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Joyas que seducen al mundo

Los accesorios han adquirido un valor insospechado en el gran emporio de la moda. A pesar de que el mercado es incipiente en Colombia, ya empieza a tener representantes internacionales.

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Europa se deleita con el Bread and Butter de Barcelona, un macromercado fashion en donde cazadores de tendencias, diseñadores de modas, muebles y accesorios se encuentran para hacer millonarias transacciones y para tratar de descifrar qué será lo que marcará la parada en la entrante temporada de primavera-verano.

Entre esa inmensa superficie de 100.000 metros cuadrados que durante tres días es visitada por más de 91.000 compradores y donde se exhiben más de 900 marcas internacionales anda Juanita Álvarez, una joven diseñadora de joyas colombiana que se ha empeñado en demostrar que los accesorios han dejado su lugar secundario y empiezan a tener un valor insospechado en el gran emporio de la moda.

No es la primera vez que esta paisa asiste a una feria en donde la joyería es la protagonista. En julio pasado fue novata en el Bread and Butter, al que la llevó una alemana cazatalentos que unos meses antes había arribado a Medellín y reconoció en su trabajo “una mezcla particular de simplicidad, concepto, raíces latinas y sobre todo excelente ejecución”. Juanita, además, ha conquistado a los exigentes compradores de la famosa feria Bijorhca de París, en donde con su colección Bon Voyage, trabajada a base de plata y cobre, logró hacerse un nombre entre los críticos y compradores más sofisticados de Europa.

Gracias a esto, Juanita ha descubierto que el mercado de los accesorios es mucho más complejo que tener inspiraciones y blandir unos metales. Ahora parece imprescindible estudiar el mercado, estar en consonancia con las grandes casas de moda y tener un inventario de los caprichos que antojan a las diferentes mujeres del mundo. “Los accesorios y la joyería se han convertido en un tema muy de moda, ahora es necesario sacar tres colecciones al año. Ya no es como antes que la gente compraba una joya y era la que usaba para todo, ahora la gente combina los accesorios con su manera de vestir”, señala Juanita.

Pese a que Juanita pasó de niña interminables tardes con su padre fundiendo oro y convirtiéndolo en preciosos anillos de compromiso en el taller familiar, y no obstante que en el colegio siempre fue la envidia de todas porque lucía collares extraños que combinaban con las pulseras y los aretes, para ella el reto de triunfar en el mundo de la joyería va más allá de un capricho infantil.

Esta empresaria del metal hecho arte viaja por todo el mundo en busca de piedras que estén a la vanguardia y se acoplen a su colección. “La consecución de las gemas es una labor de exhaustivo rebusque. Todas las importo; muchas vienen de China, Tailandia o la India”, asegura Juanita. Los metales, por el contrario, los compra en el país. Sin embargo, lo más duro del proceso apenas comienza con la consecución de los materiales, en seguida viene un trabajo de fundición y tallaje, de una gran exigencia manual.

Durante sus diez años en el mundo de la joyería, Juanita se ha dado cuenta de que la única forma de hacer de este un negocio rentable es entender y manejar muy bien todos los ciclos de la cadena. Por eso esta diseñadora está preparada para direccionar las aleaciones y los golpes de martillos que requieren las joyas, toda vez que fue obrera rasa en el taller de Renato Piva en Vicenza, uno de los más importantes de Italia. Pero a la vez entiende qué es lo que busca la compradora en el punto de venta, qué tipo de asesoría espera y con qué se quiere encontrar.

Sobresalir en el mundo de la joyería no parece fácil para ningún creador colombiano, o por lo menos así lo ha sentido Juanita, que a lo largo de su trabajo ha tenido que afrontar difíciles obstáculos que pasan desde falta de preparación y carencia de maquinaria hasta una vacua cultura de la joyería. “No voy a descansar hasta que el oro, la plata y las gemas vuelvan a ser de uso diario y no sólo para grandes ocasiones”, asegura Juanita, sin olvidarse de los amargos días que pasó cuando recién llegó de estudiar en el Instituto Europeo de Diseño de Roma y sacó una colección en oro y piedras semipreciosas demasiado sofisticada, que no tuvo la acogida que esperaba.

Así, esta joyera, que ha acompañado ya en tres ocasiones a la diseñadora Isabel Henao, que admira a Fabergé como el maestro de alta joyería, que nunca deja su reloj Cartier cuando sale de casa y que ama los accesorios de Chanel, abre el camino para los creadores colombianos que, con pequeños sueños y grandes diseños, conquistan mercados casi inexistentes en el panorama nacional.

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