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Incertidumbre entre telas

El clima en la industria textilera está enredado. La volatilidad de la tasa de cambio, la recesión en Estados Unidos, la turbulencia con Venezuela y la inundación de confecciones chinas tienen al sector comiéndose las uñas. La solución apunta a la consolidación de la cadena.

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El cierre de 2007 fue un momento agridulce para Álvaro Lafaurie, vicepresidente de exportaciones de Coltejer. Su balance comercial mostraba un récord histórico de US$ 53 millones en exportaciones de tejidos. Pero al mismo tiempo, la abrupta revaluación del peso, el bajonazo en la economía norteamericana y las inestables relaciones entre Colombia y Venezuela le aguaron la fiesta.

"Estoy contento por el buen nivel de nuestras exportaciones. El 50% de éstas se dirigieron a Venezuela, las cuales nos salvaron. Pero estoy muy asustado, otra pataleta de Chávez y nos morimos”, afirma Lafaurie.

Pero la inestable situación con Venezuela es sólo uno de los muchos factores que están haciendo que hoy el sector textil vea su horizonte sumido en la incertidumbre. La revaluación del peso, la voracidad del contrabando, la recesión en Estados Unidos, la competencia interna con confecciones chinas y el inminente vencimiento de las preferencias arancelarias del Atpdea tienen muy intranquilos a los miembros del sector, generador de 500 mil empleos directos e indirectos.

Según Carlos Eduardo Botero, director de la Cámara Sectorial Algodón – Fibras – Textiles – Confecciones de la Andi, para noviembre de 2007 la exportación de confecciones a Estados Unidos se redujo en un 31,44%. Sin embargo, la balanza comercial se mantuvo positiva, debido en parte al aumento de las exportaciones de textiles y confecciones a Venezuela, que se incrementaron en 89,85% y 193,46%, respectivamente.

Los estragos de la revaluación fueron considerables. Coltejer, por ejemplo, perdió entre $5.000 millones y $10.000 millones, según afirma Lafaurie.  Al bajo precio del dólar se suma su volatilidad. “Si un empresario no sabe con certeza el precio del dólar, no va a poder saber más o menos calcular sus presupuestos, sus costos y cotizaciones”, sostiene Botero.

También preocupa el vencimiento el 29 de febrero de las preferencias arancelarias del Atpdea, que tiene a muchas empresas con sus pedidos congelados. Como éstos deben realizarse con seis meses de anticipación en Colombia, la no extensión de las preferencias implicaría el pago del 20% de aranceles. De ahí que sea una prioridad del sector la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

La esperanza en lo local

Ante este panorama, hay quienes sostienen que se debe volver la mirada al mercado interno. Pero aquí el sector también enfrenta difíciles obstáculos. El contrabando de confecciones es hoy la principal modalidad de lavado de dólares provenientes del narcotráfico, y representa entre un 30% y un 40% de la oferta nacional.

Además, el mercado nacional se ha inundado de confecciones chinas, manufacturadas por empresas que reciben en ese país hasta 73 subsidios. Así, los productos chinos se han convertido un dolor de cabeza para varios países de la región. En México, donde actualmente los impuestos para estos productos superan el 300%, el sector textilero ha acusado a China de realizar dumping (competencia desleal). En Colombia, los aranceles no superan el 20%.

Pero para empresarios como Juan Diego Trujillo, presidente de la distribuidora de textiles Pizantex, concentrarse en el mercado interno implica también un bajonazo en los precios. “Como cada vez es más barato traer textiles y confecciones, y los exportadores no van a poder vender afuera, se genera una sobreoferta. Esto conduce a una disminución en nuestros márgenes de contribución”, afirma el empresario. Esto se evitaría, afirma Botero, de la Andi, si se “blinda el mercado nacional contra el contrabando y la competencia desleal”.

La unión y la fuerza

Nadie niega que sea un momento complicado. Incluso, hay empresarios que están abandonando la producción, para dedicar más de sus esfuerzos a la comercialización. Para Trujillo, esto implicaría un duro revés para el sector de confección que, advierte, “es el único eslabón que no está agremiado”. “Sin confeccionistas —afirma— esto se cae como una barajita de naipes”. Por eso advierte: “Hay una pregunta que se tiene que hacer el país: ¿vamos a ser un país de comercializadores de prendas o de productores de prendas?”.

El sector textilero parece estar en pie de lucha para alcanzar más eficiencia y competitividad ante este clima adverso. En Medellín, desde hace un año, funciona en su Cámara de Comercio la oficina del Cluster Textil/Confección, Diseño y Moda. Más de 1.000 empresas de las 10.500 de toda la cadena en esta región se han sumado en un juicioso ejercicio para fortalecer el sector.

“Con el cluster buscamos generar confianza y favorecer los mercados fomentando la innovación, la transferencia de conocimientos y las buenas prácticas”, afirma su directora, la empresaria Luz Eugenia Botero. En un contexto de competencia, históricamente poco cooperativo, los clusters están buscan articular de manera más eficiente a todos los eslabones de la cadena, donde más del 90% de las compañías son microempresas.

El cluster también está realizando un censo que les permita conocer las empresas del sector, sus debilidades y fortalezas y, simultáneamente, adelanta un proyecto en Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC). Con esto esperan reducir el margen de costos y tiempo, que en la actualidad se toma seis meses desde la solicitud del pedido hasta la llegada del producto al comercializador. En cadenas como la española Zara, el proceso no toma más de cinco semanas, una diferencia temporal que en el cambiante negocio de la moda es oro.

Las estrategias para 2008 son variadas e implicarán un complejo proceso de confluencia del Gobierno y el sector textil, para blindar el mercado interno, añadirle a la cadena valor agregado y lograr diversificar mercados para evitar la incertidumbre con Venezuela y Estados Unidos. Un esfuerzo que los empresarios parecen asumir con fortaleza y que Juan Diego Trujillo expresa diciendo: “Nos quieren matar amarrados, pero vamos a estar moviéndonos. No nos van a matar”.

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