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Dicen que una de las características de los emprendedores es tener un poco de locura y Alexánder Torrenegra (se cambió el apellido a los 19 años por el de su abuela) sí que sabe de esto. Su amor a primera vista no tenía corazón, tenía disco duro y teclado, se lo prestaron a los cuatro años para entretenerlo, en ese momento supo que su vida la acompañaría de hardwares, softwares, unidades de control y tarjetas de sonido. Su mente de apenas ocho años pensó que hacerles las tareas a sus compañeros y cobrar por ello le ayudaría a comprar su primer equipo, idea que lo llevó a poner letreros de “Se pasan trabajos a computador”, sin ni siquiera tener con qué hacerlo.
Ya eran dos deseos que lo llevaban al mismo camino, pero los recursos de su casa no le permitían adquirirlo tan rápido como quería, así que a los 14 años decidió ir al banco y pedir un crédito por $850 mil, pero ante la respuesta que recibió por ser menor de edad, se disgustó de tal forma que llamó la atención de la gerente. “Lo único que yo llevaba era la matemática de cuánto iba a ganar haciendo los trabajos y en cuánto tiempo la recuperaría”, contó el bogotano Nerdiquez (como le decían sus amigos por ser tan aplicado en el estudio).
Y como el que persevera alcanza, una vez le aprobaron el crédito compró su computador y empezó a vender los trabajos, una época que para él es inolvidable. “El tiempo no me alcanzaba, entonces mi mamá y mi abuela, de 86 años, decidieron ayudarme y en las noches eran ellas las que transcribían los trabajos. Como mi abuela no sabía cómo guardarlos, suspendía el computador y al otro día yo lo hacía”, dijo con orgullo. Actividad que hizo hasta el cuarto semestre de ingeniería de diseño y automatización electrónica que estudiaba en la Universidad de la Salle, pues decidió dejar de estudiar para dedicarse a emprender.
“Al tiempo de tener el computador me di cuenta de que era muy lento, entonces empecé a desbaratarlo y era bueno haciendo eso. Un día un amigo me pidió que le ayudara con uno y funcionó, desde ahí me contactaron los amigos de mi mamá y desistí de pasar trabajos, y puse un aviso en el periódico que decía “Arreglo computadores”, y la sorpresa fue que me llamaron compañías para que les arreglara las computadoras. Tenía 17 años y empecé a usar gafas para verme más viejo. Dejé la universidad porque me iba mejor con los clientes que a esa edad ya tenía en Estados Unidos, quienes me pagaban por leer manuales”.
Y como los sueños no conocen fronteras, pero sí tienen olfato para descubrir el camino del éxito, la conexión a internet que tenían algunos de sus clientes le permitió darse cuenta de que todo, en términos de innovación, estaba ocurriendo fuera de Colombia, así que se obsesionó con irse para Estados Unidos. “Cerré el negocio acá y me fui a trabajar a McDonald’s a hacer hamburguesas mientras aprendía inglés, después fui freelance y en ese proceso empecé con el cuento de innovación en internet. Monté un negocio con un socio cubano, nos empezó a ir bastante bien y conocí a Tania, mi esposa, que era locutora. Con ella aprendí de la industria de voces y se nos ocurrió crear Voice123, que tuvo bastante éxito: hoy ya tiene 36 mil clientes y más de 150 perfiles de voces en más de 50 idiomas”.
Ese fue el trampolín que lo llevó a tocar el éxito del negocio. Actualmente es cofundador de Bunny Inc., el banco de voces más grande del mundo en el que se encuentran: “Voice123, una especie de centro comercial de voces donde el servicio es poner en contacto a los clientes con los perfiles; Voice Bunny es un supermercado de voces donde nosotros ponemos el tiempo y el precio; Bunny Cast permite pasar los artículos escritos en notas periodísticas; también tenemos una universidad online para que cualquier actor de voz pueda aprender y otras compañías relacionados con la música”, aseguró.
Bunny Inc. empezó con dos personas, hoy ya son 34 (algunos en Estados Unidos y otros en Bogotá). Aunque afirma que no es una política de la empresa, la mayoría de ellas son jóvenes. “Para mí el éxito está en saberse rodear de gente muy pila que hace las cosas mejor que uno, lo que te permite sacar adelante algo”. Lo dice después de pasar por momentos difíciles en el exterior, cuando los acusaban por estar dañando la industria, al ofrecer las voces con precios más económicos.
“En Latinoamérica nacimos creyendo que somos emprendedores de segunda clase, que no podemos competir en las grandes ligas y a Estados Unidos llegué con esa mentalidad. Años después entendí que estaba en las mismas condiciones y que si ellos nos odian no es por ser latinos, sino porque les movemos el piso”. Aunque para él el mayor logro es haber construido el equipo que tiene, como compañía han recibido unos reconocimientos que les dicen que van por buen camino, como el ‘Emprendedor Endeavor’, que les entregaron en octubre de este año y el trabajo con proyectos importantes en películas de Pixar y de Warner Bros.
Torrenegra cuenta que sí han pensado en posicionar la marca en Colombia, pero que tienen como prioridad llegar a Japón, China y a economías bastante grandes. Y les deja un consejo a los emprendedores de hoy: “Deben aprender a rodearse de gente que los supere, buscar mentores, convencerlos y venderles el sueño a otros que pueden hacer las cosas mejor que tú.
mdiaz@elespectador.com
@MarceDiaz20