un montón de dinero. No, para nada.
El liderazgo es justo lo contrario del victimismo. Y los seres humanos que renuncian a su capacidad de crear resultados maravillosos quejándose, buscando culpables y esperando que otros les mejoren las cosas son personas que han caído en la trampa de hacerse las víctimas.
El otro día estaba en un coche compartido con un conductor joven y muy simpático. Me contó que había llegado como inmigrante con doscientos sesenta dólares en el bolsillo. Era todo el dinero que tenía. Pero centrándose en sus objetivos, trabajando duro y con ganas de crecer, ahorró lo suficiente para comprarse una casa y ahora mantenía a once (sí, ¡once!) miembros de su familia. Podría haberse quejado de su duro pasado, haber echado la culpa a su pésima infancia y haber esperado a que sucediera algo que le mejorara la vida, pero no lo hizo. Empezó con muy poco, fue avanzando día a día, y con el paso del tiempo transformó su situación. Este conductor consiguió resultados en lugar de poner excusas. Y me contó que su auténtico secreto era su profunda dedicación a la superación personal constante, que es en lo que consiste el crecimiento, la primera forma de riqueza.
Por alguna razón, la historia de este hombre me hace pensar en las palabras del poeta guerrero Charles Bukowski: «¿Recuerdas quién eras antes de que el mundo te dijera quién debías ser?».
Deberíamos terminar aquí este capítulo, porque necesito un descanso y mi fiel bicicleta de montaña está esperándome.
3
No colecciones resentimientos
Una persona nos mira mal. Una persona cercana a nosotros nos decepciona. Una persona en la que confiábamos nos miente. Cosas así forman parte de la esencia de la vida. Por mucho que lo intentes, no puedes evitarlas.
Cuando no nos tratan como queremos que nos traten, es muy fácil enfadarse. O retirarse. O guardar un secreto resentimiento.
Y a medida que avanzamos en la vida e interactuamos con otros seres humanos, es fácil seguir añadiendo experiencias a lo que yo llamo «la pila del resentimiento».
Estás cada vez más desanimado y, en lugar de procesar las emociones de dolor, frustración e irritación que te crean estas experiencias para liberarte de ellas, te limitas a tragártelas. Y a regodearte en ellas. Y dejas que los resentimientos se pudran, como una gran herida abierta (que mancha todo momento que vives y empaña tu creatividad, tu productividad, tu prosperidad y tu serenidad).
Eres sabio y brillante, y eliges a mentores fantásticos, así que ya sabes que esta no es la mejor manera de vivir. Las heridas que no se curan se convierten en potenciales no realizados, y además te absorben la energía, una energía que podrías utilizar para conseguir resultados elevados y disfrutar del regalo supremo y la expedición que es tu vida.
Y también recuerda que cuanto más crece tu pila del resentimiento, más influye en tu forma de verlo todo.
Empiezas a ver desprecios que ni siquiera han existido. Empiezas a observar que las personas hacen cosas malas que en realidad no han hecho. Empiezas a creer que este universo a veces difícil pero también asombroso en el que vivimos es un lugar aterrador. Vemos las cosas no como son, sino como somos nosotros, ¿verdad?
Así que mi sincera sugerencia para ti, mientras doy un sorbo a mi té de menta fresca con una rodaja de jengibre y escucho la preciosa canción country «Fall» de Kolby Cooper, mientras un gallo muy escandaloso sigue despertando al mundo, es que te conviertas en un maestro de dejar ir las cosas. Protégete, por supuesto, y no dejes que te traten mal. Es obvio, y de hecho enseñamos a los demás cómo tratarnos. No debes permitir que te pisen, pero también te sugiero que tengas más compasión con los demás. No sabemos qué batalla están librando. Y todos los que nos rodean hacen lo que pueden (incluso si lo que pueden es un desastre).
Y aunque esto no significa que no debamos responsabilizarlos de lo que hacen, sí significa que merecen nuestra comprensión. Imagínate lo brillante que será la vida humana que crearás si optas por la rareza de intentar ver las bendiciones de las personas que pretenden maldecirte. Este es el comportamiento de las almas más grandes de la historia. Y el de una persona rica de verdad.
