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Conectar a los jóvenes con el futuro mediante un puente llamado innovación, enseñarles a los más pequeños la importancia de tomar riesgos y a los más grandes a persistir hasta lograr los sueños: ese es, en palabras sencillas, el secreto con el que Israel ha logrado ser potencia mundial en innovación. “No es más”, dice Saul Singer, quien entiende poco o nada de español, pero sabe que desde que llega a Colombia está en una zona de exploración y por eso disfruta todos y cada uno de los espacios en los que percibe emprendimiento, creatividad y desarrollo.
El editor y columnista del Jerusalem Post y coautor de Start-Up Nation: The Story of Israel’s Economic Miracle, que llegó al número cinco en las listas de ventas de libros sobre negocios del New York Times y el Wall Street Journal, aterrizó en el país para participar en un foro de ciencia, tecnología e innovación y habló con este diario sobre cómo una nación pequeña y con escasez en recursos naturales llegó a ser promotora de emprendimiento y ejemplo de innovación para los países.
“Lo más difícil es tomar riesgos, y eso es lo que nosotros sabemos hacer. Considero que esa es la razón principal por la que Israel está pensando en innovación con determinación, con el fin de aventurarse y hacer lo que sea posible para convertir una idea en realidad”, dijo antes de agregar que ser innovador es un negocio muy rentable: “En tres años se han movido cerca de US$20 millones en la compra de compañías medianas por otras más grandes, y son muchos ejemplos los que se dan cuando una persona empieza a crear lo impensable”.
Israel, el país de Oriente del que habla la Biblia, el que vive en una zona de conflictos, que no es rico en recursos naturales pero es el más poderoso en el mundo de la innovación, le deja como moraleja a las demás naciones que el apoyo del Gobierno no es indispensable para continuar y que “en cualquier lugar del mundo todo es posible; la gente sólo se fija en Silicon Valley y después mira a Israel, un país muy pequeño, con una gran problemática, pero se da cuenta de que tiene la capacidad para construir fuertes sectores en materia de innovación y muchas empresas en formación. El simple hecho de que esto suceda debe ser una inspiración”.
Motivos suficientes para que Singer pueda hablar con la voz de la experiencia y decir que el secreto “es una combinación de muchos factores, uno de los cuales es que nuestro país es una compañía en formación. Otro factor que ha influido es nuestra Fuerza Militar, porque se ha convertido en un grupo de personas emprendedoras en temas de liderazgo que trabajan en equipo y están orientadas a una misión. También ha sido importante que nuestro país sea de inmigrantes, pues estas personas suelen ser muy emprendedoras, siempre están dispuestas a moverse de un lugar a otro”.
Para dar la noticia de que hay espacio para los colombianos en diferentes campos de Israel, refiere que “actualmente en Colombia funciona una empresa que se dedica a generar piel para personas que han sido quemadas. En Israel tenemos muchas compañías dedicadas al tema médico y esta sería un área en la cual podrían trabajar juntos. Otro ejemplo es que acá tienen compañías de gas y petróleo, pero les es difícil encontrarlo en las montañas; en Israel somos fuertes en eso”.
Catalina Ortiz, gerente general de iNNpulsa Colombia, analiza el panorama nacional y dice que “el vaso de la innovación en el país está medio lleno y no medio vacío. En los últimos dos años se han duplicado los recursos para el emprendimiento por parte del Estado. Solamente desde la unidad se han destinado $164.000 millones en proyectos y por parte de terceros, una cifra superior a los $80.000 millones, beneficiando a 26.366 empresas”.
Y agrega que el país va por muy buen camino: “Según el Global Entrepreneurship Monitor, más del 90% de los colombianos quiere emprender, lo que quiere decir que mientras el mundo busca ser empleado nosotros buscamos ser empleadores. Noticias como la de Bogotá, epicentro de emprendimiento, y Medellín como la ciudad más innovadora del mundo nos muestran que estamos en la mira de los demás países. Eso no pasaba hace dos o tres años”.
Estas razones la llenan de optimismo para pensar que “en unos cinco o diez años Colombia podría ser un importante jugador en el mundial de la innovación”.
Pero reconoce que aún existen desafíos por superar, empezando por la mentalidad y la cultura de la gente: “No nos consideramos una sociedad innovadora. Debemos entender que para tener éxito es necesario fracasar, no una sino varias veces”. Otro reto es que en la política pública el tema de la innovación empresarial siga teniendo vigencia, que aumente el apoyo financiero tanto público como privado y que haya armonía entre universidades y empresas.
Por su parte, Elkin Echeverry, director del plan de ciencia, tecnología e innovación de Ruta N, considera que llegar a tener renombre como “potencia en innovación” puede tardar “entre 15 y 20 años, pues es necesario tener en cuenta que la cultura hace que el proceso sea más largo. Entender cómo trabaja cada una de las regiones jalonadoras de emprendimiento no se logra de la noche a la mañana”.
Contrario a lo que opina Saul Singer, Echeverry dice que “el respaldo del Gobierno es importante para la gestión. El elemento público modifica las características de la educación y estimula recursos como capital de riesgo, facultad que no tiene el privado”.