Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
A los cuatro años de edad Andrés Fernández Acosta conoció a Andrés Felipe Arias Leiva. Eran las épocas del jardín infantil en Medellín y desde ese momento estos dos hombres emprendieron un camino que los llevó a estudiar juntos la primaria, la secundaria y hasta a pagar servicio militar en el mismo sitio y al mismo tiempo.
Con los años, Fernández Acosta se convirtió en administrador de empresas agropecuarias y Arias Leiva en economista, y más tarde ambos llegaron a trabajar al gobierno de Álvaro Uribe.
La semana pasada, tras la renuncia a la cartera de Agricultura de Andrés Felipe Arias, su amigo, al que conoce hace 30 años, se convirtió en su sucesor.
En diálogo con El Espectador, el nuevo titular de este despacho se refirió a varios asuntos relacionados con el agro.
¿Qué va a hacer para lograr que la agricultura sea protagonista?
Yo caigo parado. Teniendo todos los problemas del mundo como el tema de la ola invernal y faltando muchas cosas por hacer, tengo que estar muy agradecido con el ministro Arias y le doy el crédito a él, pues lo que nosotros recibimos hace cuatro años cuando entramos a trabajar acá fue una cartera con presupuesto de $350 mil millones y ahora es de $1,3 billones.
Estoy muy honrado porque buena parte de las políticas que se están ejecutando fueron estructuradas por un equipo del que yo formé parte, llevo cuatro años recorriéndome este país, tengo más de 106 consejos comunales encima, más de 45 consejos de seguridad, 26 consejos empresariales, conozco más de 650 municipios, manejé más de 15 consejos nacionales de secretarios de agricultura y entro a un Ministerio con un equipo renovado. Todo esto me da un gran margen de maniobra para seguir mejorando.
Ha dicho que la filosofía será igual pero el estilo frente a su antecesor será diferente, ¿a qué se refiere?
Las políticas se mantienen, la filosofía es la misma: transparencia total, mucha ejecución y, sobre todo, lealtad con este programa de gobierno y en especial con el presidente Uribe.
En cuanto al estilo, somos diferentes. El ministro Arias es una persona vigorosa, muy estructurada, apegado a sus convicciones y muy transparente, en todo eso nos parecemos, pero tenemos formas de ser diferentes. Él maneja una concepción más macroeconómica del Ministerio, la cual le permitió organizarlo como lo hizo; yo vengo con la idea de acercarme mucho más a la gente, yo soy una persona más serena, pero todo siempre con la misma filosofía.
Los críticos señalan que este Ministerio trabaja en pro de los terratenientes…
Eso es totalmente falso y las críticas hay que sostenerlas con cifras y pruebas, yo sí tengo lo que demuestra lo contrario. Empecemos por los apoyos directos que se utilizaron por primera vez para ayudar a floricultores y bananeros, ahí se creó ese cuento de que apoyamos a los más ricos. Encontramos que esta industria genera mucho empleo, en el caso de las flores, 16,5 por cada hectárea; cuando apoyamos a un floricultor no pretendemos que se haga más rico sino que no eche a la gente.
En el caso del banano, ¿dónde están ubicados los sembrados?, en el Urabá antioqueño, en el sur del Magdalena, ¿qué pasa donde despidan a los trabajadores?, podrían engrosar las filas de los grupos al margen de la ley. La filosofía es que no se nos destruya el tejido social.
Ahora para qué se usan esos apoyos económicos sectoriales: para mitigar las tragedias invernales; para dejar de ser asistencialistas, le enseñamos a la gente a utilizar los mecanismos financieros; para adquirir seguros o para brindar incentivos a maiceros o cultivadores de fríjol.
En este país no es pecado ser un gran productor del sector agropecuario que genere empresa, tenemos que cambiar esa mentalidad.
Otra crítica es que durante este gobierno se ha incrementado la importación de alimentos, ¿cuál es su posición al respecto?
Ahí viene otra controversia, pero, aunque suene redundante, qué importa que importemos toneladas mientras la balanza comercial de Colombia sea positiva en términos de dólares, si nosotros importamos seis millones de toneladas y exportamos cuatro, eso quiere decir que en este momento tenemos una balanza en toneladas de menos dos millones; pero si lo ponemos en dólares, nos da que tenemos US$3.200 millones de balanza comercial a favor, porque lo más importante no es el número de toneladas sino lo que representa en dinero.
Eso es la base, pero hemos venido dando incentivos en el tema del maíz para incrementar productividad e irle robando espacio a las importaciones. Tenemos 4,6 millones de hectáreas de cultivos en el país, la frontera agrícola identificada es otro tanto igual, por eso lo que tenemos que hacer es irrigar crédito al campo, incentivar las nuevas siembras.
¿Y qué hacer frente a una reforma agraria?
Toca mirar de dónde veníamos. Teníamos al Incora y otras tres entidades que se volvieron un Incoder que en su momento recibió peladeros, velódromos, cementerios, tierras que no eran aptas para vocación agrícola porque algunos corruptos de la época hicieron el favor de comprarlas a gente que estaba encartada y ahí tiraron a los campesinos. Lo segundo, esto se hacía a dedo, si se era amigo del gerente de turno se le daba tierra; ahora esto se hace de manera responsable.
La gran modificación ha sido la Ley 1152 que montamos en aras de reestructurar ese Incoder. Otro elemento es que ahora todo se hace por convocatorias que se ganan los mejores proyectos productivos, hemos mejorado los esquemas del mismo instituto, ahora tenemos gente muy bien preparada. Tenemos limitaciones, porque todo esto requiere dinero y ahora estamos en una política de austeridad en el Gobierno Nacional.
¿Qué va a hacer con Carimagua?
Seguimos con el proyecto de la mano con Ecopetrol, que está haciendo análisis. Ya tenemos allá cerca de 18 hectáreas entre sorgo dulce y caña como muestreo para conocer qué es lo mejor que se da allá. Ecopetrol es una empresa muy seria, que tiene el dinero y por eso seguimos trabajando con ellos para que cuando esté estructurado el proyecto podamos llevar la mano de obra campesina que queremos llevar allá.
No quiero que la gente se confunda con este plan, que es un proyecto social más que cualquier otra cosa, pero necesita ser económicamente sostenible y no busca enriquecer a nadie.
Finalmente, ¿cómo quiere que se recuerde su paso por el Ministerio?
Quiero que me recuerden por haber sido una persona que terminó de consolidar la otra parte de la política de seguridad democrática, que no es sólo el componente militar sino el social, que me recuerden como un ministro que no dejó caer lo que se venía haciendo, generó nuevas alternativas de trabajo, redujo el desempleo rural a menos del 7% estamos tres puntos por debajo del promedio nacional, porque el crecimiento del agro esté por encima del de la economía, como la persona que fortaleció la infraestructura de los proyectos de riego, porque impulsé el valor agregado de nuestros productos generando agroindustria y como el ministro que ayudó a pasar de la producción empírica de la tecnificada.