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La fila era de por lo menos 150 personas. Hacia donde miraba, sólo encontraba hombres. A la hora de la entrevista los interrogantes parecían más una sentencia: “Señorita, ¿usted sabía que las mujeres tienen el cerebro más pequeño que el de los hombres y que deben estar en la casa?”.
La escena corresponde al proceso al que se sometió Lilia Beatriz Sánchez, presidenta de la Sociedad Colombiana de Economistas, para ingresar a estudiar economía en una universidad capitalina. La historia se dio a finales de la década de los 60, cuando estudiar esta ciencia no era una opción “bien vista” para las mujeres.
Ante las palabras del entrevistador, que era también sacerdote, Lilia Beatriz decidió desechar esta institución, no sin antes increpar a su interlocutor e indicarle que esas premisas podrían darse en la casa del religioso, pero no en la suya. Salió de allí y se inscribió en el programa de economía de la Universidad de La Salle, donde se graduó cinco años después.
Tras obtener el título esta mujer bogotana, hija de un militar y con un evidente sentido de justicia social, se desempeñó, entre muchos cargos, como gerente de empresas de centros comerciales, consultora y docente universitaria. Obtuvo un posgrado de Alta Gerencia de la Universidad de los Andes y otro en Alta Dirección Empresarial del Inalde.
Con 35 años de experiencia en el campo administrativo y económico, Sánchez se convirtió en la tercera mujer en ser elegida como presidenta de la Sociedad Colombiana de Economistas. De eso hace dos años y ahora espera ser reelegida por otro período.
Reconoce que a lo largo de su vida laboral ha sido víctima de discriminación salarial, pero con su trabajo ha logrado equiparar las cargas. “Esto era evidente, sobre todo al comienzo, pero con la demostración de la calidad y el amor por la profesión uno logra más justicia en ese aspecto”.
La vida familiar
Hoy alterna su faceta de ama de casa y de ejecutiva. “Soy muy casera, y siempre tuve claro que mi vida profesional no debería trastocar mi vida familiar”, insiste mientras prepara un café en la cocina de su casa.
Para poder mantenerse activa en ambos roles, Lilia Beatriz se vale de la tecnología. Es una experta en el manejo a distancia de su oficina y por eso se mantiene por lo menos seis horas de su jornada diaria frente al computador.
Las tardes para ella son sagradas. Las dedica a atender a su hija Lina Margarita, una joven de 17 años que está próxima a concluir sus estudios secundarios y a quien atiende gustosa cada vez que termina sus clases.
Hace unos cuatro años le correspondió gerenciar una compañía en Barranquilla, durante un año y medio. Todas las tardes su oficina se convirtió en el lugar de esparcimiento y estudio de su hija. “Mi familia es vital para mí, y creo que esa es una característica femenina”.
“El mundo está cambiando”
Son esas características de madre y mujer las que considera vitales para aplicar en su profesión. Aunque insiste una y otra vez que la cuestión de la calidad laboral no es de género, también reconoce que en algunos aspectos las mujeres llevan la ventaja.
“En términos generales somos más organizadas, tenemos menos problemas con aceptar la rutina y eso es vital para los trabajos financieros, pues se debe sumar y restar por largas jornadas. A esto hay que agregarle la capacidad de ser madres, que de por sí es solidaria”, asegura.
Sobre la actual crisis económica, cree que es mucho más que eso. “Se está dando un cambio de paradigma en la civilización y los economistas no podemos ser ajenos a esta situación, por eso creo que ahora el bienestar social estará por encima de cualquier otro aspecto”, concluye.
Asume su trabajo como una pasión y espera dejar huella. En unos días publicará su libro Hacia el pleno empleo: ¿utopía o realidad?, fruto de 35 años de experiencia y de un cerebro más productivo que el de muchos hombres.
Natalia Salazar Forero
Esta economista de la Universidad de los Andes desempeña hoy una de las posiciones más exigentes de la economía en Colombia, viceministra técnica de Hacienda.
Todos coinciden en que es una pila y una apasionada por lo que hace, conocedora como pocos de los vericuetos de los temas que maneja. Por ello, en su carrera ha estado en cargos donde realmente se requiere tener conocimientos y criterio.
Antes de ocupar el Viceministerio trabajó como directora de Política Macroeconómica de la cartera de Hacienda. Es una persona sencilla y accesible, que incluso les responde y les clarifica algunas inquietudes a los periodistas cuando hay temas complejos. Esta cualidad la tiene, tal vez, por haber sido profesora de macroeconomía en Los Andes e investigadora en Fedesarrollo.
María Fernanda Campo Saavedra
La primera mujer presidenta de la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB) fue María Fernanda Campo Saavedra, ingeniera industrial de la Universidad de los Andes con una maestría en finanzas. Antes se había desempeñado como vicecanciller y consultora privada del sector financiero en el país. Desde hace nueve años está al frente de la CCB, y tiene en sus manos la ejecución y desarrollo de proyectos empresariales, sociales y culturales. Una de las propuestas que ha sido pilar en su administración es el apoyo a los jóvenes emprendedores.
Alicia Naranjo
En el primer gobierno del presidente Uribe, Alicia Naranjo se convirtió en la mujer fuerte de la infraestructura en el país, incluso, por encima del ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, con quien tuvo varios enfrentamientos para tratar de que sus procedimientos fueran tenidos en cuenta. Naranjo, quien es ingeniera civil de la Universidad de los Andes, luego de terminar la carrera estuvo dedicada a la docencia, pero posteriormente se fue a estudiar a Londres y a Estados Unidos, donde alternó los estudios con la crianza de sus tres hijos. Hoy esta mujer es la vicepresidenta de infraestructura y concesiones de la Constructora Colpatria. Arrancó en el campo de la ingeniería en la empresa Rumoral, luego acompañó a Enrique Peñalosa en el IDU, de donde la trajo al Invías el presidente Álvaro Uribe. Si bien no es una economista, todos los proyectos han generado un gran impulso a la economía del país, desde las obras en Bogotá, como en la infraestructura vial del país. Hoy está al frente de dos concesiones viales y de la construcción de un puerto en Buenaventura. En la actualidad trabaja en la estructuración de la propuesta para hacerse a la concesión de la Ruta del Sol, obra que cuesta US$2.500 millones.