«En mis años más jóvenes y vulnerables, mi padre me dio un consejo al que no he dejado de dar vueltas. “Cada vez que quieras criticar a una persona, recuerda que no todo el mundo ha tenido las ventajas que has tenido tú”», dice Nick Carraway, el narrador de la estupenda novela de F. Scott Fitzgerald El gran Gatsby.
Haz bien esta parte, y tu alegría diaria y tu tranquilidad general aumentarán de forma exponencial. Y con la vida que lleves, propiciarás sutilmente que estalle la paz en todo el planeta.
4
Está bien ser desordenado
«Sé perfecto», «sé superordenado» y «ten abdominales definidos», nos enseña la sociedad. ¡Qué absurdo!
¿Llevar una vida equilibrada no es señal de gran sabiduría?
Hay momentos para ejercitar una fuerza de voluntad excepcional (mientras creamos un proyecto inspirador, perseguimos una meta importante de aptitud física o llevamos a cabo una aventura espiritual importante, por ejemplo) y mostrar una autodisciplina heroica. Y también hay periodos para tumbarse, descansar más, hacer poco y simplemente ser un ser humano.
Y cuando digo en el título de este mensaje que está bien ser desordenado en determinadas etapas del viaje de tu vida, no me refiero solo a no hacerte la cama cuando no te apetece y a tener la agenda vacía para concederte la libertad de aburrirte. También quiero decir que está bien no ser perfecto en lo que respecta a tu vida interior. El autodominio y el crecimiento personal nunca deben ser una rutina. De lo contrario, agotarás la magia del proceso.
Anoche vi un vídeo en internet de un hombre que decía que deberíamos tratarnos a nosotros mismos como un bloque de piedra, golpearnos hasta el límite para esculpir algo hermoso. Su energía era intensa, agresiva y al parecer enfadada.
Entiendo lo que quería decir, por supuesto. No podemos ceder en todo momento a impulsos débiles y aun así esperar tener una vida deslumbrante, llena de excelencia y satisfacción. Entendido. Envíame la camiseta con el lema. Algunos mensajes de la mentalidad del trabajo duro y el esfuerzo constantes tienen algo de verdad. A las personas que hacen cosas difíciles les suceden cosas felices.
Pero, para mí, una experiencia humana gloriosa debe contener cierto desorden. Algunos momentos de «pereza estratégica». Algunos hermosos días de serio desorden en los que nos permitimos dejar la cama sin hacer, la llamada sin atender y los platos sin fregar. No somos máquinas, somos seres humanos.
Supongo que lo que me gustaría que consideraras es que debes confiar más en el fluir de las cosas. Deja de resistirte a tus ritmos naturales. Acepta las etapas en las que parece que no pasa nada, como el campesino acepta tanto las épocas de barbecho como las de cosecha, porque entiende que sin las primeras no sería posible el crecimiento espectacular de las segundas. Honra los días en los que tienes toda la energía del mundo. Y descansa más los días en que no la tengas.
5
Memoriza el principio PENAM
¿Alguna vez te has preguntado cómo has llegado a ser la persona que eres?
¿Alguna vez has pensado en cómo se desarrollaron las cosas para dar lugar a quien eres hoy? (Por cierto, no hay nadie en el mundo exactamente igual que tú).
Mi respuesta puede condensarse en un acrónimo de cinco letras: PENAM.
Sí, esa es mi respuesta.
Tus creencias fundamentales, tus comportamientos básicos, tus hábitos diarios y tu forma de ser los originaron y crearon las cinco fuerzas que representa el acrónimo PENAM.
La «P» corresponde a tus padres. Lo más probable es que tuvieran buenas intenciones, claro, pero lo cierto es que también te transmitieron su programación defectuosa. Hicieron lo que pudieron basándose en lo que sabían y en lo que les enseñaron sus padres. Si tenían problemas de dinero e ideas limitadas sobre la abundancia económica, tú también las adoptaste (porque un niño asume el pensamiento y copia inconscientemente el comportamiento de quienes lo cuidan, que le enseñan cómo funciona el mundo). Si tus padres creían que la vida siempre es trágica, que la mayoría de las personas son malas y que los seres humanos no pueden controlar lo que acontece, tú aceptaste estas creencias y asumiste estos hábitos. Y los has puesto en práctica tantas veces que se han convertido en tus verdades y en tu realidad, aunque fueran erróneos.
