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Ricardo Roa no continuará como presidente de Ecopetrol, aunque por ahora tampoco abandonará la compañía, según la decisión de la junta directiva anunciada este lunes.
Juan Carlos Hurtado Parra, quien se desempeña como vicepresidente ejecutivo de Hidrocarburos desde noviembre de 2025, fue nombrado presidente encargado.
Tras varias semanas de rumores e incertidumbre alrededor del futuro de Roa al frente de la principal empresa de Colombia, la junta directiva le dio una especie de salida intermedia: el directivo tomará siete semanas de vacaciones. Después de ese período arrancará una licencia no remunerada que se prolongará hasta el 28 de junio, una semana después de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
La decisión de hacer a un margen al directivo llega en medio de dos investigaciones judiciales, así como pedidos para su salida desde varias esquinas: miembros de la junta directiva, sindicatos y accionistas minoritarios.
Todo el escenario ha creado uno de los peores momentos en la reputación de la compañía, a la vez que ha puesto en entredicho la efectividad e independencia del gobierno corporativo de la petrolera. Ambas cosas son malas noticias.
¿Por qué es importante la reputación en los negocios?
La pregunta puede ser un poco obvia, pero la respuesta toca puntos importantes, como el liderazgo o la credibilidad de la empresa, que, aunque pueden sonar algo elevados y lejanos, se pueden observar en varios puntos de la crisis reputacional por la que atraviesa Ecopetrol.
No se habla acá de los resultados financieros de la petrolera, que dejan mucho que desear desde hace por lo menos dos años, aunque recientemente navegan en la cresta de la ola de precios del crudo que creó la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán.
Tampoco acerca del comportamiento de la acción, que sigue una lógica similar a las utilidades: años tumultuosos, pero impulsada por los vientos de la guerra y el cierre del estrecho de Ormuz.
Pero sí sobre cosas como los abucheos de la última asamblea de accionistas de Ecopetrol contra Roa y la junta directiva.
En justicia, estos encuentros no son reuniones plenas en cordialidad y amabilidad. Siempre hay una lluvia de críticas, acusaciones y una dosis elevada de opinión política (a veces en voz de actores políticos, para más).
Pero la pasada asamblea fue más que eso: una colección de descontento real y palpable por la gestión de la empresa, pero en especial hacia la figura de Roa y, por transitiva, contra la junta directiva.
La reputación en los negocios es un asunto estudiado por teóricos en economía y administración de empresas, como James Kouzes y Barry Pozner, explica Rodrigo Zárate, experto en liderazgo y director del doctorado en administración de empresas de la Universidad Cesa.
Los autores, cuenta Zárate, explican que la primera ley del liderazgo es la integridad: “Antes de liderar debo hablar de ética e integridad. El problema de muchas organizaciones es que no tienen seguidores, pero sí empleados. Un empleado tiene un contrato que lo obliga a obedecer. Pero un seguidor, más allá del contrato, cree en lo que la empresa hace, se alinea con la misión, la visión y los valores de la compañía. Y esto genera un efecto sobre la reputación”.
De fondo, una empresa sale al mercado a buscar usuarios, compradores, clientes. Y una parte importante de esto está atravesada por la reputación, por el nombre. A las marcas, los nombres en letreros en neón, los eslóganes en los comerciales, va atada una porción acaso invisible, pero vital de creencia: creo en eso o no.
Y esto está atado a temas como la reputación. “Todos relacionan mi producto con los valores de las personas que lo producen. Si salgo a vender unos zapatos que, digo, son la maravilla, ‘póngales la firma’, pero el presidente de esa empresa está imputado por mentir, eso lleva al consumidor a cuestionar la propuesta de valor de toda la compañía”, explica Zárate.
Y agrega un punto vital aquí: “Por eso las compañías tratan de buscar y contratar a los presidentes y directivos con la mejor reputación posible, porque las empresas son lo que son las personas”.
Para Francisco Reyes, exsuperintendente de Sociedades, “empresas del nivel de Ecopetrol deben tener a ejecutivos a toda prueba. La notoriedad de este caso hace que se produzca un daño reputacional. Es la primera vez que un presidente de Ecopetrol está sometido a un proceso penal tan delicado”.
En una línea similar habla Juan Camilo Rivera, director de la carrera de finanzas de la Universidad Javeriana: “En condiciones normales, una de las buenas señales que puede dar una empresa es precisamente eso, que su directivo haga las cosas que tiene que hacer para que los accionistas tengan mayor riqueza. Y esto se empieza a desmoronar en la medida en la que hay cuestionamientos legales mucho más serios”.
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Otro de los puntos que llama la atención en este escenario es que en el lado privado de los negocios no es fácil encontrar ejemplos que se asemejen a lo que está pasando en Ecopetrol.
En los primeros 50 puestos de la lista de las 100 empresas más grandes del país, compilada por la Superintendencia Financiera (y que encabeza Ecopetrol) se encuentra una mezcla de compañías privadas, mixtas y públicas (apenas para ver una pequeña muestra).
Con líos reputacionales derivados de asuntos como manejos financieros o atados a conductas de sus directivos se podría listar a Air-e (intervenida y con una sucesión de interventores que en nada tranquiliza) o ISA (cuyo principal accionista es Ecopetrol).
Antes de seguir, todo esto no sirve para exonerar u olvidar los comportamientos de algunas compañías privadas que están en ese listado. Algunas fueron señaladas en el pasado de nexos con paramilitarismo o de conductas vinculadas al despojo de tierras, por mencionar solo un par de asuntos.
Ahora bien, el caso de ISA es llamativo en este escenario, pues a finales de febrero la junta directiva anunció la salida de Jorge Carrillo como presidente de la empresa, por cuenta de una decisión del Consejo de Estado que anuló la elección del ejecutivo. Las razones del fallo, según el tribunal, incluyen problemas en el proceso de selección e incumplimiento en los requisitos de elegibilidad de Carrillo.
El escenario de Ecopetrol es distinto, claro. Sus presidentes son cuestionados por conductas diferentes, y en el caso de la petrolera no hay un fallo judicial de por medio, hasta el momento. Pero el corazón del asunto es un poco el mismo, si se mira de una forma: ataques y problemas reputacionales en lo más alto de la pirámide corporativa.
¿Qué viene para Ecopetrol con las medidas tomadas por la junta directiva?
En el día a día las funciones recaerán sobre el reemplazo nombrado por este órgano directivo. Pero, de fondo, los asuntos reputacionales podrían seguir en entredicho al no haber tomado una decisión determinante sobre el futuro de Roa en la compañía.
Para Rivera, la decisión “tampoco muestra un compromiso serio de la junta por, realmente, ejercer su función. Lo hicieron más por un tema de posibles sanciones que puedan tener a título personal, no porque entiendan que ser parte del gobierno corporativo de la empresa más grande del país implica una serie de responsabilidades que se tienen que tomar en serio”.
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