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En la calle, en albergues y con el agua hasta las rodillas. Con familiares enfermos o desaparecidos arrollados por las corrientes de agua. Sin casa, sin juguetes, con la pérdida de aquel álbum de fútbol casi lleno o aquella muñeca pecosa que acompañaba al dormir o sin Tony, el perro faldero cómplice de travesuras infantiles. Así es la situación de más de 3.000 niños que, según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, representan el 35% de los damnificados por el invierno.
Hoy ellos necesitan curar los vacíos afectivos que las lluvias y las inundaciones les dejaron a su paso, porque más allá de las pérdidas de sus pertenencias —que en su mayoría estaban ligadas a recuerdos y sentimientos—, la muerte y las condiciones de pobreza y abandono dejan necesidades emocionales y marcas irreparables en el alma, eso que Aristóteles definió como “aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos”.
Estos faltantes pueden deteriorar en los niños y sus familias, según estudios sicológicos, la seguridad y la confianza, el amor por sí mismos y por los otros, generando comportamientos agresivos, expresiones impulsivas y negación del futuro.
Por eso, con el objetivo de mejorar las condiciones psicoafectivas de 2’880.000 niños a través de la implementación del Programa de Recuperación y Educación Psicoafectiva Pisotón de la Universidad del Norte, se aliaron la Fundación Mario Santo Domingo, el Ministerio de Educación, Homecenter, la Fundación Bancolombia y la Fundación Zona Franca de Barranquilla, quienes reunieron recursos por más de $2.000 millones.
Pablo Gabriel Obregón Santo Domingo, presidente de la Fundación Mario Santo Domingo, celebró esta alianza público-privada por considerarla como “la única forma de generar un impacto real en la sociedad”.
Agregó que los estragos de la ola invernal dejaron a miles de familias sin casa, pero también “con profundas tristezas y desilusiones que de alguna manera deben ser resarcidas. Es la única manera de evitar que más niños se conviertan en el futuro en delincuentes”.
Pisotón es un programa educativo que, de manera lúdica, presenta alternativas pedagógicas dirigidas a niños “con el fin de prevenir y reducir las situaciones de riesgo generadas en su entorno social-afectivo, tomando la familia, la institución educativa y su comunidad como referencia”.
Las temáticas a tratar son ansiedad de separación, autonomía, socialización, iniciativa, identidad sexual, desarrollo moral, expresión de emociones, comunicación y autoestima.
Este programa, que tiene 13 años de haberse creado, ha sido validado en varios países y en zonas vulnerables del departamento del Atlántico, asegura Ana Rita Russo de Sánchez, directora y creadora del programa Pisotón, quien enfatiza que el objetivo de éste es formar “un niño fuerte sin agresión y sumisión, que aprenda a seguir caminando sin tropezarse con la misma piedra”.
El modelo tiene dos momentos: el primero es la formación de los maestros para su aplicación y el segunda es de recuperación y educación. Esto durará cuatro meses, que es el plan piloto, y dará paso a la aplicación de un estudio transversal que medirá el resultado del impacto del mismo. Después, los chicos que asistan al programa obtendrán su diploma Pisotón.
Mara Brigitte Bravo, subdirectora de Permanencia del Viceministerio de Preescolar, Básica y Mediana del Ministerio de Educación, aclaró que “esta iniciativa no se trata de sólo cuatro meses, la idea es dejar una capacidad instalada en las secretarías municipales de los 14 departamentos donde se llevará a cabo la aplicación del programa, para que los colegios y los docentes lo apliquen continuamente. No se trata de un simple proceso coyuntural. El invierno volverá y nuestros profesores y niños tienen que aprender a enfrentarlo psicoafectivamente”.
Ana Rita Russo de Sánchez recuerda que se dio cuenta de la importancia que tenía este programa para los niños y sus familias cuando en el municipio de La Mojana (Sincelejo) “los profesores me comentaban que un niño iba a recibir las capacitaciones sin zapatos, porque la familia era muy pobre y no contaba con muchos recursos. Me sorprendí cuando el día de la graduación ese niño fue vestido de traje, con elegancia de pies a cabeza porque él necesitaba verse bonito cuando recibiera su diploma”.