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A los 16 años, un adolescente colombiano promedio todavía está en el colegio. A los 18, se supone que empieza a decidir entre estudiar una carrera o buscar trabajo. Es una transición que, en teoría, debería tomar tiempo. En la práctica, para muchos jóvenes del país, ese tiempo no existe: la salida del colegio y la entrada -o no- al mundo laboral ocurren casi al mismo tiempo, sin puente entre una cosa y otra.
Ese es, justamente, el momento en el que más jóvenes colombianos recaen en el fenómeno de los “ninis”: jóvenes que no estudian, ni trabajan. Uno de cada cinco jóvenes colombianos entre los 15 y los 24 años está, hoy, en esa situación.
Ellas y ellos no están vinculados al sistema educativo y tampoco participan en el mercado laboral, algunos de ellos seguramente cumplen con funciones laborales dentro del hogar. El porcentaje de jóvenes “ninis” en Colombia es 4 % más alto que en países como México, Costa Rica y Perú.
Francisco Lasso y Carmiña Vargas, investigadores del Banco de la República, publicaron el viernes pasado un documento que analiza estas tendencias en jóvenes desde 1984 hasta el 2024. Su panorama de representación abarcó siete ciudades colombianas (con sus cabeceras y áreas metropolitanas) entre ellas: Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Pasto, Manizales y Bucaramanga.
Entre las y los jóvenes colombianos hay varios factores que influyen en el acceso o falta de acceso al mercado laboral o incluso en la continuación o deserción del proceso académico. Por ejemplo, el porcentaje de jóvenes ninis de 17 años es inferior cuando se cuenta con mayores ingresos en el hogar (5 %), a diferencia de cuando se tienen menores ingresos y el porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan aumenta a un 40 %.
Desigualdades económicas desde el hogar
El ingreso del hogar marca, desde edades muy tempranas, quién estudia, quién trabaja y quién hace las dos cosas a la vez. Según el estudio, “el porcentaje de jóvenes de las familias con mayores ingresos que sólo estudian es mayor que el de los jóvenes de las familias con menores ingresos. Hasta los 16 años, la proporción de jóvenes de hogares de menores ingresos que sólo trabajan es al menos el doble que la de jóvenes de hogares de mayores ingresos que lo hacen”.
Además, son más los jóvenes que estudian y trabajan al tiempo, hasta los 16 años, cuando los ingresos en el hogar son menores.
La condición nini, específicamente, también está atravesada por el ingreso del hogar desde la adolescencia. Según los investigadores, “el porcentaje de niños de 12 a 16 años de hogares de mayores ingresos que está en condición nini es en promedio 4 % con pocas diferencias importantes entre las edades; para los de hogares de menores ingresos, este porcentaje es en promedio 9 % (más del doble que el de mayores ingresos)”. De hecho, según el ICBF, el 59,4 % de los ninis están en condición de vulnerabilidad económica y el 23, 6 % vivían en pobreza extrema.
El estudio conecta esa cifra con otro problema y es el abandono de los estudios sin obtener el grado de bachiller, esto pone barreras a la hora de vincularse laboralmente o continuar hacia estudios superiores.
En contexto: Los jóvenes que no estudian ni trabajan: radiografía de este fenómeno en Colombia | EL ESPECTADOR
No trabajar ni estudiar en los jóvenes colombianos
El Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana en Bogotá estima que, en el 2021, Valledupar, Riohacha, Santa Marta, Quibdó y Cúcuta fueron las ciudades con mayor tasa de ninis en Colombia, mientras que Tunja, Bucaramanga, Pasto, Medellín, Manizales, Ibagué y Bogotá tuvo menores tasas.
En los años estudiados (1984 a 2024) se distingue un aumento de los jóvenes que no estudian ni trabajan cuando ha habido crisis económicas nacionales. De hecho, en estos casos las recesiones económicas han coincidido con “disminuciones en la tasa de asistencia escolar y de ocupación, así como con aumentos en las tasas de desempleo y de jóvenes nini”.
Esto se debe, en cierta medida, al aumento de la participación de las y los jóvenes en labores adicionales en el hogar que les han permitido resolver situaciones momentáneas y urgentes ante la crisis económica.
Ahora bien, a los 16 años se suele hacer la transición entre el bachillerato y la educación superior, y a los 18 se suele empezar la vida laboral. Estas son las edades donde la tasa de jóvenes nini aumenta más, pasa del 5 % al 22 % y, ante esto, en el estudio plantean que “los jóvenes que culminan la educación secundaria enfrentan barreras para el ingreso a la educación superior y para conseguir un trabajo”. Afirman, además, que es difícil salir de esta “condición nini” en la edad adulta.
Pero las consecuencias son también psicológicas y sociales. Según los investigadores del informe, “las personas jóvenes que se encuentran en condición de Ninis enfrentan, además de las consecuencias económicas para ellos y su entorno, consecuencias igualmente preocupantes de orden individual (efectos sobre salud mental -como depresión y ansiedad-, salud física, consumo adictivo de drogas, etc.), familiar (e.g, violencia intrafamiliar, embarazo adolescente), y social (e.g. desconfianza en las instituciones, exclusión social)”.
Desigualdades de género desde la juventud
Entre los jóvenes que no estudian ni trabajan hay que tener en cuenta el trabajo no remunerado del cuidado. Hay diferencias, como siempre, entre las mujeres y los hombres, en este caso, jóvenes.
Las mujeres que hacen parte de la población nini representan dos tercios de la población nini en general, las razones de estas diferencias, según el informe son: el matrimonio precoz, el embarazo adolescente y las cargas del cuidado doméstico.
Para el 2024, el 11,9 % de las mujeres entre los 15 y 19 años afirmaron haber estado embarazadas, esto corresponde a 230.440 mujeres jóvenes colombianas, según un informe análisis estadístico del LEE de la Universidad Javeriana. Este mismo laboratorio determinó que en el 2021 el 67 % de la población nini eran mujeres entre los 14 y los 28 años.
Los investigadores del Banco de la República también plantean, sin embargo, que en los últimos años la participación de las mujeres en el trabajo y en la educación han aumentado, mientras que la de los hombres ha disminuido, llevándolos a empleos informales e inestables.
Pero, ¿en estas cifras se tiene en cuenta el trabajo doméstico, no remunerado y generado en su mayor proporción por mujeres? Probablemente no, según Lasso y Vargas. Es por esto que las tasas de ocupación laboral de las mujeres colombianas mayores de 18 años siguen siendo más bajas a diferencia de los hombres.
Según el DANE, en el trimestre abril-junio 2026, la diferencia entre hombres y mujeres en la tasa global de participación del mercado laboral se ubicó en 22,9 puntos porcentuales, mientras que la diferencia en la tasa de ocupación fue 23,2 puntos porcentuales.
Tal vez no se trata únicamente de garantizar programas que permitan el acceso a la educación o que impulsen la inserción laboral, sino que también se trata de tener en cuenta las cargas impuestas del cuidado a las mujeres jóvenes y el trabajo no remunerado que cumplen en el hogar.
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