La «E» corresponde a tu entorno. Tu ecosistema tiene una influencia impresionante en la manera en que te muestras cada día. Permite entradas mediocres en tu órbita personal, como programas de televisión violentos, noticias tóxicas y mensajes de influencers narcisistas, y con el tiempo estas fuerzas degradarán tu positividad, tu rendimiento y tu alegría. Además, el entorno en el que creciste durante los años de formación que dieron forma a tu identidad ha tenido un enorme impacto en la persona que eres ahora en el mundo.
La «N» corresponde a nación. Si creciste en una zona de guerra o en un país que sufre inestabilidad social, esto afectará mucho a tu forma de ver las cosas. Si eres de una nación próspera, estable y segura, esto también crea una lente a través de la cual procesas lo que es posible para ti. Y en quién puedes convertirte en el futuro.
La «A» corresponde a tus asociaciones. Con quién pases el tiempo tiene un efecto enorme en tu forma de pensar, sentir y actuar. Tu círculo de amistades, por ejemplo, es un fuerte indicador de tus ingresos, tu estilo de vida y la huella que dejes. Establece relaciones con reinas del drama y reyes del caos, y con el tiempo estas influencias te afectarán profundamente.
La «M» corresponde a los medios. Cada día, vivas donde vivas, recibes un torrente constante de hipnosis y seducción de muchos medios. En él podríamos incluir anuncios pensados para inducirte a comprar productos, sugerencias sobre qué valores son importantes y consejos sutiles sobre cómo deberías vivir para encajar en el molde. Todo esto, con el tiempo, infecta tu identidad e influye en tu manera de interactuar con las oportunidades.
PENAM. Estas letras explican cómo te has convertido en quien eres. Piensa en ellas. Coméntalas con un amigo. Y medita sobre ellas en soledad. Porque a medida que eres más consciente de las cinco fuerzas que te han dado forma, aumenta tu autodominio. Y se incrementa tu capacidad de tomar mejores decisiones, que, sin duda, generarán resultados más espectaculares.

6
La mejor manera de empezar es empezar
Estoy de viaje. Voy a dar una serie de conferencias a líderes y empresarios importantes. Escribo este capítulo en la habitación de mi hotel en Barcelona. Estoy rodeado de los libros que me he traído (entre ellos, El profeta de Kahlil Gibran, The Stories of My Life de James Patterson, La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe, The Great Crashes de Linda Yueh, La medusa inmortal de Nicklas Brendborg, El arte de aprender de Josh Waitzkin y Por qué escribo de George Orwell; sí, mi maleta es grande), mi diario matutino y una taza de un café excelente. Ayer tuve un día intenso con la prensa promocionando Manifiesto para los héroes de cada día, que aquí acaba de publicarse. Mañana estaré en un escenario al servicio de seis mil personas. Aún me asusta. Porque después de tantos años todavía me importa mucho, muchísimo.
Hace un rato, una periodista me ha hecho una pregunta que me plantean a menudo después de escuchar un poco de mi ideología y mi metodología sobre el liderazgo, el rendimiento excepcional y cómo alcanzar una vida rica de la que al final te sientas orgulloso:
—¿Y por dónde empezamos? Yo también quiero escribir un libro —ha añadido la periodista—, y me pregunto por dónde debería empezar.
Mi respuesta ha sido muy sencilla:
—Empieza.
No es tan difícil y no hay razón para complicar las cosas mientras materializas y optimizas el talento con el que naciste. La manera de empezar es empezar. A menudo, pensar demasiado y complicar el comienzo es un síntoma saboteador de miedo. En realidad, te resistes a avanzar porque tienes miedo: al éxito, al fracaso, a que te ridiculicen o a destacar en tu grupo.
¿Cómo se empieza un libro? Escribe la primera página. Y mañana la segunda. Y pasado mañana la tercera. Y sigues hasta que termines el maldito asunto. Sí, es así de sencillo (lo difícil es comprometerse y cumplirlo).
Es absolutamente necesario que sigas cumpliendo las promesas que te hiciste. No hacerlo destruirá tu autoestima y negará al mundo la magia que has venido a hacer en él. ¡Sí, avanza a toda costa! Deja atrás las dudas, la sensación de que lo que haces es malo y esa brillante atracción hacia las distracciones digitales. Deja atrás el tentador deseo de que sea más fácil (las mejores cosas de la vida siempre llegan haciendo cosas incómodas, ¿no?).
