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La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) hizo públicos los indicadores desglosados por países que dan cuenta de las dietas saludables, sus costos y el número de personas en el mundo que no pueden acceder a ellas. Los datos señalan que 3.000 millones de personas no pueden permitirse una dieta saludable, un número que se incrementó en más de 112 millones en 2020, en medio de los devastadores efectos sociales y económicos de la pandemia del coronavirus.
De acuerdo con la información, seguir una dieta saludable requiere una inversión diaria de 3,89 dólares ($18.787) por persona en Latinoamérica y el Caribe, que se posiciona como la región en la que más cuesta. Asia fue el continente más afectado por las consecuencias de la crisis sanitaria, donde el coste de una dieta sana subió el 4 %, seguido por las regiones vecinas de Oceanía (3,6 %) y Latinoamérica y el Caribe (3,4 %). Por su parte, en doce países, todos ellos de África, más del 90 % de sus habitantes no pueden acceder a alimentos sanos de una manera regular.
Para David Laborde, Director de la División de Economía Agroalimentaria de la FAO, para poner fin al hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición en todas sus formas no es suficiente solo con obtener alimentos suficientes para sobrevivir. “Lo que la gente come también debe ser nutritivo. No obstante, uno de los principales obstáculos es el elevado costo de los alimentos nutritivos y la escasa asequibilidad de las dietas saludables para un gran número de personas en todo el mundo”, señaló.
Según Lynnette Neufeld, Directora de la División de Alimentación y Nutrición de la FAO, el análisis que viene haciendo la organización permite tener una base para » generar datos empíricos relevantes a nivel local que sirvan de guía para las políticas y los programas destinados a conseguir que las dietas saludables sean asequibles para todas las personas y en todo momento”.
La FAO realizó los cálculos basándose en ocho indicadores relativos al costo y a la asequibilidad, y la dieta de referencia se calculó sobre la base de un adulto “representativo” que consuma 2 330 kilocalorías al día: “Los alimentos de menor costo disponibles localmente, en las porciones recomendadas para seis grupos de alimentos (alimentos básicos, hortalizas, frutas, alimentos de origen animal, legumbres, frutos secos y semillas, y aceites y grasas) conforman la dieta saludable de referencia”.
LOS DATOS SOBRE COLOMBIA
Para obtener los datos sobre el costo de los alimentos, la FAO acudió al Programa de Comparación Internacional del Banco Mundial y los precios se actualizaron mediante los índices nacionales de precios al consumidor de los alimentos.
Cifras que están atravesadas por la inflación que en el país ha alcanzado niveles que no se veían hace un par de décadas y que, además, no da grandes muestras de ceder aún.
Lo complicado acá no es sólo el aumento de los precios a los consumidores, sino que el alza en el IPC ha estado, a su vez, poderosamente impulsada por la categoría de alimentos.
Para enero de este año, el DANE reportó que la inflación llegó a 13,25 % en su variación anual (o sea, en comparación con el mismo mes del año pasado), mientras que los alimentos alcanzaron un crecimiento de 26,18 %. Para referencia, la segunda categoría que más creció en ese mes fue restaurantes y hoteles, con 19,36 %, casi siete puntos porcentuales por debajo de la comida.
De entrada, la inflación en general es un problema preocupante, pero cuando está impulsada por alimentos es más grave en términos sociales porque se sabe que los renglones con menores ingresos de la población gastan más en estos productos. Los datos del DANE son elocuentes en este aspecto: mientras el IPC para la población de clase alta fue de 13,25 % en enero de este año, para los pobres llegó a 14,76 %, mientras que para los vulnerables fue de 14,68 % (la clase media llegó a 13,35 %).