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Europa exige energía más verde para los biocombustibles

Gobiernos de la Unión Europea plantean retirar subsidios a cultivos que no cumplan normas amigables con el medio ambiente en la producción de combustibles derivados de productos agrícolas.

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Los gobiernos en Europa y otras regiones han empezado a dar marcha atrás a los subsidios para los biocombustibles, reconociendo que los beneficios ambientales de éstos han sido exagerados.

Pero a medida que pretenden ser más selectivos están descubriendo lo difícil que puede ser determinar si un combustible en particular ha sido producido de una manera amigable con el medio ambiente. Los biocombustibles varían en gran medida en su impacto ambiental.

“Muchos países están interesados en ejercer controles a los procesos de producción, pero es realmente difícil hacerlo bien”, dijo Ronald Steenblik, director de investigación de la Iniciativa de Subsidios Globales en Ginebra. “No se puede ver una botella de etanol y decir cómo se produjo, si es ambientalmente sostenible. Uno tiene que preguntarse: ¿El cultivo fue producido en tierras destinadas a la agricultura o en un bosque recientemente despejado? ¿El productor utilizó energía de carbón o nuclear?”.

Varios países, incluidos Australia, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Holanda, Suiza, así como parte de Canadá, han eliminado o están revisando los incentivos a agricultores, refinadores de biocombustible y distribuidores que no tengan prácticas amigables con el medio ambiente en sus procesos de producción.

Los fabricantes y comercializadores tendrán que cuantificar el efecto neto de su combustible en el medio ambiente, antes de ser elegibles para los subsidios, o incluso tomar en cuenta las cuotas nacionales de biocombustible. Muchos países europeos pretenden que 5,75% de su combustible para transporte se haga con fuentes renovables para finales de este año.

Hay creciente evidencia de que las emisiones totales y el daño ambiental de producir muchos biocombustibles “limpios” a menudo supera sus emisiones cuando se les compara con combustibles fósiles.

Las normas

Según una directriz suiza, por ejemplo, “un litro de biocombustible tendría que producir 40 por ciento menos en emisiones que el combustible fósil para ser sujeto de un tratamiento especial. Será difícil hacer que el etanol de maíz o incluso la colza (usada para producir aceite de canola) cumplan con el estándar”, dijo Lukas Gutzwiller de la Oficina Federal de Energía de Suiza.

Alemania recientemente canceló las exenciones fiscales para el biodiesel en las bombas y está a punto de aprobar un mandato para que sólo los biocombustibles que satisfagan criterios de sustentabilidad contarían en la cuota nacional de ayudas.

La locura por los biocombustibles se basó en la teoría de que los combustibles basados en plantas eran neutrales en carbono: el bióxido de carbono liberado de la quema sería cancelado por el bióxido de carbono absorbido por las plantas conforme crecen. Pero esta ecuación no incluye las emisiones producidas por el procesamiento de los cultivos. Ni cubre el costo ambiental de los fertilizantes. Esos factores varían de manera significativa de un biocombustible a otro.

Esta semana, la Unión Europea presentará una política energética que, entre otras cosas, se espera restrinja las importaciones de biocombustibles que no han sido producidos de manera ambientalmente favorable.

Esas políticas a menudo han llevado a los manufactureros a usar los biocombustibles más baratos, en lugar de los que son mejores para el medio ambiente. Las políticas también han producido consecuencias imprevistas, como la venta por parte de los agricultores de cultivos alimentarios para ser usados como biocombustible, conduciendo a aumentos de precios en los alimentos.

El año pasado, por ejemplo, Europa pagó a los agricultores un subsidio de 45 euros por hectárea por cualquier cultivo de biocombustible producido.

Los pagos “no alientan los mejores biocombustibles, sólo llevan a cultivar más de lo que ya está siendo cultivado”, dijo Jean-Philippe Denruyter, coordinador de bioenergía global del Fondo Mundial para la Naturaleza en Bruselas.

El mes pasado, Holanda anunció que ya no subsidiaría la importación de aceite de palma, su principal fuente de generación de electricidad verde, después de que investigadores demostraron que el producto era cultivado en plantaciones asiáticas creadas de terrenos de turba secados, con desastrosas consecuencias ambientales.

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Para abordar esos problemas, Alemania está planeando requerir que un biocombustible sea certificado como “sostenible”, sobre la base de sus reducciones de emisiones y la forma como las cosechas son cultivadas, si busca contar como parte de la meta anual de biocombustibles que conformen el 5.75% del combustible de transporte.

Pocos podrán cumplir

El etanol de maíz procedente de Estados Unidos, por ejemplo, tendrá problemas para cumplir con el estándar, porque su reducción de bióxido de carbono es de 10 a 20% del nivel de la gasolina regular, dijo Jurgen Maier, director del Foro Alemán sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, una organización no gubernamental.

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Según la política suiza, que está pendiente de modificaciones por parte del Consejo Federal sobre el tema, muy pocos tipos de fuentes de biocombustible –como los tallos de maíz– calificarían automáticamente para incentivos financieros. Las cosechas alimentarias –remolacha, colza y soya– caerán en una segunda categoría, en la que los productores tendrán que probar que su biocombustible es ambientalmente benéfico, en numerosos niveles.

El siguiente paso para muchos países es tomar en cuenta los efectos ambientales y sociales más amplios del cultivo para biocombustibles, particularmente aquellos importados del mundo en desarrollo.

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Aunque los subsidios y exenciones fiscales occidentales fueron iniciados para beneficiar al medio ambiente y ayudar a reducir la dependencia de Occidente de los combustibles fósiles extranjeros, han sido una bendición para los cultivadores en todo el mundo. Las nacientes industrias de biocombustible en muchos países, incluido Occidente, están resistiendo los recortes en esos pagos, sin los cuales temen no puedan ser lucrativos.

Las exenciones fiscales al etanol de maíz y los subsidios para construir plantas de etanol en Estados Unidos están motivados más por el deseo de ayudar a los agricultores que para reducir las emisiones de gases de invernadero, dicen sus críticos. El maíz es un cultivo relativamente ineficiente para producir biocombustible, porque requiere un procesamiento intensivo y en la mayoría de los casos sólo produce un beneficio menor en cuanto a emisiones.

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Hace tres años, Quebec empezó a construir una planta de etanol de maíz subsidiada, para avanzar hacia la meta provincial de que 5% de su combustible fueran biocombustibles para 2010. Hace unos meses, el ministro de medio ambiente de la provincia canadiense anunció que ya no construiría más.

“Tuvimos que pensar en los efectos ambientales del etanol basado en el maíz, la disponibilidad de fuente de suministro y también las emisiones de gases de invernadero”, dijo Daniel Bienvenue, viceministro para Estrategia Energética de la provincia.

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El gobierno de Quebec, como muchos otros, está apoyando investigación sobre la producción de biocombustible a partir de productos de desecho como tallos de maíz y sobras forestales.

Pero la planta de Quebec también ha demostrado que, bajo las circunstancias correctas, incluso el etanol de maíz puede tener alguna ventaja ambiental: usa sólo el maíz excedente local. Eso significa que se cultiva con bajo uso de energía y no tiene que ser transportado largas distancias. La planta de etanol también usa electricidad generada en una forma relativamente limpia.

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“En general, Europa y Estados Unidos tendrán que apartarse de los aceites vegetales”, dijo Denruyter. “Pero incluso con estos cultivos, si se tienen los incentivos correctos, se puede mejorar mucho el perfil de los gases de invernadero”.

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