¿Cómo se inicia el proceso de ponerse en forma? Mañana te levantas temprano y haces las primeras flexiones. Pasado mañana más, y después aún más. Hasta que hacer un montón de flexiones te resulte fácil porque te has fortalecido.
Sí, amigo mío. La manera de empezar es empezar. Sin excusas. Sin racionalizar. Sin aplazarlo. Sin quejas. Ejerces tu voluntad humana para dar ese primer paso. Y después el siguiente. Y así sucesivamente hasta que por fin te conviertas en un maestro en las actividades que para ti son importantes.
Y como escribí en Manifiesto para los héroes de cada día: «Todo cambio es difícil al principio, desordenado en el medio y hermoso al final».
Así que ¡en marcha! Por favor. Tu vida más rica está esperándote. Y nada sucede hasta que empiezas.
7
Los miedos son cuentos de fantasmas
Dices que no crees en los fantasmas.
¿De verdad? Todos creemos.
Decimos que no podemos ser valientes en situaciones aterradoras, que no estamos lo bastante preparados o entrenados o que no somos lo bastante buenos para aceptar una magnífica oportunidad.
Nos convencemos de que no podemos mantenernos firmes cuando tenemos ganas de rendirnos.
Nos decimos a nosotros mismos que es muy difícil llegar a ser la persona que siempre hemos querido ser.
Justificamos nuestras debilidades, nos obsesionamos con las dificultades y después recurrimos a excusas para encubrir nuestras inseguridades, en lugar de vivir nuestra grandeza.
Nos engañamos pensando que las personas positivas, creativas, exitosas y elocuentes están hechas de otra pasta. Y que poseen dones que nosotros no tenemos.
La mayoría de nuestros miedos son burdas mentiras. Puras ilusiones. Falsedades flagrantes. Cuentos de fantasmas. Ya entiendes lo que quiero decir.
El gurú Osho contó la historia de un hombre que descendía de la cima de una montaña altísima. Había caminado todo el día y empezaba a anochecer. Daba cada paso con cuidado a medida que el cielo se volvía más oscuro y la luz más tenue. De repente perdió el equilibrio y, aterrorizado ante la posibilidad de caer a un abismo de miles de metros, se agarró a una rama.
El hombre se pasó toda la noche colgado de esa rama, con un miedo espantoso, pensando que si la soltaba, se precipitaría hacia la muerte. Toda la noche gritó pidiendo ayuda, pero nadie lo oyó. Pensó en todo lo que aún no había hecho en la vida, en el potencial que no había utilizado, en el crecimiento que no había conseguido experimentar, en los talentos humanos que no llegaría a conocer y en su familia, a la que tanto quería… En todo lo que perdería si se caía.
Al amanecer, la luz del sol mostró una verdad que sorprendió al hombre: a solo quince centímetros por debajo de él había un gran saliente. En la oscuridad no había podido verlo. Se echó a reír, al principio suavemente y después de forma descontrolada. Se dio cuenta de que su miedo solo tenía quince centímetros de profundidad. Debajo de esos quince centímetros el lugar era seguro.
Así que cambia tu relato. Niégate a escuchar las patrañas que te venden los cuentos de fantasmas. No merecen ocupar tu mente ni limitar tu éxito, tu felicidad y tu serenidad. En realidad solo tienen quince centímetros de profundidad.
8
Deja de decir estas dos horribles palabras
Dile a alguien que lea el libro que te cambió la vida y a menudo te responderá con dos palabras que para mí equivalen a una palabrota.
Recomienda a tu mejor amigo que vea el documental que te enseñó a desarrollar la habilidad que mejoró tu destreza y optimizó tu productividad, y es probable que recurra a las mismas palabras.
Sugiérele a una persona que te importe que se cure una herida, solucione un defecto o convierta el problema que la consume en una solución satisfactoria y con demasiada frecuencia utilizará la misma cantinela.
¿Cuáles son esas dos palabras que, juntas, componen una sinfonía de negatividad y frenan seriamente tu compromiso con el crecimiento personal, al menos para mí?
«Lo intentaré».
Ay, ay, ay.
«Lo intentaré» significa que no vas a comprometerte.
«Lo intentaré» significa que en realidad no vas a implicarte.
«Lo intentaré» significa que no vas a hacerte responsable.
«Lo intentaré» significa que en realidad no te interesa tanto.
«Lo intentaré» significa sobre todo que te preocupa hacer los cambios que debes hacer para llevar la vida que te gusta. Y recuerda que no puedes tener el mundo que quieres sin hacer lo que debes, por así decirlo.
«Lo intentaré» roza la evasiva y es una razón que ofrece casi todo el mundo para quitarse de encima la responsabilidad. Esta frase deshonra tus talentos. Y le falta el respeto a tu genio.
«Lo intentaré» es un violento atracador del potencial humano, un ladrón del rendimiento excepcional y un frío asesino de tus mayores sueños.
«Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes», advirtió Yoda, el personaje de La guerra de las galaxias.
Creo que tenía razón.
9
Sé el adulto de esta habitación
El otro día mantuve una profunda conversación con una persona que es amiga mía desde hace treinta años.
Me contaba que su padre había muerto hacía poco, y su madre, poco antes que él, lo que llevó a su hermano a decir: «Supongo que ahora somos los adultos de esta habitación».
Mmm. «Los adultos de esta habitación».
No sé tú, pero, aunque tengo casi sesenta años, me siento más o menos igual que cuando era niño, al menos en algunos aspectos. Extraño, ¿verdad?
Por fuera parezco mayor y los demás suponen que sé más. Y he aprendido muchísimo y he vivido muchas experiencias, por supuesto.
Pero sigo intentando descubrir muchas cosas. Todavía me confunde cómo se desarrollan algunos acontecimientos, me pregunto por qué han aparecido en mi camino algunas personas, y me planteo si la vida avanza siguiendo el destino o si el viaje es una serie aleatoria de situaciones sin sentido en sí mismas (cosa que dudo).
El comentario de mi amiga me impactó. «Sé el adulto de esta habitación».
Me recordó que, en última instancia, solo tú mejorarás tu vida. Nadie va a ayudarte ni aparecerá por arte de magia un salvador con armadura brillante para meterte una cuchara de plata en la boca (y colocarte una corona en la cabeza). No está en camino un escuadrón de ayudantes ni una caballería al rescate para convertirte en lo que siempre has querido ser y transformar tu realidad en algo especial, emocionante y satisfactorio.
Esto me recuerda a un chico al que conocí en un restaurante de Ciudad del Cabo, en uno de mis muchos viajes a Sudáfrica. Durante años el chico había formado parte de una banda muy peligrosa, y un buen día tomó la decisión de liberarse. El dueño del restaurante quiso ayudarlo, así que le dio trabajo como lavaplatos. El chico aprovechó la oportunidad, ascendió de puesto y poco a poco fue enamorándose de la cocina. Al final llegó a ser uno de los mejores chefs de la ciudad. Ah, y el establecimiento entró en la lista de los cincuenta mejores restaurantes del mundo. Y lo calificaron como el mejor de África.
Charlé con él durante la comida y le pregunté qué lo había impulsado a dejar su antigua vida. Lo pensó un momento y después me contestó: «Vi morir a muchos amigos. No quería morir, así que tuve que cambiar. Me di cuenta de que nadie iba a hacerlo por mí, de modo que tuve que hacerlo yo mismo».
Sí. Debes ser tú quien te ayudes. Y asumas la absoluta responsabilidad de cómo es tu vida (y de hacer las mejoras que la enriquecerán). Porque, en la habitación de la vida, ahora eres el adulto.
10
Recuerda que pequeños pasos producen grandes beneficios
Durante décadas he compartido con mis clientes y mis audiencias un tatuaje cerebral que me han dicho que les ha resultado muy útil, de modo que siento la necesidad de compartirlo también contigo: Pequeñas mejoras diarias, que parecen insignificantes, si se realizan de forma constante a lo largo del tiempo, conducen a resultados sorprendentes.
Una vida verdaderamente rica sucede más por evolución que por revolución. Son esas pequeñas y constantes victorias las que, cuando se llevan a cabo a diario, evolucionan hasta convertirse en un tsunami. Lo que me lleva a la Gran Pirámide de Guiza.
Hace poco estuve en El Cairo. El organizador del evento tuvo la generosidad de ofrecerme en mi día libre una visita guiada a la que es una de las siete maravillas del mundo antiguo. Mientras entrábamos en el magnífico monumento, que se erige como testimonio de las posibilidades humanas, me contaron que tardaron veinte años en construir la Gran Pirámide. Se necesitaron dos millones y medio de piedras y casi cincuenta mil trabajadores. Durante más de tres mil años, hasta que se construyó la Torre Eiffel, en 1887, esta fascinante edificación fue la más alta construida por manos humanas.
¿La verdadera fórmula para construir esta maravilla? El monumento se alzó colocando un bloque de piedra sobre otro, y otro bloque de piedra sobre el anterior, y así sucesivamente. La atención no se centraba en la pirámide, sino en la acción constante de colocar los bloques. La atención se centraba en el proceso, no en el objetivo. Dedica un momento a reflexionar sobre este punto.
Vivimos en una época en la que muchos de nosotros queremos que nuestros sueños se hagan realidad al instante. Hemos olvidado la importancia de la paciencia, la magia de la constancia y la maravilla de los pequeños triunfos diarios en el proyecto que más nos inspira, ya sea un programa para mejorar la salud o un deseo amoroso, un objetivo económico o un asunto espiritual.
Tus días son tu vida en miniatura y, a medida que elaboras cada día, creas tu vida. La constancia es la madre de la maestría, y las pequeñas cosas que haces a diario son mucho más importantes que las grandes que podrías hacer una vez al año.
Supongo que lo que también te sugiero es que midas tu éxito no en función de si has conseguido el resultado final, sino por la profundidad de tu compromiso con el viaje de dar pequeños pasos en la dirección de tus ideales más brillantes (y por lo que dice de ti como persona el hecho de que te quedes en el camino con el que te has comprometido). Para mí, mejorar día a día es ganar. Acabar el proyecto es solo la guinda del pastel, no el verdadero trofeo.
Pienso en las palabras del novelista escocés Robert Louis Stevenson, que dijo: «No juzgues cada día por la cosecha que recoges, sino por las semillas que plantas».
A veces parece que tus pequeñas acciones habituales para mejorar las cosas no producen ningún avance, pero, créeme, lo producen. El crecimiento es a menudo invisible, como las semillas que germinan bajo tierra y que algún día se convertirán en árboles imponentes. Céntrate, aplícate, ten paciencia y sé consciente de que con el paso del tiempo tus pequeños triunfos diarios acabarán convirtiéndose en grandes victorias.
Ah, y cuando los que te rodean que no te entienden (o no les interesa apoyarte) te critiquen o se burlen de ti, recuerda las palabras del célebre escritor Dale Carnegie: «Cualquier tonto puede criticar, condenar y quejarse, y la mayoría de ellos lo hacen».
11
Adora tus heridas
No estás roto, simplemente eres humano. No eres disfuncional, simplemente estás vivo.
Si estás dispuesto a participar en el juego, a ejercer tu valentía innata y a asumir riesgos para vivir tu visión de futuro, sentirás dolor. Cuanto más alta es la montaña, mayor es el peligro.
No está mal que alcances los cielos (y quieras caminar con los dioses). No, incluso está muy bien. Significa que eres el héroe de tu vida, que tienes el valor suficiente para arriesgarte y mantener la fe en tu poderosa misión. ¿Cuál es la alternativa? Un muerto viviente.
¡Es maravilloso que todavía creas en ti! Y poco frecuente (en una cultura en la que demasiadas personas buenas han renunciado a las esperanzas de su infancia, han aceptado la mediocridad y por desgracia pasan sus mejores días como ciberzombis pegados a pantallas).
Te han hecho daño, ¿verdad? Y te han quedado cicatrices. Te entiendo. A mí también me ha pasado.
Pero te sugiero con toda humildad que celebres tus cicatrices. Y que adores tus heridas. Porque te han hecho un preciado servicio. Han llenado tu vida de regalos invisibles, ocultos tesoros de sabiduría, comprensión, resiliencia, compasión y una mayor intimidad con lo especial que hay en ti. La vida se despliega para que tengas suerte, no para que fracases. Confía en sus extraños métodos. Y sigue adelante. Se avecinan cosas buenas que aún no puedes imaginar. Tu futuro es (muy) brillante.
* Se publica con autorización de Penguin Random House Grupo Editorial.